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Componentes de la sangre

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. María Fernanda Pedrero (7 de Diciembre de 2016)

© Jupiterimages/Comstock Images

La sangre está compuesta por la mezcla de varios elementos. Los diferentes componentes de la sangre cumplen numerosas funciones dentro del organismo. El corazón bombea la sangre en un circuito cerrado, denominado circulación sanguínea.

Los adultos tienen un volumen sanguíneo de entre 4,5 a 6 litros de sangre, lo que supone entre el 6 y el 8% del peso corporal total. La sangre se compone de glóbulos, plaquetas y una parte líquida llamada plasma (suero sanguíneo y factores de coagulación). Un litro de sangre de un hombre está compuesto por 0,46 litros de glóbulos. En las mujeres solo 0,41 litros está compuesto por glóbulos sanguíneos. Este valor se suele presentar siempre en porcentajes (46% y 41%) y se denomina hematocrito.

Glóbulos rojos (etritrocitos)

Lo eritrocitos se forman en la médula ósea. En neonatos (feto) se forman, sin embargo, en el hígado y en el bazo. Ciertas hormonas como la eritropoyetina, que se produce en el riñón cuando la disminución de oxigeno cae en sangre, estimula la producción de eritrocitos en la medula ósea. Cuando se normaliza de nuevo la cantidad de oxígeno sanguíneo la producción de eritropoyetina vuelve a descender.

Los glóbulos rojos son células con forma de una rodaja circular con doble depresión que carecen de núcleo. Son, por tanto, las únicas células sin núcleo del cuerpo humano. Tienen un diámetro de, aproximadamente, 7 por 7 micrómetros de grosor. En comparación, el diámetro de un pelo tiene 100 micrómetros. La función principal de los glóbulos rojos es el transporte de oxígeno (O2) y de dióxido de carbono (CO2) entre los pulmones y los órganos.

Lo eritrocitos se forman en la médula ósea. En neonatos (feto) se forman, sin embargo, en el hígado y en el bazo. Ciertas hormonas como la eritropoyetina, que se produce en el riñón cuando la disminución de oxigeno cae en sangre, estimula la producción de eritrocitos en la medula ósea. Cuando se normaliza de nuevo la cantidad de oxígeno sanguíneo la producción de eritropoyetina vuelve a descender.

El color rojo de los eritrocitos que tiñe la sangre es por la hemoglobina (Hb). Para que se dé este color debe haber una cantidad suficiente de hierro, vitamina B y ácido fólico. La hemoglobina es vital para la función de transportar oxígeno de los eritrocitos. Así, el oxígeno se une a las moléculas del hierro para ser transportado en la sangre.

La hemoglobina tiene cuatro sitios de unión para cuatro moléculas de oxígeno. El oxígeno debe desprenderse de la hemoglobina cuando llega a los tejidos que lo requieren, y necesitan desechar dióxido de carbono. Es importante el equilibrio sanguíneo entre la concentración de oxígeno y la concentración de dióxido de carbono, porque la hemoglobina tiene más afinidad (se une más fuertemente) al dióxido de carbono que al oxígeno. Debido a esto, por ejemplo cuando estamos ante una intoxicación por monóxido de carbono, por más que tengamos un sistema respiratorio funcionando bien, con mucho oxígeno, no podremos transportarlo a los distintos tejidos, porque la hemoglobina esta saturada (llena) de dióxido de carbono.

La vida del eritrocito es de 100 a 120 días, aproximadamente. Los glóbulos rojos circulan por el cuerpo hasta que cumplen su ciclo vital. En este momento, el bazo se encarga de apartarlos de la circulación general y de degradarlos. Este proceso se conoce como regeneración eritrocítica. En este proceso se liberan sustancias, que el cuerpo o bien sigue descomponiendo, o elimina (por ejemplo, bilirrubina) o reutiliza (por ejemplo, hierro.

Valores normales

Valores Eritrocitos Hemoglobina (Hb)
Masculinos 5 x 106 pro 1 µl 140-180 g/l
Femeninos 4,5 x 106 pro 1 µl 120-160 g/l

Glóbulos blancos (leucocitos)

Ya que los glóbulos blancos no contienen hemoglobina, no intervienen en el transporte de oxígeno. Sin embargo, los leucocitos son un componente muy importante del sistema inmunitario. Su principal misión es identificar y destruir agentes patógenos (quimiotaxis). Gracias a su movilidad autónoma pueden llegar al foco de infección a través de las hendiduras de los vasos capilares (diapédesis), fagocitar las bacterias y destruirlas. También se las conoce como células limpiadoras.

Los leucocitos no llevan pigmento rojo (hemoglobina) y se diferencian de los eritrocitos, a través de un microscopio, por su falta de color. Los leucocitos son blancos. Los glóbulos blancos se dividen en granulocitos, monocitos y linfocitos. Los dos primeros se forman en la médula ósea, mientras que los últimos lo hacen en los órganos y tejidos del denominado sistema linfático (bazo, ganglio linfático, timo). El tamaño de los leucocitos puede ser de entre 7 (linfocitos) y 20 micrómetros (monocitos).

Ya que los glóbulos blancos no contienen hemoglobina, no intervienen en el transporte de oxígeno. Sin embargo, los leucocitos son un componente muy importante del sistema inmunitario. Su principal misión es identificar y destruir agentes patógenos (quimiotaxis). Gracias a su movilidad autónoma pueden llegar al foco de infección a través de las hendiduras de los vasos capilares (diapédesis), fagocitar las bacterias y destruirlas. También se las conoce como células limpiadoras.

Valor normal: de 4.000 a 10.000 por un microlitro de sangre

Plaquetas (trombocitos)

Las plaquetas son componentes sanguíneos que tienen una forma de finas rodajas ovaladas incoloras con un diámetro de, aproximadamente, 3 micrómetros.

Se producen en la médula ósea a partir de unas células grandes llamadas megacariocitos.

Las plaquetas actúan como agente coadyuvante en el proceso de coagulación.

Valor normal: de 150.000 a 350.000 por 1 µl de sangre

Plasma sanguíneo

El plasma sanguíneo se compone en un 90% de agua y no contiene células sanguíneas. Además, contiene proteínas plasmáticas (60-50 gr. proteína/l) a las que pertenecen la albúmina y las globulinas. Las globulinas y el fibrinógeno son responsables de la coagulación. Si, por ejemplo, se elimina el fibrinógeno del plasma sanguíneo hablamos de suero sanguíneo. Las proteínas plasmáticas tienen numerosas funciones, entre ellas originar la denominada presión osmótica. La presión osmótica, sirve para mantener la diferencia de presión a uno y otro lado de una membrana semipermeable. Si desciende el contenido proteínico de la sangre, por ejemplo, por una alimentación pobre en proteínas, se puede dar una acumulacion de líquido en el tejido y surgen los edemas por hipoproteinemia.

Otra de las funciones de las proteínas plasmáticas reside en su capacidad para unirse a diferentes sustancias. De esta forma, se transportan sustancias indisolubles por la sangre. La unión de medicamentos o sustancias tóxicas con una proteína plasmática disminuye su efecto terapéutico o nocivo, respectivamente, y evita por otro lado su rápida eliminación a través de los riñones o hígado.

Otros componentes orgánicos del plasma son la glucosa, la grasa, las vitaminas y las hormonas.

Las sales juegan un papel vital, porque definen las propiedades físico-químicas de la sangre. Junto al cloruro de sodio (sal común), que compone el 75% del contenido en sales, hay disponibles en pequeñas cantidades sales de potasio, calcio y magnesio en la sangre. El potasio y el calcio, que solo se encuentran en la sangre en pequeñas cantidades, son esenciales para la excitabilidad nerviosa y la contracción de los músculos.

El fosfonato y el bicarbonato regulan el ph alcalino de la sangre y lo mantienen en 7,4 (efecto tampón.