Vacunas para prematuros

Autor: Terry Gragera Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (10 de Octubre de 2016)

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Los bebés prematuros están más expuestos a infecciones y enfermedades prevenibles mediante vacunas en relación a los niños que nacen a término. Por este motivo, en ellos es especialmente importante establecer una adecuada pauta de vacunación. Así, hay que tener en cuenta algunos factores que influyen en la forma de vacunar a un bebé prematuro.

Todos los niños que nacen antes de la semana 37 de embarazo son considerados prematuros. La prematuridad condiciona la vulnerabilidad del niño ante determinadas infecciones. Así, hay mayor riesgo cuanto antes haya nacido el niño y cuanto menor peso haya tenido al nacer. 

En relación a la vacunación, los niños que nacen después de la semana 32 de embarazo, casi pueden equipararse a los niños nacidos a término. Sin embargo, los que vienen al mundo antes de la semana 32, y especialmente antes de la 28, son los que requieren más atención.

Algunos estudios han sugerido también que cuando el bebé pesa menos de 1.500 gramos al nacer, su respuesta inmune ante las vacunas podría ser menor. En general, todos los recién nacidos se defienden peor antes las infecciones, ya que su sistema inmunitario aún no se ha perfeccionado en relación a los adultos. Esta susceptibilidad es mayor en los prematuros por distintas razones: 

  • Sistema inmunológico inmaduro. El prematuro se defiende peor ante las infecciones, pues su sistema inmunológico es aún más inmaduro y su barrera cutáneo-mucosa también.
  • Menos inmunoglobulinas. Al nacer, los prematuros tienen una concentración sérica de inmunoglobulinas más baja que los niños nacidos a término. Además, en el prematuro las inmunoglobulinas (anticuerpos implicados en la respuesta inmune) sufren un rápido descenso en sus primeros meses de vida. Esto ocurre porque es a partir de la semana 28ª de embarazo cuando, vía placentaria, los anticuerpos pasan de madre a hijo. El niño que nace entre las semanas 28 y 32 de gestación tendrá solo la mitad de las inmunoglobulinas que le hubieran correspondido al nacer. A partir de la semana 34, el bebé alcanza ya una concentración de estos anticuerpos similar a la de su madre.
  • Menos anticuerpos postvacunas. En relación a las vacunas, el organismo del prematuro reacciona de forma diferente con respecto al bebé a término, ya que no consigue responder bien ante los antígenos de polisacáridos. Así, en sus dos primeros años de vida, los prematuros generan menos anticuerpos que los niños a término (especialmente frente a Haemophilus influenzae tipo b, Streptococcus agalactiae, Streptococcus pneumoniae y virus de hepatitis B). No obstante, según se va avanzando en la vacunación, el prematuro alcanza en su segundo año de vida una inmunidad similar a la del niño nacido a término. 

Otras situaciones que pueden condicionar la peor respuesta del prematuro ante las vacunas son determinadas condiciones médicas como la desnutrición, la dificultad para tomar el pecho, lesiones en el sistema nervioso central o tratamientos prolongados con esteroides (que suelen utilizarse para favorecer la maduración de los pulmones).