Vacunas para prematuros: Pautas básicas

Autor: Terry Gragera Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (10 de Octubre de 2016)

La vacunación de niños prematuros tiene algunas características peculiares que influyen en el modo en que reciben la vacunación. Es importante saber cúando hay que empezar a vacunar al niño que nace antes de tiempo, cuántas dosis hay que administrarle, si son o no igual de efectivas las vacunas en este caso y qué es la protección indirecta.

¿A qué edad se empieza a vacunar al prematuro?

En general, los niños prematuros deben ser vacunados según su edad cronológica, no según su edad gestacional, independientemente de las semanas que tuvieran al nacer y del peso registrado. 

Así, al igual que los niños nacidos a término, los prematuros comienzan su periodo de vacunación a los dos meses de edad. No se debe retrasar la vacunación salvo en casos excepcionales. No vacunar al prematuro cuando le corresponde supone un grave riesgo para él, que está más expuesto que otros niños a infecciones y enfermedades. 

Muchos niños prematuros permanecen durante meses en el hospital. Si cumplen dos meses de edad ingresados se les podrá vacunar en el mismo centro sanitario siempre que estén estables clínicamente. Así: el bebé debe mantener una pauta de crecimiento sostenido, no ha de necesitar ventilación mecánica ni ser tratado con esteroides y tampoco puede sufrir alteraciones cardiacas, respiratorias, neurológicas o metabólicas que sean significativas (lo que será valorado por los pediatras) 

Muchos bebés nacidos antes de la semana 28 presentan problemas cardiorrespiratorios como apneas, bradicardias o desaturaciones de oxígeno. Para poder iniciar la vacunación es necesario que no se hayan registrado apneas en los siete días anteriores y que haya estabilidad en el resto de procesos. Si hubiera que retrasar la vacunación y la fecha del alta hospitalaria está cerca, conviene vacunar al niño entre dos y tres días antes del alta para observar su evolución. 

En algunas Comunidades Autónomas, la vacuna de la hepatitis B se administra al nacer. En relación a los prematuros, esta vacuna se pondrá en un momento u otro dependiendo del estado serológico de la madre. La Academia Americana de Pediatría recomienda que la vacuna de la hepatitis B se retrase hasta que el niño alcance los dos kilos de peso o cuando se acerque a los dos meses, a no ser que la madre sea portadora de HBsAg, en cuyo caso se pondría al nacer. 

Todos los niños prematuros, y especialmente si tienen alguna enfermedad crónica, deben recibir la vacuna de la gripe a partir de los seis meses de edad.  

¿Son igual de efectivas y seguras las vacunas en los prematuros? 

Durante los dos primeros años de edad, los niños prematuros están menos protegidos con las vacunas, ya que no generan tantos anticuerpos al ser vacunados como los niños a término. No obstante, según se va avanzando en la primovacunación y se van repitiendo las dosis, los niños prematuros van estando cada vez mejor protegidos, de manera que hacia los dos años el nivel de protección es similar al de un niño a término. 

Con respecto a la seguridad, todas las vacunas incluidas y/o recomendadas en los calendarios vacunales oficiales españoles son seguras para el niño prematuro, independientemente de su edad gestacional y su peso al nacimiento. 

En niños que nacieron de menos de 28 semanas con un peso inferior a 1.500 gramos o aquellos que han padecido sepsis, puede haber más riesgo de que tras la vacunación aparezcan episodios de apnea y bradicardia unas 48-72 horas tras las vacunas, pero se trata de un efecto pasajero. 

Entre los prematuros es más frecuente la aparición de efectos adversos graves tras las vacunas, pero son más atribuibles a la prematuridad que a la vacunación.  

En relación a los efectos secundarios poco importantes, los bebés prematuros muestran menos episodios de fiebre, irritabilidad, pérdida de apetito o somnolencia que los nacidos a término. 

¿Se ponen las mismas dosis? 

Los niños prematuros deben recibir las mismas dosis de vacunas que los niños nacidos a término. No hay que fraccionarlas más que a cualquier otro niño ni dar dosis reducidas 

Al igual que ocurre con el resto de niños, el intervalo aconsejado entre vacunas es de 4-8 semanas, sin bajar de las 4 semanas mínimas recomendadas.

En relación al lugar del pinchazo, como el prematuro tiene menos masa muscular, hay que buscar la zona más adecuada que en las vacunas intramusculares es la cara anterolateral del muslo. Es aconsejable que la aguja utilizada sea de menor longitud. 

Para recibir menos pinchazos es bueno optar por vacunas combinadas, que son igual de seguras para los prematuros que para los niños a término y que le evitan algunos pinchazos, lo que resulta doblemente beneficioso, para evitar el dolor al niño y por la dificultad de observar la distancia entre pinchazos en una zona del cuerpo de tan pequeñas dimensiones. 

¿Qué es la protección indirecta en vacunas hacia el prematuro? 

Además de vacunar directamente al niño prematuro hay otras estrategias para protegerlo.

Vacunación del resto de la familia

Todos los familiares o cuidadores que convivan con un prematuro deben estar al día en sus calendarios de vacunación. Es especialmente importante que se vacunen anualmente de la gripe y que comprueben que están inmunizados frente a la tosferina. La inmunidad contra la tosferina dura entre 5 y 10 años, por lo que revacunarse frente a ella es una buena estrategia para proteger al niño, en lo que se ha denominado “estrategia del nido”. 

Vacunación de la embarazada

La mujer embarazada cuyo segundo o tercer trimestre de gestación coincida con la campaña de la gripe debe vacunarse no solo para protegerse a ella sino también al niño cuando nazca, ya que se ha demostrado que si la madre está vacunada el niño suele tardar más en contagiarse de su primer episodio de gripe y que este es menos grave. También se recomienda vacunar a todas las embarazadas frente a la tosferina en el segundo trimestre del embarazo. 

Vacunación de la madre reciente

Algunos expertos recomiendan que la madre reciente se vacune durante el posparto para evitar contagiarse ella y ser una vía de transmisión para el niño de algunas enfermedades como la rubeola, la varicela, la difteria y la tosferina. En el caso de la rubeola y la varicela debería constatarse que la madre no la ha pasado y no ha sido vacunada anteriormente.