Hábitos de vida para el paciente con urticaria crónica

Autor: Terry Gragera (29 de Enero de 2016)

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La urticaria crónica es la enfermedad de la piel que más negativamente afecta a la calidad de vida. Es un problema que impacta de manera grave en el día a día de los enfermos, tanto por los síntomas que produce, como por las limitaciones que impone y por el estado anímico que provoca. 

Las personas con urticaria crónica soportan episodios de intenso picor que les impiden descansar y rendir en sus ocupaciones, y que pueden afectar gravemente a la calidad del sueño. Las ronchas y el angioedema (sobre todo si este ha desfigurado el rostro) propios de la urticaria crónica causan también muchos inconvenientes físicos y psicológicos a los que la padecen. Los afectados sienten que han perdido el control de su vida, ya que no saben cuándo aparecerán de nuevo los síntomas y cómo serán de intensos. Esto les lleva a experimentar irritabilidad, ansiedad y depresión. 

A consecuencia de todo ello, es muy común que los afectados por urticaria crónica se aíslen socialmente tanto por evitar exponerse a la mirada de otros como por el estado anímico que padecen. Las personas con urticaria crónica se sienten en muchos momentos avergonzados por su aspecto, lo que les lleva a la desesperanza y al abatimiento. 

Por eso, la urticaria crónica exige llevar a cabo una serie de cambios en las rutinas habituales con el objetivo de sobrellevar mejor los síntomas de la enfermedad y de minimizar el impacto de esta en la vida cotidiana. 

Aunque la urticaria crónica suele remitir en un plazo aproximado de cinco años, hay pacientes que sufren recaídas o que conviven con esta patología dermatológica mucho más tiempo, ya que se trata de una alteración difícil de controlar. Por eso conviene hacer un correcto manejo de la urticaria crónica. 

Estos son algunos de los hábitos de vida que ayudan al paciente con urticaria crónica: 

  • Informarse bien. La urticaria crónica es una enfermedad sin cura, por el momento. Su manejo se limita a controlar los síntomas. Para ello es básico que el paciente cuente con una buena información sobre el problema, que le permita tomar decisiones adecuadas y sentir que tiene cierto control sobre la evolución de la enfermedad. 
  • Buscar apoyo. La urticaria crónica aísla al que la padece. Así, sus relaciones sociales y sentimentales se pueden ver gravemente menoscabadas, pues el afectado prefiere no enfrentarse al juicio de otros, ya que siente vergüenza por su aspecto y no se encuentra seguro de sí mismo. Por ello, conviene buscar apoyo emocional en otras personas que estén pasando por idéntica situación. En este sentido, las asociaciones de pacientes realizan una gran labor de acompañamiento al paciente. Si fuera necesario, también puede estar indicado pedir ayuda psicológica a un profesional. 
  • Confiar en el médico. Paciente y médico han de formar un tándem perfecto para manejar correctamente la urticaria crónica; la confianza en el dermatólogo que sigue el caso es crucial, ya que en muchas ocasiones hay que probar distintos tratamientos hasta dar con el más efectivo. El enfermo ha de proporcionar todos los datos de que disponga (llevando, si le es posible, un diario de síntomas) para que el diagnóstico y el tratamiento sean lo más precisos posible. 
  • Desarrollar habilidades psicológicas. Padecer urticaria crónica es duro desde el punto de vista físico, por los intensos picores que provoca, y desde el punto de vista psicológico, por tener que presentarse ante los demás con ronchas y, eventualmente, con angioedema, y además por el impacto anímico que tiene la enfermedad. El enfermo con urticaria crónica puede sufrir irritabilidad, ansiedad y depresión, por lo que conviene que sea capaz de desarrollar recursos psicológicos para enfrentarse a la misma y no dejar que domine por completo su vida. 
  • Controlar la alimentación. En algunos tipos de urticaria crónica, los alimentos con alto contenido en histamina o que liberan altas cantidad de histamina son un factor de riesgo para la aparición de la enfermedad. Por este motivo, se deben evitar: pescados, marisco, tomates y espinacas por su alto contenido en histamina, así como clara de huevo, cerdo, fresas, piña, quesos fermentados y chocolate, ya que liberan mucha histamina. Dependiendo de la gravedad de la urticaria crónica, el dermatólogo aconsejará si excluir o limitar el consumo de estos alimentos. Igualmente, los aditivos empleados en la industria alimentaria, como tartracina, sulfitos, benzoatos y glutamatos, pueden desencadenar urticaria crónica. 
  • Evitar algunos medicamentos. Ciertos fármacos como la codeína, el ácido acetilsalicílico y los antiinflamatorios no esteroideos (AINES) también podrían provocar un episodio de urticaria crónica en personas predispuestas, por lo que, una vez que aparezca la enfermedad, conviene evitarlos. 
  • Protegerse de los desencadenantes. Hay varios tipos de urticaria crónica dependiendo del desencadenante que la provoque: frío, calor, sol, sudor, ejercicio físico, estrés, agua, presiónEn estos casos, es muy importante evitarlos para alejar la enfermedad. 
  • Buscar alternativas. Las personas afectadas de urticaria crónica conviven a menudo con un sentimiento de indefensión ante la enfermedad, pero conviene saber que, aunque el día a día pueda ser muy duro, hay que intentar no rendirse y buscar alternativas que lo hagan más llevadero. Por ejemplo, si el sudor y la fricción de la ropa que se produce en algunos deportes provoca urticaria, se puede optar por practicar otros deportes como la natación. Si es el estrés el que provoca una recidiva en la urticaria, el afectado debe plantearse métodos (meditación, relajación) para bajar sus niveles de ansiedad. Igual ocurre con la dieta, los tejidos y otras situaciones como el frío o el calor, que deberán ser tenidos en cuenta para manejar mejor la enfermedad. Se trata de no rendirse y encontrar alternativas con el objetivo de que la enfermedad no impida disfrutar del día a día.