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Sudoración y ansiedad

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (5 de Junio de 2015)

© iStock

La sudoración es una función regular del organismo que puede ser causada o bien por una respuesta física a cualquier estimulación o bien en respuesta a estímulos emocionales, como en situaciones que nos ponen nerviosos, nos enfadan o nos asustan, por ejemplo. En periodos de estrés o cuando estamos sometidos a altos niveles de ansiedad, miedo o tensiones emocionales, estas y otras alteraciones del sistema nervioso pueden aumentar la producción de sudor. Si ante el menor estímulo de estrés la persona comienza a sudar es porque el cuerpo se ha acostumbrado a estar estresado y tiene activo su sistema nervioso simpático, que es el que provoca la sudoración en axilas, palma de manos, planta de pies o rostro.

En estas ocasiones, la sudoración excesiva es un fenómeno fisiológico que se produce como consecuencia de una situación psicológica. Se trata por lo tanto de un síntoma que a nivel psicológico puede provocar que el paciente se refugie en sí mismo, en lugar de buscar ayuda médica o el apoyo de otras personas.

Asimismo, en situaciones de estrés o nerviosismo, además de las glándulas sudoríparas ecrinas se activan las apocrinas, que liberan una cantidad pequeña de sudor con una composición diferente, rica en proteínas y lípidos. Cuando el sudor apocrino es metabolizado por bacterias se desprende un olor corporal indeseado y ello empeora la situación.

Hipersudoración asociada con la ansiedad y el estrés

Estrés, ansiedad, fobia social, timidez excesiva o falta de autoestima son algunos detonantes de la hipersudoración, un problema bastante común en las personas que sufren de trastorno de pánico, sobre todo si tienen ataques durante la noche, y quienes padecen ansiedad generalizada, con niveles muy altos casi siempre. El problema puede aparecer también por ansiedad o fobia ante una determinada situación o cuando la persona empieza a pensar que las sensaciones experimentadas se le van de las manos. La sudoración excesiva puede aparecer también como resultado de un conjunto de pensamientos negativos que han formado una situación caótica para el sujeto.

Aunque no representan ningún peligro real, algunas situaciones suponen un desafío para quien sufre de ansiedad, más aún si ésta produce una sudoración excesiva. Algunas circunstancias que generan ansiedad y pueden provocar sudor excesivo podrían ser:

  • Estar en lugares con mucha gente o al contrario, en sitios pequeños como los ascensores o viajar en transporte público.
  • Hablar con extraños o dar charlas en público.
  • Asistir a reuniones familiares o de trabajo y entrevistas laborales.

Cuando tenemos mucha ansiedad durante un tiempo prolongado, el sistema nervioso interpreta que estamos en una situación de peligro y activa la respuesta de lucha o huida para que podamos ponernos a salvo de la amenaza. Al activarse dicha respuesta, la sangre corre a las partes del organismo que más lo necesiten. Estos estímulos aumentan la excitación que el sistema nervioso simpático ejerce sobre las glándulas sudoríparas. Entonces la temperatura corporal aumenta y el cuerpo empieza a calentarse, como resultado de una constricción de los vasos sanguíneos. Como el cuerpo busca una manera de enfriarse, la reacción natural de nuestro organismo es controlar la temperatura a través del sudor y eso es lo que causa la sudoración.

Pautas y técnicas para combatir el sudor

Cuando el componente psicológico es el predominante, una buena forma de solucionar el problema es acudir a terapia. Si logramos conocer cuál es el problema psicológico que ha ocasionado la ansiedad podremos abordar los síntomas de la sudoración excesiva. Al eliminar los problemas o, al menos, los pensamientos negativos que surgen en momentos de tensión, los niveles de ansiedad disminuyen y con ella, la hiperhidrosis también se reduce.

Además, frente a algunas situaciones no placenteras que provocan ansiedad se pueden practicar técnicas de concentración, intentando relativizar, tomarse con calma las situaciones que se presenten, tener paciencia consigo mismo y por qué no, poner buena cara al mal tiempo haciendo uso del buen humor.

Los niveles de ansiedad bajan también en situaciones de tranquilidad, en las que los latidos del corazón disminuyen su frecuencia, pues en ellas la persona deja de experimentar falta de confianza en sí misma. Por ello, cuando el exceso de sudor presenta un fuerte componente psicológico podemos emplear herramientas para aprender a relajarnos, algo fundamental para disminuir la sudoración.

Otra una buena técnica para evitarla es aprender a respirar, tratando de inhalar profundamente por la nariz, desde el abdomen, y exhalar lentamente por la boca hasta que las palpitaciones del corazón disminuyan. Ante un estímulo estresante la respiración se hace rápida, acelerada y poco profunda y ello aumenta la sudoración. Respirar lenta y profundamente transmite a nuestro cerebro el mensaje de que no hay de qué preocuparse y por lo tanto, tampoco hay razón para sudar. Respirar de forma controlada incrementa además nuestro nivel de oxigenación, mejora los procesos cerebrales y nos ayuda a resolver con éxito los retos. A largo plazo, la práctica regular de ejercicios de respiración aumenta también la capacidad pulmonar y circulatoria.

Otras medidas para controlar el sudor nervioso pueden ser:

  • Tomar conciencia de que no se es el centro de atención. Se trata de dejar de pensar que los demás notan los nervios y el sudor y enfocar el pensamiento en algo positivo. El miedo a sudar en situaciones de tensión nos condiciona y esta situación de alerta provoca un estrés adicional.
  • No luchar contra el sudor ni secarse constantemente, lo que empeora la situación. Ante la primera sensación de humedad es mejor quitarle importancia y no obsesionarse.
  • Desdramatizar y dirigir la atención hacia la causa del sudor, suprimiendo las conductas anticipatorias. El problema es que, al intentar controlar la ansiedad, la persona comienza a sudar y al darse cuenta de que está sudando, sus niveles de ansiedad suben, lo que produce que el sudor también aumente.

Además es importante:

  • Cuidar la higiene y utilizar un desodorante o antitranspirante eficaz. Además, también es importante utilizarlos de forma adecuada para que el efecto sea el esperado.
  • Usar ropa fresca, de tejidos naturales como el algodón y holgada, que permita una buena ventilación. Vestir ropa adecuada ayuda además a disimular las marcas de sudor. Se puede llevar una camiseta interior de algodón que absorba la humedad y proteja la prenda exterior.
  • Regular la alimentación, evitando las comidas y bebidas a altas temperaturas. También las comidas excesivas suponen un estrés para nuestro organismo y pueden hacernos sudar más. Se recomienda además comer alimentos astringentes y reducir los ricos en yodo, evitar las comidas picantes y suprimir de la dieta el exceso de grasas e hidratos de carbono.
  • Beber entre 1 y 2 litros diarios de agua para reponer los líquidos corporales perdidos a lo largo del día, sobre todo entre las comidas.
  • Hacer ejercicio físico de forma regular.
  • Reducir la temperatura ambiente.
  • Lavarse la cara y el cuerpo si la sal del sudor se ha secado sobre la piel.

La sudoración excesiva en axilas, rostro, manos, pies u otra zona del cuerpo es un síntoma más de la ansiedad, que también puede causar mareos, dolor de cabeza, insomnio, agorafobia (miedo al miedo) o sentimiento de despersonalización, entre otros.

También la hiperhidrosis del sueño, que se caracteriza por exceso de sudoración mientras dormimos por la noche, puede ser un síntoma de ansiedad. Se trata de un círculo vicioso ya que, como el sudor causa problemas para dormir, la falta de sueño prolonga la situación de ansiedad.