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Ajo

Autor: Victor Garcia (14 de Diciembre de 2015)

© iStock

De la familia de las liliáceas, el ajo (Allium sativum) es una planta perenne procedente de Asia Central conocida por sus propiedades medicinales. Al ajo se le atribuyen diversos efectos en el organismo. Así, muchos estudios lo incluyen entre los alimentos que pueden ayudar a prevenir la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares.

Al bulbo de esta planta, de la misma familia que el puerro, se le atribuyen tradicionalmente efectos medicinales. En este sentido, se sabe que el ajo es antibacterial, antivírico, antiinflamatorio, antitrombótico y antimicótico. Y es que se le atribuyen beneficios como remedio contra la paradontosis (enfermedad periodontal), ser bueno para tratar los hongos de los pies, contribuir a reducir los niveles de colesterol en sangre y controlar la hipertensión arterial, prevenir la arteriosclerosis y disminuir el nivel de glucosa en la sangre.

Si bien es cierto que los estudios hasta el momento indican ciertos efectos saludables, la falta de evidencias científicas demostrables impide afirmar categóricamente su efecto protector en los casos anteriores.


Historia

El ajo es una planta de la que se conocen sus propiedades medicinales desde hace mucho tiempo. Se han encontrado prescripciones médicas de ajo en tablillas sumerias del año 3000 a.C.

Su origen se remonta a las estepas de Asia Central, desde donde pasó a Oriente Próximo. Herodoto cuenta que a los egipcios que construyeron las pirámides de Gizeh les daban de comer ajo, cebolla y rábanos para que se mantuvieran sanos y fuertes. En 1858 Louis Pasteur escribió sobre sus propiedades antibacterianas y durante la Primera Guerra Mundial su uso estaba muy extendido (se impregnaba en los vendajes con el fin de evitar infecciones). En la Segunda Guerra Mundial los soldados rusos lo utilizaron cuando sufrían escasez de antibióticos. Además, el ajo se utilizaba en la Edad Media como planta medicinal para expulsar los gusanos intestinales y se consideraba eficaz contra la peste.