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La piel en verano

Autor: Redacción Onmeda (1 de Agosto de 2017)

© iStock

¡Por fin está aquí el verano! Las temperaturas suben, el nivel de humedad aumenta y el sol nos acompaña durante prácticamente todo el día.

Los rayos del sol proporcionan bienestar mental, vitalidad y energía, lo que se refleja en el estado anímico de muchas personas. En la piel también ocurren algunos cambios provocados por el aumento de radiación solar. Y es que, el sol del verano puede tener efectos beneficiosos pero también perjudiciales para la salud.

Beneficios del verano para la piel

En verano, la piel puede respirar mejor. Esto se debe a que en esta época del año, cambia la temperatura y el aire se vuelve más húmedo que en invierno. Normalmente, a bajas temperaturas, se reduce la producción de sebo de la piel, pero en verano la piel se vuelve menos seca.

Los rayos del sol estimulan la circulación sanguínea, influyen de forma positiva en el metabolismo y ayudan a mejorar la respiración y la producción de hormonas. Además, al tomar el sol (si se toma con moderación) se fortalece el sistema inmunológico. También disminuyen la presión arterial y los niveles de colesterol.

A través de la exposición de la piel a la luz solar, el cuerpo puede sintetizar vitamina D, necesaria para la formación y reparación ósea. Tomar el sol de 10 a 15 minutos cada día, tanto en la cara como en los brazos (incluso con un cielo cubierto), son suficientes para satisfacer los requerimientos diarios de vitamina D del cuerpo. Sin embargo, la producción de esta vitamina promovida por el sol no puede ser infinita. De lo contrario, existe el riesgo de dañar las células de la piel de forma permanente.

El sol no solo tiene un efecto positivo sobre la síntesis de vitamina D, también influye sobre el humor y la sensación de bienestar: los rayos del sol favorecen la producción de la serotonina, una hormona que sirve para alegrar el ánimo, promover la vitalidad y el bienestar emocional y ayudar a entrar en un estado de relajación.

Además de numerosos beneficios, el verano también trae algunos peligros para la piel debido a los intensos rayos UVA a los que se expone. La causa principal de las lesiones oculares, el envejecimiento prematuro de la piel y el cáncer de piel es el abuso del sol.

La quemadura solar es uno de los incidentes más comunes del verano, la piel reacciona a una sobredosis de radiación ultravioleta volviéndose rojiza y manifestando dolor. A veces también se forman ampollas. Incluso un enrojecimiento leve, puede suponer un daño grave para las células de la piel. También pueden aparecer otras reacciones como, por ejemplo, alergia al sol que trae consigo síntomas como picazón, enrojecimiento y un erupción cutánea. Pueden desencadenar complicaciones, especialmente para las personas con piel clara.

Una clara señal de haber tomado el sol es el bronceado de la piel. Aunque para muchas personas la piel bronceada se considera un ideal de belleza, las apariencias engañan. En realidad, tan solo es una señal de alarma de la piel: cada vez se vuelve más oscura y aparece la pigmentación (melanina) para protegernos de los rayos UVA.

Cuanto mayor sea la exposición a la radiación solar, mayor es la carga sobre la piel. La radiación ultravioleta penetra en su capa intermedia (dermis) y daña el ADN de las células. Una exposición solar intensa provoca la degeneración de las células de la piel y favorece el desarrollo de cáncer de piel.

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Se debe evitar tomar el sol en las horas principales del día, entre las doce del mediodía y las cuatro de la tarde.

Cuando existe una infección por el virus del herpes labial humano tipo 1 y, por consiguiente, predisposición a desarrollar herpes labial, se debe tener cuidado con el sol. Demasiada radiación solar suprime el sistema inmunológico de la piel y el cuerpo se vuelve más vulnerable a las infecciones. Esto promueve la reactivación del virus del herpes, latente en las células nerviosas: con el sistema inmunológico debilitado es más fácil que, en verano, se reproduzca y aparezca el típico herpes labial.

Una fuerte radiación solar tampoco es beneficiosa para mantener la apariencia juvenil de la piel. El envejecimiento de la piel afecta principalmente el tejido conectivo en la capa media de la piel, que está compuesta por fibras de colágeno. Cuando estas fibras son jóvenes tienen más movilidad y pueden absorber mucha humedad, lo que hace que la piel sea elástica y firme. La movilidad de las células disminuye con el aumento de la edad y las fibras individuales de colágeno se endurecen y resecan. Como resultado, disminuye la elasticidad y la humedad de la piel, que se reseca, reblandece y arruga, y pueden aparecer manchas de pigmentación. La radiación UVA también promueve el envejecimiento de la piel: inhibe la división celular y por lo tanto, la renovación del tejido conectivo, por lo que cada vez aparecen más arrugas.

Última revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (7 de Julio de 2015)