Alimentos para una piel sana

Autor: Verónica López (12 de Septiembre de 2016)

© iStock

La dieta tiene un efecto directo sobre la piel. Así, una alimentación sana y equilibrada rica en antioxidantes, junto con una hidratación adecuada, ayudan a tener una piel sana. Además, mantener unos hábitos de alimentación saludables diariamente, pueden tener un papel preventivo, perjudicar o favorecer la evolución de muchas enfermedades como el acné, la rosácea, la psoriasis o la dermatitis atópica.

La Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) ha querido recordar la importancia de mantener una alimentación sana, no solo para una mejor calidad de vida, sino también para la dermis. De esta forma, han apuntado que los tres pilares básicos para los cuidados diarios de la piel deben ser la hidratación, tomar alimentos saludables y eliminar correctamente las toxinas exterior e interiormente.

En este sentido, los alimentos que más benefician a la piel son los que aportan muchas vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales como los Omega 3. Las vitaminas del complejo B, entre ellas el ácido fólico (B9), la riboflavina (B2), la biotina o la niacina (B3), ayudan a controlar el envejecimiento de la piel, reparándola, aportando hidratación y controlando la producción de grasa.

Por otra parte, la vitamina A y los betacarotenos ayudan al bronceado de la piel de forma natural y la vitamina C y vitamina E son potentes antioxidantes para la dermis. También minerales como el selenio o el cinc tienen acción antioxidante, de hecho el selenio se ha relacionado con un menor riesgo de cáncer de piel y melanoma. Según la AEDV, la vitamina A, E y el selenio actúan en el organismo de forma conjunta, por lo que es necesario mantener una dieta equilibrada y variada que aporte todos estos nutrientes antioxidantes a la vez. Tampoco hay que olvidarse de los ácidos grasos omega 3 que tienen una función hidratante y antiinflamatoria contra las erosiones cutáneas.

En cuanto a la hidratación, es imprescindible mantener una correcta ingesta de líquidos, especialmente agua, dependiendo de la edad y las circunstancias. Así, en situaciones de estrés, ante una exposición solar prolongada, cuando hay altas temperaturas, se realiza ejercicio físico moderado o elevado y hay una sudoración mayor, los requerimientos de agua deben ser mayores, para evitar la deshidratación que tiene efectos graves sobre el organismo y la piel. El agua es un lubricante para la piel y cuando no hay una buena hidratación y, también debido al paso del tiempo, la piel se seca, está tirante, aparecen las arrugas y está menos protegida contra las agresiones exteriores.

Por el contrario, también hay alimentos que pueden dañar la piel y actúan sobre patologías concretas muy negativamente. Por ejemplo, el té, el café, las bebidas calientes, el alcohol o la comida picante pueden favorecer el flushing en la rosácea, mientras que la psoriasis empeora con el alcohol y mejora con los Omega 3, como también ocurre con la dermatitis atópica.

En el caso del acné, ni el chocolate ni los lácteos lo incrementan como erróneamente se cree, pero si la ingesta de productos procesados ricos en conservantes, aditivos y colorantes o las harinas refinadas y el azúcar. La dermatitis herpetiforme se asocia con la sensibilidad al gluten y se recomienda evitarlo.