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Digestión

Autor: Verónica López Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (27 de Mayo de 2016)

© iStock

La digestión es el proceso por el cual los alimentos que se ingieren son transformados en moléculas más pequeñas para que el aparato digestivo pueda absorberlas. Así, los nutrientes de los alimentos pueden pasar a la sangre y a las células para ser usados como energía y como alimentación de las propias células. Bacterias y microorganismos del intestino (flora intestinal) protegen y favorecen la digestión y la absorción de nutrientes. En este sentido, probióticos y prebióticos ayudan a cuidar la microbiótica intestinal. Además, según los alimentos que se ingieran se puede tener una mejor o peor digestión.

Los nutrientes son sustancias químicas que contienen los alimentos y pueden ser de dos tipos: macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y grasas) y micronutrientes (vitaminas y minerales). Los nutrientes y, especialmente los macronutrientes, deben someterse al proceso de digestión para que las grandes moléculas que lo forman se degraden, convirtiéndose en estructuras más sencillas que el intestino pueda absorber.

La digestión de nutrientes se produce en el aparato digestivo y consiste en dos procesos: uno mecánico y otro químico. El proceso mecánico incluye la masticación, la deglución, la peristalsis y la defecación.


Los órganos que intervienen en la digestión son:

Partes del tubo digestivo:

  • Cavidad bucal
  • Faringe 
  • Esófago 
  • Estómago
  • Intestino Delgado
  • Intestino Grueso

 

Órganos accesorios:

  • Dientes
  • Lengua
  • Glándulas salivares
  • Hígado 
  • Vesícula biliar
  • Páncreas 
    Aparato digestivo

    Aparato digestivo

 

En la boca se lleva a cabo el proceso de masticación y se mezcla el alimento con la saliva (bolo alimenticio). Seguidamente, el bolo pasa al esófago y al estómago, donde se mezcla con los jugos gástricos formados por moco ácido clorhidrico, pepsinógeno (importante en la digestión de las proteínas) y factor intrínseco. A esta mezcla se le denomina quimo o quilo.

A continuación, el quimo pasa al intestino delgado, donde se produce la mayor parte de la absorción de nutrientes. Aquí, el quimo se mezcla con los jugos intestinales, la bilis, y el jugo pancreático. Estos jugos, formados por enzimas, deshacen las moléculas complejas en unidades más simples, para que puedan ser absorbidas mejor. Así, enzimas como la lipasa convierte las grasas en ácidos grasos, la amilasa hidroliza el almidón y las proteasas convierten las proteínas en aminoácidos.

Son las paredes del intestino delgado las que absorben la mayor parte de los macronutrientes y micronutrientes del quimo, así como el agua o el alcohol. La fibra dietética puede acelerar el tránsito intestinal y hacer que la absorción de nutrientes sea menor, al igual que los alimentos ricos en grasas pueden hacer el proceso de la digestión mucho más lento y dificultoso.

Alimentos que producen gases

Luego, en el intestino grueso las sustancias que no han sido absorbidas son fermentadas por las bacterias del intestino (flora intestinal), proceso por el cual se producen los gases (flatulencias). Aquí aún se absorben algunas sustancias, agua y sales minerales y se dejan aquellas sustancias que no son útiles, las heces.

Los nutrientes están disponibles

Por otra parte, los nutrientes que han sido absorbidos son transportados por la sangre a las células de los diferentes tejidos del cuerpo, un proceso en el que también interviene el sistema nervioso autónomo que gestiona todo el proceso de la digestión. Así, las células usan los diferentes nutrientes para:

  • Los ácidos grasos asimilados por la pared intestinal se transforman en triglicéridos. La grasa puede ser transformada posteriormente en el hígado y luego se deposita en el tejido adiposo, como reserva de energía y grasa.
  • Los hidratos de carbono, transformados en monosacáridos, pasan de la sangre al hígado, donde se transforman en glucosa y se envían a todas las células. Los monosacáridos también pueden convertirse en glucógeno, que se almacena en el hígado y en los músculos.
  • Los aminoácidos de las proteínas también van al hígado a través de la sangre, para luego pasar a la circulación sanguínea.