Digestión: Flora Intestinal

Autor: Verónica López Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (27 de Mayo de 2016)

La flora intestinal, conocida así comunmente aunque se debería hablar de microbiota intestinal o microflora, hace referencia al conjunto de bacterias y otros microorganismos que habitan en el intestino y que tienen, principalmente, la función de protegerlo. Realmente se trata de una relación de simbiosis; con algunos microorganismos es un comensalismo (uno se beneficia y el otro ni se beneficia ni se perjudica) y con otros es un mutualismo (se benefician los dos). Estas bacterias se encuentran a lo largo de todo el aparato digestivo pero es en el colon donde se concentra la mayor parte de ellas. Para que estos microorganismos se mantengan en equilibrio tiene que existir una gran diversidad de tipos y especies (existen más de 400 especies de bacterias diferentes en la microbiota humana).

La flora actúa en el organismo de tres formas diferentes: protegiéndolo, nutriéndolo y ayudándolo en su crecimiento y desarrollo. Así, la microbiótica intestinal influye en el desarrollo del intestino delgado y grueso, pero también en la maduración de otros órganos como el sistema inmunitario.

En resumen, las funciones de la microflora son:

  • Funciones de nutrición y metabolismo.
  • Funciones de protección, previniendo la invasión de microorganismos patógenos.
  • Funciones tróficas sobre el epitelio intestinal, y el desarrollo del sistema inmunológico.

 

Por otra parte, la flora intestinal interviene en la fermentación de los alimentos que ingerimos. En este sentido, las bacterias del colon se alimentan de los carbohidratos complejos (básicamente fibra) y también de ácidos grasos de cadena corta que descomponen; así el intestino también los puede absorber. Además, ayudan a la asimilación de minerales como el calcio, el hierro o el magnesio y a la síntesis de la vitamina K. Por esta razón, una dieta rica en carbohidratos complejos o fibras prebióticas puede favorecer el mejor funcionamiento de la flora intestinal. Los ácidos grasos de cadena corta que producen los microorganismos en el colon, ayudan a mantener la mucosa de las paredes del intestino.

La composición de la flora intestinal empieza a formarse ya en el momento del parto, con el contacto con el ambiente, la madre y la lactancia. Con el tiempo la flora intestinal dependerá de la dieta que se siga, la toma de antibióticos, y de factores ambientales. Estas circunstancias pueden alterar la diversidad de la flora. Los desequilibrios en la microbiota pueden desempeñar un papel importante en la fisiopatología de algunos problemas o enfermedades como la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), el cáncer de colon o la obesidad.

En los últimos años las investigaciones se están centrando en la posible relación de la microflora con las disfunciones del sistema inmunitario. La incidencia de alergias alimentarias y de algunas enfermedades con componente autoinmune (esclerosis múltiple, diabetes tipo 1, enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa), han aumentado en los últimos años de forma importante. En estas enfermedades parece que los factores ambientales juegan un papel muy importante en su desarrollo. Así, se cree que la higiene excesiva y la menor exposición a agentes bacterianos que hay hoy en día, ya desde edades muy tempranas, podría ser un factor de riesgo que explicase en cierta forma la creciente aparición de disfunciones del sistema inmunológico, incluyendo las alergias, la enfermedad de Crohn, la esclerosis múltiple y los linfomas no hodgkinianos o la diabetes tipo 1.

En el caso de los antibióticos, se ha demostrado que alteran el número y variedad de la microbiota intestinal y que no se suele recuperar hasta casi cuatro semanas después de acabar el tratamiento.

La alimentación también provoca cambios importantes en la flora. La fibra sirve de alimento para la microbiota intestinal y los prebióticos y probióticos influyen en la diversidad de la flora y en su actividad metabólica.

Probióticos y prebióticos

Los probióticos son microorganismos vivos que si se toman en cantidades adecuadas son beneficiosas para la salud digestiva. Son levaduras y bacterias que contienen los alimentos, los medicamentos o algunos suplementos dietéticos que ayudan a realizar el proceso de la digestión y a estimular y regular el sistema inmune. Se ha demostrado que pueden ayudar a evitar molestias digestivas como la sensación de hinchazón o los gases.

Los probióticos más conocidos y utilizados en alimentación actualmente son el Bifidobacterium y el Lactobacillus. Las bacterias lácteas son los microorganismos más usados como probióticos, pues ya forman parte de nuestra flora y pueden favorecer su equilibrio. Los dos microorganismos característicos del yogur son el Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus. Así, el yogur, los lácteos fermentados o el kéfir son buenos probióticos.

Los prebióticos son sustancias que el organismo no digiere pero que alimentan y estimulan la actividad de la flora intestinal. Son hidratos de carbono (fibra especialmente) no digeribles, que después de su paso por el intestino delgado, llegan al intestino grueso sin ser modificados, donde son fermentados. Los más conocidos son la inulina, los fructooligosacáridos (FOS) y los galactooligosacáridos (GOS), que pueden ser parte de algunos alimentos de forma natural o ser añadidos industrialmente. Algunos alimentos que los contienen de manera natural son el ajo, los tomates, las cebollas, la achicoria, el trigo integral, la avena, la cebada, los espárragos, el puerro, la patata o los plátanos, entre otros.

El doctor Francesc Casellas Jordá, del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitari Vall d'Hebron de Barcelona y experto de la Federación Española del Aparato Digestivo (FEAD), avisa de que "el intestino humano no es esteril y no todas las bacterias son malas, algunas como los probióticos, ayudan a prevenir enfermedades".