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Síndrome postvacacional en niños

Autor: Redacción Onmeda (29 de Agosto de 2017)

© iStock

Volver al colegio después de las vacaciones de verano no es fácil para ningún niño, pues ellos también sufren el conocido síndrome postvacacional. Para muchos pequeños la vuelta al cole supone un estrés importante, ya que durante más de dos meses no han tenido ni responsabilidades ni horarios. En septiembre vuelven a la rutina de forma drástica, teniendo que adaptarse a muchos cambios (agenda, profesores, asignaturas, actividades…). Los padres pueden ayudar a que sus hijos afronten el comienzo del curso escolar tranquilos, aplicando algunas técnicas de relajación.

Ansiedad, tristeza, irritabilidad, pesadillas nocturnas, insomnio, alteraciones en la alimentación, incluso vómitos y diarreas, son algunos de los síntomas que hacen pensar que un niño sufre síndrome postvacacional. Y es que entre un 5 y un 8% de los pequeños españoles padecen este problema al principio del curso escolar. Normalmente la sintomatología dura entre una semana y diez días, pero si permanecen más de dos semanas se aconseja recurrir al psicólogo.

Manuel Salgado, psicólogo y experto del foro “Estrés y ansiedad” de Onmeda, explica que “para afrontar cualquier situación de estrés improductivo existen dos maneras de atajarlo: impedir que el estrés aparezca, para lo que es necesario actuar con prevención o, cuando ya se sufre de estrés elevado, llevar a cabo técnicas orientadas a la relajación”.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que la vuelta al colegio no es para todos los niños igual y depende de sí es su primera vez, si ya han pasado por esta situación o si tienen que recuperar alguna asignatura en septiembre. Así, los niños que empiezan el colegio por primera vez pueden reaccionar de forma más drástica e incluso negarse a querer ir a clase. El contacto previo con la guardería es muy importante para que los niños se adapten de forma gradual a la socialización.

En este sentido, los padres deben tener paciencia y mostrarse tranquilos ante sus hijos en todo momento. Enseñarles a calmar sus miedos con cariño y serenidad es el primer paso para reducir su estrés. Para que el pequeño no sienta que el colegio le separa de sus padres, es recomendable que los progenitores le hagan comprender que siguen estando cerca, aunque no se vean físicamente. Compartir tiempo con sus compañeros fuera del aula normaliza lo que pasa en ellas, por ejemplo, con reuniones, actividades o deportes en grupo y fiestas con otros niños del colegio.

Detectar miedos o inquietudes por la vuelta al cole ayudará a desactivarlas, es decir, los padres deben poner sobre aviso al pequeño sobre las dificultades o cambios que pueda suponer el nuevo curso: cambios de profesores, reencuentro con compañeros problemáticos, sentirse mayor entre otros alumnos por haber repetido, cambio de centro de enseñanza, pasar de primaria a secundaria, etc.

El ambiente familiar es un punto clave para aliviar el estrés que supone la vuelta a la normalidad. Se deben evitar los gritos e intentar no contagiar la ansiedad de los adultos; recalcar los puntos buenos del colegio y no darle más importancia de la necesaria a los síntomas físicos que puede experimentar el niño en este periodo, ya que podría utilizarlos para chantajear a los padres si cree que recibe más atención de la normal.

Los niños, como los adultos, necesitan desconectar en verano, incluso aunque tengan que estudiar para recuperar alguna asignatura en septiembre. Sin embargo, para cualquier niño de cualquier edad, no es recomendable romper totalmente el hábito de estudiar durante tanto tiempo, por eso se aconseja que realicen algunas lecturas o cuadernillos de verano para repasar lo que han aprendido durante el curso escolar.

Una semana antes del inicio de las clases es necesario iniciar las rutinas propias de la época del colegio: horarios de las comidas, para dormir, actividades deportivas o de ocio, etc. Planificar actividades extraescolares para el inicio de curso puede ser una motivación más para la vuelta al cole, de forma que se produce una asociación entre ambas.

Técnicas de relajación para niños

Cuando el estrés ya es elevado, para aliviar la ansiedad de un momento concreto se puede llevar a cabo diferentes técnicas de relajación, entre ellas:

  • Relajación muscular, con tensión-distensión de la musculatura (Relajación Progresiva de Jacobson). Consiste en aprender a tensar y relajar los distintos grupos musculares, para saber distinguir los síntomas cuando el músculo está tenso y cuando está relajado. Se recomienda para niños mayores de 7 años. Se puede usar un peluche al que tenga que abrazar muy fuerte para luego soltarlo despacio, así se crea la tensión –distensión y el objeto pasa a ser asociado con la relajación.
  • Actividad física, sobre todo grupal. Ayuda a distraer al niño y a eliminar las tensiones.
  • Ejercicios de respiración. El niño debe coger aire contando mentalmente hasta cinco, aguantar el aire también contando hasta cinco y soltar despacio también contando cinco. Se debe repetir tres veces.
  • Distracción mental. Se trata de que el niño fije su atención en un objeto durante diez segundos y luego con los ojos cerrados debe imaginarlo en su mente y describirlo.
  • Visualización de imágenes. Se puede instar al niño a que piense en cosas que le gusten o intentar recordarle momentos felices de su pasado. Se plantea como un juego con los ojos cerrados donde se va guiando el pensamiento del niño.
  • Música clásica o de relajación. Escuchar música suave baja el ritmo cardiaco y favorece la relajación.
  • Yoga para niños.

  • Contacto y escucha. Los abrazos reconfortan mucho a los niños y alivian su ansiedad. Además también es importante escucharlos e intentar que expresen lo que sienten.

Fuentes:

  • Onmeda Internacional
Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (28 de Diciembre de 2016)