Lactancia materna en prematuros

Autor: Terry Gragera Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (30 de Enero de 2017)

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La lactancia materna en niños prematuros se considera “más que un alimento, un medicamento”. Es así porque la leche materna ofrece al niño que ha nacido antes de tiempo no solo la mejor nutrición sino factores de crecimiento y defensas para enfrentarse al mundo extrauterino al que ha llegado de forma precoz, además de favorecer su neurodesarrollo. 

Hay que tener en cuenta que una gran mayoría de componentes defensivos y nutricionales (grasas, oligoelementos, minerales y vitaminas) con los que cuenta el bebé al nacer son recibidos a través de la placenta en el tercer trimestre del embarazo. Cuando el parto se adelanta y el niño nace prematuro se pierde esta transferencia madre-hijo tan importante. Por este motivo, las necesidades nutricionales de un niño prematuro son más elevadas que las de un niño a término, y, además, ha de crecer de forma acelerada lo que no le ha dado tiempo en el útero materno. Ante todos estos condicionantes, la leche materna es lo mejor para él.  

Los prematuros que reciben lactancia materna progresan mejor y están más protegidos frente a infecciones y enfermedades, en relación a los que solo reciben leche de fórmula. Estos beneficios son más evidentes cuanto más se extienda el periodo de lactancia y más exclusiva sea, según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (solo pecho hasta los seis meses y con otros alimentos hasta los dos años o más). Es decir, las ventajas de haber sido amamantado se extienden más allá del periodo neonatal hasta la edad adulta. 

La madre tiene leche desde la segunda mitad del embarazo. Si su hijo nace de forma prematura, la leche, que es un tejido vivo, se adaptará a las necesidades del bebé; así, la leche que fabrica la madre de un niño prematuro es distinta a la que fabrica la madre de un bebé a término, para adecuar su composición a lo que cada bebé precisa. 

Sin embargo, no siempre es fácil la lactancia materna en niños tan pequeños, ya que los prematuros se encuentran con algunas dificultades al mamar: 

  • Su inmadurez les dificulta un buen agarre al pecho.
  • Pasan muchas horas durmiendo, por lo que hay que estar muy alerta para ofrecerles el pecho bastantes veces al día.
  • La succión puede ser débil, se cansan más al mamar y se quedan dormidos al pecho, con el consiguiente riesgo de que no tomen la cantidad de leche que necesitan y de que no estimulen suficientemente las mamas.
  • Las intervenciones médicas a las que son sometidos y los apoyos médicos (respiradores, sondas, aspiradores…) pueden entorpecer la puesta al pecho, ya que el niño muestra rechazo ante los estímulos orales.
  • El estrés y los sentimientos de culpa, confusión y desconcierto que puede sentir la madre del bebé prematuro pueden interferir en el adecuado establecimiento de la lactancia, por el efecto sobre las hormonas que la hacen posible.
  • La separación madre-hijo tras el parto y durante la estancia en el hospital son un obstáculo a la buena instauración de la lactancia. 

A pesar de estos obstáculos hay algunos consejos que pueden ayudar: favorecer el contacto piel con piel madre-hijo en cuanto sea posible, intentar que el niño tenga acceso libre al pecho para fomentar la succión no nutritiva, vigilar que la postura al mamar sea la adecuada para evitar problemas como ingurgitación o mastitis y brindar a la madre todo el apoyo profesional posible para que la experiencia de amamantar a su hijo resulte agradable.