Lactancia materna: La leche materna

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (3 de Enero de 2017)

Durante el embarazo, aumenta el nivel de estrógenos y progesterona de la futura madre. Estas hormonas se encargan de que el pecho crezca y pueda proporcionar leche más adelante.

Tras el parto y la expulsión de la placenta, los niveles de estrógenos y progesterona (“hormonas de la placenta”) disminuyen muy rápidamente. En su lugar, aumenta el nivel de la anteriormente inhibida prolactina. La prolactina es una hormona secretada por la hipófisis que estimula la producción de leche. Otro mensajero químico producido por el cerebro, la oxitocina, hace que la leche se concentre en el pecho en respuesta al estímulo de la succión y, por consiguiente, se excrete por el pezón. La lactancia, entonces, puede comenzar.

La leche materna va modificando sus características en el transcurso de tres semanas:

  • Calostro: hacia el final del embarazo se forma la llamada leche inicial (denominada también calostro). Este líquido de color claro, y normalmente amarillento, sirve para mantener al niño durante los primeros días de vida. La leche inicial es menos grasa que la leche materna ya madura, sin embargo, contiene factores de protección inmunológicos (anticuerpos del tipo lgA), los cuales se depositan en la pared del intestino del recién nacido y forman una barrera contra los agentes patógenos.
  • Leche de transición: entre los dos o hasta cuatro días siguientes, se produce la denominada subida de la leche y se forma la leche de transición. El contenido en carbohidratos y grasas es alto, aunque no tanto como en la leche madura.
  • Leche madura: a partir de la tercera semana, aproximadamente, se genera la leche madura, que tiene un color blanquecino.

La leche materna contiene todos los nutrientes necesarios para el bebé (proteínas, grasas, lactosa, vitaminas, anticuerpos). La composición y la cantidad de leche materna se van ajustando perfectamente a las necesidades del lactante, en función de la edad del bebé. Esta regulación natural puede verse perturbada por la administración adicional de biberón. Cuanto menos mame el bebé, menos leche se producirá.

En algunas ocasiones, los bebés recién nacidos no pueden ser alimentados con la leche de su madre, bien porque ésta no la produce o bien porque no es segura para el bebé. En estos casos, existe la alternativa de alimentarle con leche donada por otras mujeres, almacenada en bancos de leche. En todos los casos será un médico especialista el que se encargue de recetar esta opción.