Hidratación infantil: las bebidas más saludables: Los zumos en la dieta infantil: ¿un consumo excesivo?

Autor: Terry Gragera Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (27 de Diciembre de 2016)

El consumo de zumos durante la infancia ha sido puesto en entredicho por autoridades sanitarias.

Hay varios problemas cuando se trata de un consumo frecuente:

  • El niño toma gran cantidad de azúcares (ya sea naturales o añadidos) y con ello de calorías.
  • El niño toma demasiada fruta (ya que hacen falta varias piezas para preparar un zumo natural), lo que le quita el hambre para otros nutrientes necesarios.
  • El zumo (a no ser que sea licuado) no contiene la pulpa de la fruta, que es la que aporta la fibra.
  • El zumo aumenta el riesgo de caries, sobrepeso y de diabetes tipo 2.

Por estos motivos, la Academia Americana de Pediatría (APP) ha elaborado unas recomendaciones en las que establece lo siguiente:

  • Los menores de seis años no deben tomar más de 180 ml diarios de zumo de frutas.
  • Los mayores de seis años no deben tomar más de 360 ml diarios de zumo de frutas.

Más restrictivo es el Comité Científico de la Asociación 5 al Día (que promueve el consumo diario de cinco unidades de frutas y hortalizas), pues advierte que no se debe tomar más de un vaso de zumo al día (150-200ml) como una de esas unidades, y que las otras cuatro deben obtenerse a través del consumo de frutas y hortalizas variadas. Sus razones son las siguientes:

  • Los azúcares procedentes de los zumos (sean del tipo que sean) se consideran azúcares libres y son similares al azúcar de mesa o a la miel, a diferencia de los azúcares naturalmente presentes en alimentos sólidos como la fruta.
  • La dieta infantil tiene un exceso de azúcares libres, ya que aunque la OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda que no pasen del 10% de la energía total diaria, los niños llegan a 16% y los adolescentes, al 17%.
  • El consumo de zumos y néctares se ha triplicado en las últimas dos décadas.
  • Parece probada la asociación entre obesidad y consumo de azúcar, zumos de frutas y bebidas azucaradas.
  • El consumo frecuente de zumos de frutas y de refrescos favorece la erosión dental.

Por tanto, hay que limitar la ingesta de zumo, pues es mucho más saludable que el niño tome la fruta fresca, a bocados, aunque es cierto que los zumos aportan potasio, vitamina C y ácido fólico, así como provitamina A.

En cuanto a las variedades, es mucho más sano que el zumo sea natural en lugar de manufacturado (zumo en brick, zumo con leche, néctar…). Si hay que darle un zumo comercial, es mejor decantarse por los que son 100% zumo de fruta, o 100% exprimidos. 

Refrescos y otras bebidas

Los refrescos no están recomendados en la dieta infantil como parte de una alimentación equilibrada. Su composición: agua carbonatada o no, saborizantes y aditivos, no resulta muy saludable, ya que se trata de componentes sin ningún valor nutricional. Si el niño los toma, ha de ser de forma esporádica, pues contribuyen decisivamente al aumento del sobrepeso y la caries

Un refresco normal puede contener hasta la mitad de la cantidad total de azúcares que necesita ingerir un niño al día. Esto supone un exceso de azúcares en su dieta que puede predisponer a enfermedades como la diabetes, el colesterol alto, la hipertensión y problemas cardiacos. Además, los azúcares presentes en los refrescos aumentan la acidez de la boca, predisponiendo a caries. Y aumentan el riesgo de sobrepeso y obesidad infantil.

Tampoco son aconsejables los refrescos light o sin calorías, pues la utilización de edulcorantes es controvertida. Así, algunos expertos consideran que los edulcorantes acostumbran al niño a alimentos y bebidas con un sabor dulce, lo que decidirá sus preferencias por productos de este tipo en lugar de por otros más saludables. Se ha comprobado que las personas que toman un refresco light al día aumentan en un 36% las probabilidades de sufrir diabetes tipo 2. Los edulcorantes, además, predisponen a una acumulación de la grasa abdominal en la cintura, una de las zonas más peligrosas.

Tampoco son aconsejables los refrescos con cafeína ni los energéticos, por la alta cantidad de cafeína que contienen y la adición de otros compuestos que la potencian como el ginseng, la taurina o el guaraná.

Las bebidas energéticas tienen serias consecuencias sobre la salud de la población infantil: peor rendimiento escolar, problemas en los dientes y en los huesos, alteraciones del sueño, más riesgo de diabetes y de obesidad infantil, empeoramiento del asma y de problemas cardiacos, trastornos anímicos, depresión… Por todo ello, los menores no deberían tomar nunca bebidas energéticas. 

Además, muchos adolescentes consumen las bebidas energéticas mezcladas con alcohol. Esto supone, además de los riesgos anteriores de salud, un problema añadido, ya que la elevada cantidad de cafeína que tienen hace que los efectos del alcohol sean menos evidentes a corto plazo, por lo que el joven sigue bebiendo. Así, es mucho más fácil que tenga un consumo excesivo de alcohol, en un momento de su desarrollo en que el alcohol tiene unas serias consecuencias sobre el cerebro.