Cómo prevenir el fracaso escolar

Autor: Terry Gragera (7 de Septiembre de 2017)

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Prevenir el fracaso escolar es una de las mayores preocupaciones de los padres. En el fracaso escolar tienen peso muchos factores, algunos de los cuales son evitables. La intervención temprana ante los primeros indicios de fracaso escolar puede ayudar a que este no desemboque en abandono escolar.

¿Qué se entiende por fracaso escolar? Puede hablarse de fracaso escolar cuando el alumno no alcanza los objetivos académicos fijados para su edad y nivel escolar. Así, el niño no llega al rendimiento mínimo exigido en su nivel escolar, lo que puede suponer malas calificaciones continuadas (no de forma eventual), repetición de curso o escaso o nulo aprendizaje.

La peor evolución del fracaso escolar es la que concluye con el abandono escolar. El problema de fracaso escolar hay que atenderlo desde las primeras etapas educativas, pues la decisión de abandonar la enseñanza reglada se suele tomar durante la adolescencia. Es vital, pues, tanto prevenir el fracaso escolar, como atajar sus primeras señales.

El fracaso escolar se puede dar en etapas tempranas de escolarización, a lo largo de los años de enseñanza obligatoria, de manera puntual o habitualmente.

En algunas ocasiones, el fracaso escolar temprano obedece a una inmadurez del niño que se va resolviendo con el paso del tiempo, por lo que el problema se reconvierte también positivamente. Cuando el fracaso escolar surge de manera puntual puede estar provocado por acontecimientos circunstanciales en la vida del niño que interfieren negativamente en su rendimiento académico (separación de los padres, enfermedad, cambio de residencia, adolescencia…). Sin embargo, cuando es habitual, el niño muestra sus dificultades en el colegio desde el comienzo de la escolarización y va arrastrándolas curso por curso.

Causas del fracaso escolar

El fracaso escolar no suele tener una única causa, aunque hay algunos factores que pueden pesar más que otros o combinarse en su aparición.

Estas son las causas más frecuentes de fracaso escolar:

Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH)

Los expertos estiman que el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH) es uno de los factores que más peso tienen actualmente en el fracaso escolar. Se estima que entre uno y tres niños de cada clase tendrían TDAH, lo que compromete su evolución académica.

Si un niño es diagnosticado de TDAH por un médico, la colaboración padres-colegio debe ser muy estrecha para evitar, en todo lo posible, el fracaso escolar.

Problemas escolares

Los problemas escolares pueden ser de mucha naturaleza: por falta de un adecuado sistema de aprendizaje o enseñanza, por ausencia de técnicas de estudio eficaces, por falta de motivación del alumno, por falta de concentración, por bullying (acoso escolar).

En cuanto se detecte uno de ellos, conviene ponerse en contacto con el centro escolar y con el profesorado para hacerles frente. En sus primeras etapas escolares es posible inculcar a los niños la motivación necesaria para aprender y el uso de técnicas de estudio y de concentración adecuadas para tener éxito en el trabajo escolar.

Si se detecta bullying o ciberacoso, hay que actuar enseguida apoyando al niño, de acuerdo con el colegio, pues hay un riesgo alto de depresión, además de otras consecuencias fatales.

Falta de sueño y descanso

Los trastornos del sueño son un factor clave en el fracaso escolar, pues se estima que tres de cada cuatro niños de 9-10 años no duermen lo suficiente, lo que no les permite en la jornada siguiente rendir bien para asimilar las materias que dan en el colegio.

Según una investigación reciente de la Universidad de Boston, los niños que duermen más horas tienen un mejor rendimiento en matemáticas, ciencias y lectura. No hay que olvidar que es durante las horas de sueño cuando el cerebro fija lo aprendido durante el día, por lo que la información y la memoria dependen de un descanso adecuado.

Una de las causas por las que los niños no duermen lo suficiente es el uso prolongado de ordenadores, teléfonos y tablets por la noche, con una sobreutilización sobre la que están alertando los expertos. Además, la luz de estos dispositivos altera el proceso cerebral del sueño, pues ante la luminosidad, el cerebro no desconecta del todo, pues entiende que debe permanecer despierto.

Problemas físicos/sensoriales

Algunos problemas físicos o sensoriales pueden provocar fracaso escolar, sobre todo antes de ponerles solución, ya que, a menudo, pasan inadvertidos y se descubren justamente ante los malos resultados académicos. Es el caso de niños que no oyen o no ven bien, pero no tienen medidas correctoras para compensarlo. De hecho, la hipoacusia y las alteraciones de la visión son uno de los factores que más comprometen la normal evolución escolar del niño, ya que no puede llegar a ver bien la pizarra o a escuchar correctamente las explicaciones. Por este motivo, ante un problema de fracaso escolar, siempre conviene hacer una revisión médica oftalmológica y otorrinolaringológica para descartar esta primera opción.

Trastornos de aprendizaje

Los problemas de aprendizaje, sobre todo los referidos a la lectoescritura, pueden provocar fracaso escolar. La buena adquisición de la lectoescritura es clave para interiorizar las distintas materias. Si el niño tiene dificultades de escritura o de lectura, su capacidad comprensiva se ve muy mermada y su rendimiento académico puede caer considerablemente.

Los trastornos del aprendizaje que suponen problemas de lectura y escritura se califican como legastenia. Entre ellos están:

Dislexia: dificultad para comprender textos escritos, pues las letras escritas no se asocian correctamente con el fonema que las representa, por lo que hay confusión de letras, letras escritas en espejo, dificultad para distinguir derecha e izquierda, omisión de letras…. Hasta los seis años, es normal que el niño invierta algunas letras o cometa errores al escribirlas, pero si es una constante desde esta edad, conviene consultar.

Disgrafía: alteraciones en la escritura, que se produce por problemas en el ámbito psicomotor, con errores gráficos, dificultad para coordinar la mano y el brazo, problemas para recordar cómo se escriben las letras, imposibilidad de guardar márgenes y espacios adecuadamente o trastornos del ritmo, entre otros.

Discalculia: problema en el aprendizaje matemático, en el procesamiento numérico y en el cálculo, que se manifiesta en las dificultades en realizar operaciones sencillas, imposibilidad para aprenderse las tablas de multiplicar, hacer operaciones más complejas…

Problemas intelectuales

El rendimiento académico del niño suele verse muy afectado si tiene problemas intelectuales. En estos casos, suele realizarse una adaptación curricular, fijando nuevos objetivos personales de acuerdo con las capacidades y potencialidades del niño.

Entre los problemas intelectuales que pueden condicionar el fracaso escolar están el retraso madurativo, tener un cociente intelectual (CI) por debajo de la media, o tener altas capacidades (superdotación). En ocasiones, el retraso madurativo se corrige con el paso de los años y el niño que ha comenzado su periodo escolar con ciertos problemas, puede superarlos más adelante, muchas veces al repetir un curso en el que se armonice mejor su edad mental con el nivel educativo.

Para los niños con CI limitado (por debajo de 85) suelen proponerse adaptaciones curriculares, más acordes con su nivel intelectual. En el caso de niños con altas capacidades, el fracaso escolar no se produce por problemas de comprensión de la materia, sino por desadaptación. Estos escolares se aburren en clase y necesitan propuestas motivadoras que se añadan (o al margen) a lo aprendido por el resto de la clase.

Problemas emocionales

La situación social y familiar tiene mucho peso en el fracaso escolar. El niño debe gozar de un entorno normalizado en su hogar, con normas bien claras y estables, donde haya límites a la vez que reconocimiento, amor y dedicación. El niño desde pequeño debe responsabilizarse de pequeñas parcelas, como sus deberes escolares, y ser capaz de tolerar pequeñas frustraciones sin la sobreprotección paterna.

Por otro lado, aquellas familias con escasos recursos y desestructuradas tienen muchas más probabilidades de que los niños fracasen en el colegio, por factores como la falta de motivación y estímulo, el nivel cultural de los padres y los problemas que lleva asociados la marginalidad.

También situaciones puntuales en el ámbito familiar, como una separación de los padres, una enfermedad de alguno de los miembros, un cambio de residencia o el nacimiento de un hermano pueden alterar momentáneamente el equilibrio psicológico del niño, con el correspondiente reflejo en su rendimiento académico.

Además, la situación emocional del niño puede condicionar su rendimiento escolar decisivamente. Los niños con baja autoestima y poca confianza en sí mismos son menos luchadores y se “rinden” más pronto ante las dificultades, como las de una materia no superada. Si esa mala percepción de sí mismos se arrastra desde pequeños, es probable que el niño tenga más posibilidades de fracasar en el colegio.

En el extremo, padecer alguna alteración psiquiátrica o psicológica, como ansiedad o depresión (mucho más común entre la población infantil de lo que se cree), influye muy claramente en los malos resultados académicos.

También algunas etapas del desarrollo, como la adolescencia, por sus peculiares características pueden presentar más problemas en el rendimiento académico.

Fuentes:

  • Observatorio Faros de Salud Infantil. Hospital San Joan de Deú (Barcelona)
  • Fracaso y abandono escolar en España. Colección Estudios Sociales nº29. Fundación La Caixa
  • Isep Clínic
  • Onmeda Internacional

Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (28 de Diciembre de 2016)