Enfermedades más frecuentes en niños: Enfermedades respiratorias

Autor: Terry Gragera (28 de Diciembre de 2016)

Bronquiolitis

La bronquiolitis es una enfermedad vírica respiratoria que afecta a uno de cada tres bebés menores de un año. En la mayoría de los casos, la bronquiolitis pasa como una enfermedad leve, y solo en determinadas ocasiones exige ingreso hospitalario.

La bronquiolitis es más frecuente en los meses de invierno (suele haber dos epidemias entre noviembre y marzo), y suele estar causada por el virus respiratorio sincitial (VRS). La bronquiolitis se contagia por vía aérea (tos, estornudos) o por tocar objetos contaminados que haya tocado previamente una persona infectada.

Comienza como un catarro, con tos, mocos y algo de fiebre, para evolucionar con dificultad respiratoria (al niño le cuesta coger aire, por lo que hincha el abdomen y hunde las costillas en cada inspiración), y sibilancias (pitidos al respirar), ya que las vías respiratorias se estrechan.

Los episodios de bronquiolitis se prolongan de una a dos semanas, aunque algunos síntomas como la tos pueden permanecer más tiempo. 

Para mejorar el bienestar del niño con bronquiolitis se recomienda hacer lavados nasales suaves antes de comer y dormir, elevar el cabecero de la cama, hacer tomas pequeñas pero más frecuentes y vigilar la hidratación. Si el niño tiene dificultad respiratoria, debe ser visto por un médico. Los antibióticos no son eficaces y los mucolíticos y antitusígenos (contra la tos) son contraproducentes.

La prevención de la bronquiolitis pasa por evitar exponer al niño a personas acatarradas y a lugares muy concurridos, dar lactancia materna y alejarlo del humo del tabaco. También hay que lavar frecuentemente las manos y taparse la boca y la nariz al estornudar o toser para disminuir la diseminación de virus. En niños con problemas de inmunidad se puede poner una vacuna contra el VRS (elaborada con palivizumab), que es de uso hospitalario, o una profilaxis mensual durante la epidemia.

Catarro (resfriado, infección de vías altas)

El catarro, resfriado o infección de vías altas es el principal motivo de visita en la consulta del pediatra. Se contagia por vía aérea (por gotas de saliva) y al tocar objetos contaminados, y consiste en una inflamación que afecta a las vías respiratorias, desde la nariz hasta los bronquios.

Los síntomas del catarro o resfriado son mocos, tos y obstrucción nasal.También puede aparecer fiebre, que será más alta cuanto más pequeño sea el niño. El moco va cambiando de aspecto a lo largo del episodio, de más claro y acuoso a verdoso y más consistente, sin que esto signifique un empeoramiento ni una infección bacteriana. En general, cuanto más agua contiene el moco, más transpartente y acuoso es; por ello conviene dar una hidratación adecuada como parte del tratamiento y hacer lavados nasales suaves. Cuanto menos agua hay, el moco es más viscoso y verdoso. El moco amarillento puede indicar presencia de leucocitos, y habría que consultar con el pediatra. 

La mayoría de los catarros se curan espontáneamente. Sin embargo, conviene acudir al pediatra cuando el niño tiene fiebre mantenida durante más de tres días, muestra dificultad respiratoria, dolor de oídos y decaimiento.

Al tratarse de una infección vírica, los antibióticos no son eficaces. Pueden usarse antitérmicos y analgésicos para aliviar los síntomas y que el niño esté más confortable. También suero fisiológico para despejar la vía respiratoria. En unos días (si no hay complicaciones como la neumonía o la otitis), el catarro se curará por sí mismo.

No hay vacuna para prevenir los catarros, pero conviene evitar los ambientes muy cargados, ya que resecan mucho el moco, dificultando mucho la respiración, y a las personas contagiadas para que el niño no contraiga la enfermedad, así como lavarse las manos con frecuencia cuando se entra en contacto con un bebé.

Faringitis

La faringitis (anginas o faringoamigdalitis aguda) puede estar causada por virus (hasta un 80-90% de las veces) o por bacterias (Streptococcus pyogenes). La faringitis vírica es la más frecuente en cualquier grupo de edad. Por debajo de los tres años, la faringitis bacteriana es rara, pero a partir de esa edad, puede alcanzar hasta el 30% de los casos.

La faringitis se contagia por contacto directo con una persona infectada o por vía aéra (toses, estornudos…). No se produce por pasar frío o por tomar bebidas frías.

La faringitis se caracteriza por una inflamación de la faringe y las amígdalas que presentan enrojecimiento, úlceras o vesículas y a veces exudado (placas). El niño tiene fiebre moderada, dolor de garganta y puede haber también tos (especialmente en la faringitis vírica) y mocos.
El tratamiento para la faringitis vírica es sintomático (analgésicos, antiinflamatorios y antitérmicos), mientras que para la faringitis bacteriana suele utilizarse un antibiótico prescrito por el pediatra.
La extirpación de las anginas no evita los casos de faringitis en la mayoría de los casos. Solo es útil cuando las anginas tienen un tamaño tan grande que dificultan la respiración normal y en los casos de complicaciones graves tras los episodios de faringitis.

Gripe

La gripe es una enfermedad respiratoria de origen infeccioso muy contagiosa. Está provocada por virus que mutan cada año, pero en una misma temporada gripal no se puede pasar más de una gripe, a no ser que el virus mute durante la campaña. Se contagia por el aire, de persona a persona o al tocar objetos contaminados con el virus.

La gripe puede confundirse con el resfriado o catarro por la similitud de sus síntomas, pero en el caso de la gripe estos están más exacerbados y aparecen de forma brusca (fiebre alta, tos, dolor de garganta, dolor de cabeza, escalofríos, secreción nasal, dolor muscular, malestar general, y en ocasiones vómitos y diarrea).

La gripe suele ser leve y curarse sola tras una semana, aunque en niños menores de dos años o en menores inmunodeprimidos o con problemas crónicos de salud puede conllevar complicaciones más graves.

Los antibióticos, como con todas las infecciones víricas, no son eficaces en el caso de la gripe. Sí se pueden utilizar fármacos sintomáticos, para la fiebre y el malestar, como el ibuprofeno y el paracetamol. A los niños no se les debe dar medicamentos con ácido acetilsalicílico (aspirina), ante el riesgo de que se desarrolle el síndrome de Reye.

Hay vacuna anual contra la gripe, pero solo se administra a niños de riesgo (inmunodeprimidos y con enfermedades crónicas) o a niños que convivan con pacientes de riesgo.

Laringitis

La laringitis (laringitis aguda también denominada crup) es una enfermedad respiratoria aguda provocada por la inflamación de la laringe a consecuencia de un virus. Es muy común en niños de entre seis meses y seis años, especialmente durante el invierno.

Los síntomas de la laringitis son tos fuerte y seca (sin expectoración) con un sonido muy característico (tos perruna). Además, hay afonía y ronquera y el niño emite un ruido al respirar (estridor laríngeo). Al comienzo de la infección puede haber fiebre y mocos. La laringitis empeora de noche.

Al ser una infección vírica, no se deben utilizar antibióticos. Sí se pueden dar al niño paracetamol o ibuprofeno en caso de fiebre o de dolor de garganta. Los jarabes y supositorios contra la tos están contraindicados, a no ser que los indique el pediatra. Tampoco se recomiendan los vapores de eucalipto o de mentol.

Para mejorar el bienestar del niño con laringitis, hay que ofrecerle líquidos y evitar que el ambiente esté seco. Si tiene un ataque de tos de noche, respirar aire frío (en la ventana, bien abrigado) puede ayudarle, ya que el aire frío disminuye la inflamación de los tejidos.

La laringitis suele ser un proceso leve, pero hay que vigilarla si el niño muestra una creciente dificultad respiratoria o el estridor laríngeo se oye en todo momento y no solo cuando inspira. En este caso, el pediatra puede indicar otros fármacos (corticoides).

No hay vacuna contra la laringitis, que es muy contagiosa.