Elegir el calzado infantil

Autor: Terry Gragera Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (28 de Diciembre de 2016)

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Elegir el calzado infantil de forma adecuada es imprescindible para evitar problemas podológicos en el niño.

Hasta que empieza a andar, entre los 12 y los 18 meses, el zapato del bebé cubre una función básica: proteger del frío. Así, hay que elegir un calzado cómodo y flexible, que permita al bebé reptar, gatear y moverse sin dificultades. Cuando aún no camina, es un error elegir zapatos de bebé con amplios refuerzos para “sujetarles” el pie. Así, pues, el único requisito a esta edad debe ser que no pase frío. Es aconsejable, tanto en esta etapa, como más adelante, cuando ya empieza a caminar, que en casa el niño goce de libertad en los pies. Así, si no hay alguna patología que le obligue a llevar un calzado especial, incluso en su hogar, es muy bueno que los pies estén sin zapatos, protegidos tan solo por calcetines antideslizantes para evitar caídas.

El mejor momento para comprar los zapatos al niño es al final de la tarde, pues a esta hora los pies suelen estar más hinchados y es cuando se puede elegir con más garantías el número adecuado. Hay que revisar periódicamente que el zapato no aprieta y no se ha quedado pequeño, teniendo en cuenta que cada trimestre el pie puede crecer unos 8 milímetros.

Cuando el niño comienza a andar, necesitará otro tipo de zapatos con unas características determinadas. Elegir bien es muy importante, ya que cuando el calzado no es el adecuado se pueden provocar una serie de problemas, como alteraciones en la marcha, problemas en las uñas, tendinitis y bursitis en la zona posterior del talón. Así, este sería el zapato ideal infantil:

1. Nuevo. Los zapatos no deben pasar de un niño a otro. Con el uso, cada uno lo adapta a su forma y por eso los podólogos insisten en que no deben reutilizarse con otra persona. Los zapatos han de ser nuevos y de uso personal.

2. Protección que no impida el movimiento. El zapato del niño debe protegerlo del frío, la humedad o los posibles riesgos del suelo, como ocurrían en el caso de los bebés. Sin embargo, es fundamental que le permita también realizar el movimiento natural del tobillo. El problema de las botitas altas que se suelen poner a los niños que comienzan a andar con la falsa creencia de que “sujetan más” es que dificultan el movimiento de la articulación del tobillo, que es imprescindible para que la musculatura de la zona se desarrolle adecuadamente.

3. Suela flexible. La suela del zapato infantil ha de ser flexible. Al caminar, tanto la planta como los dedos de los pies se mueven al compás. Si la suela es rígida, impide ese movimiento articular de los dedos de los pies, que se flexionan durante la marcha. La flexibilidad se puede comprobar doblando la suela hacia arriba.

4. Número correcto. Es un error comprar zapatos de un número mayor para que sirvan durante más tiempo. Para que con el movimiento del pie al caminar los dedos no rocen en la parte delantera del zapato, debe quedar un centímetro de separación. También hay que fijarse en que la altura del zapato por la zona de los dedos y del empeine es la correcta para que no haya roces, ampollas o incomodidades. La talla correcta del niño puede descubrirse dibujando en cartón una plantilla de su piel. Esta debería caber entera en el zapato. Otro truco es ponerle el zapato al niño. Una vez en su pie, en la parte del talón, debería caber fácilmente (aunque sin holgura) el dedo de un adulto. Además de probarle el zapato sentado, es conveniente que el niño se ponga de pie y camine un poco para cerciorarse de que es el número correcto. 

5. Planta ancha. El calzado ha de ser lo suficientemente ancho para que los dedos de los pies no se monten entre sí y puedan moverse dentro del zapato. A la hora de comprarlo se deben tener en cuenta también las características podológicas de cada niño: cómo tiene el empeine, los dedos… Para un niño, la planta del zapato ha de ser cuadrada o redonda, pero nunca puntiaguda.

6. Material transpirable. Los zapatos infantiles deben estar elaborados con materiales que permitan la transpiración para que el pie no sude. Esto se consigue con materiales naturales, como la piel, el algodón, el cuero… Cuando el material es sintético, hay más riesgo de que el niño tenga hongos en el pie o en las uñas (onicomicosis) y de que aparezcan verrugas o eczemas.

7. Agarre adecuado. Para que el niño no tenga que hacer un esfuerzo extra por sujetar el zapato con el pie mientras camina, el calzado debe adaptársele bien. Esto se consigue con modelos dotados de cordones, velcro u otros sistemas para que el zapato vaya sujeto al empeine y no “baile”.

Pie plano, ¿hasta cuándo?

Todos los bebés nacen con el pie plano. La bóveda plantar se empieza a formar por sí misma cuando el bebé comienza a andar. Por este motivo no hay que poner plantillas con forma curva a los bebés. Será su propio pie el que vaya formando el arco plantar.. Si a los tres años se observa que el niño sigue manteniendo el pie plano u otras alteraciones, conviene consultar con el pediatra. Muchos problemas podológicos pueden evitarse con una buena observación de los pies del niño y de su forma de caminar. También es importante cortarles las uñas correctamente para que puedan apoyar bien el pie al andar. Las uñas deben cortarse de forma recta para evitar que se encarnen en la piel.