¿Cuántas horas pueden estar los niños delante de pantallas?

Autor: Terry Gragera (24 de Marzo de 2017)

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Casi desde que nacen, los niños son consumidores de pantallas: tv, tablet, ordenador, teléfono móvil, consolas de videojuegos... Pero necesitan límites, ya que un consumo excesivo o inadecuado puede afectar negativamente tanto a su salud como a su desarrollo personal y escolar. 

Al igual que ocurre con otros instrumentos de la vida cotidiana, los más pequeños precisan de normas para convivir con las posibilidades del mundo digital y deben ser instruidos acerca de un uso correcto y que no implique riesgos. 

Un uso excesivo de pantallas conlleva problemas de salud, como alteraciones de sueño, irascibilidad, agresividad, más riesgo de déficit de atención, trastornos de alimentación, obesidad… Además, cuando los contenidos son inadecuados a su edad, pueden desarrollar comportamientos violentos o acabar teniendo una imagen distorsionada de la sexualidad.  

Así, hay que fijar límites en cuanto al número de horas y a los contenidos que los menores pueden pasar ante las pantallas.

Menores de 2 años

Los menores de dos años no se deberían exponer nunca a pantallas, incluida la televisión, según una recomendación de la Academia Americana de Pediatría. Sin embargo, las estadísticas hablan de que más del 90% ya lo ha hecho en su primer año de vida.

Durante los dos-tres primeros años de edad, el cerebro del niño experimenta un intenso crecimiento que necesita de la manipulación de objetos y el contacto directo con personas. El bebé tiene que enfrentarse directamente a las relaciones de causa-efecto propiciadas por él mismo (lanza una pelota y cae) y ha de interpretar las voces, los gestos y las palabras de las personas que lo acompañan. Aunque el niño menor de dos años pueda jugar en un dispositivo digital, su cerebro no es capaz de trasladar esa experiencia a su mundo real. Igualmente, cuando un bebé se dedica a ver la tele está dejando de hacer otras cosas fundamentales en su desarrollo, como ejercitar sus habilidades cognitivas, lingüísticas, sociales, emocionales y motoras. Así, el uso de pantallas antes de los 18 meses puede afectar negativamente al lenguaje, la memoria a corto plazo, la lectura, el sueño y la atención del bebé.

Lo más aconsejable es que antes de los dos años no se exponga al niño a pantalla (salvo excepciones puntuales como las videollamadas). En todo caso, si hay padres que desean introducir las pantallas en la vida de sus hijos a una edad temprana, ha de ser a partir de los 18 meses, eligiendo siempre contenidos educativos de calidad y con la presencia constante del adulto mientras el bebé está ante ellas.

Niños entre 2 y 5 años

El tiempo máximo de exposición a pantallas en niños de entre dos y cinco años es de una hora diaria, aunque lo ideal sería no sobrepasar los 30 minutos al día. En esta franja de edad es muy importante que sean los padres los que elijan los contenidos tanto de la televisión como del resto de dispositivos.

Así, han de ser contenidos educativos de calidad que permitan al niño aprender conceptos nuevos relacionados con matemáticas, lenguaje, ciencias… y que fomenten las habilidades sociales.

La televisión y el resto de medios digitales no pueden convertirse en una “niñera” ni en un “objeto de consuelo”. Los adultos deben permanecer con el niño de entre dos y cinco años cuando este se encuentre ante una pantalla. Es la forma de dar sentido a lo que ve y de ayudarle a trasladar lo observado al mundo real en el que vive. Además, cuando el niño tenga una rabieta o esté portándose mal, las pantallas no deberían ser el único recurso para calmarlo, pues se corre el riesgo de que acabe teniendo dificultades para regular sus emociones o entender los límites.

Los programas o las aplicaciones elegidas para niños pequeños deben tener un ritmo lento y no ofrecer demasiado contenido para que el menor pueda seguir bien su evolución. Los contenidos violentos o para una edad superior están totalmente desaconsejados.

Durante la edad preescolar están mucho más recomendados los juegos no estructurados, ya sea de forma individual o con otros niños, que los juegos digitales, pues las interacciones padre-hijo contribuyen mejor al desarrollo del niño que las aplicaciones virtuales. El juego real (no virtual) potencia, entre otros, el control de impulsos, la flexibilidad de pensamiento, la regulación emocional y la persistencia de tareas, por lo que debe primar siempre.

Niños entre 5 y 12 años

El tiempo de exposición a pantallas puede ir aumentando de 60 minutos a 90 minutos diarios en la infancia hasta la pubertad.

En este periodo es muy importante facilitar al niño otras alternativas alejadas del mundo digital, ya que un consumo excesivo puede tener importantes consecuencias sobre su salud en un momento en que se fijan los buenos hábitos de vida.

Así, está demostrado que pasar demasiadas horas ante las pantallas favorece el sedentarismo y la obesidad infantil, en parte también por la cantidad de publicidad de comida a la que se enfrenta un menor que ve la televisión.

Por otra parte, los niños que a últimas horas del día siguen jugando con dispositivos electrónicos sufren peor calidad de sueño y duermen menos, tanto por las horas de juego que son robadas al descanso como por el pernicioso efecto que la luz azul de las pantallas tiene sobre la melatonina endógena, que es la que regula el sueño. Por este motivo, los niños nunca deberían tener en el dormitorio televisores, ordenadores o móviles.

A esta edad los padres deben supervisar los contenidos que ven sus hijos y habilitar los controles parentales correspondientes para que no puedan acceder a páginas inadecuadas. Muchos de los contenidos infantiles contienen anuncios que no son apropiados para ellos, especialmente cuando son muy pequeños, ya que no son capaces de diferenciar la realidad de la publicidad.

Niños desde 12 años

El consumo de medios digitales se dispara durante la adolescencia, sin embargo, no debería sobrepasar nunca las dos horas diarias.

En este momento los menores hacen uso, especialmente, de las redes sociales, por lo que es aconsejable que los padres tengan conocimientos acerca de cómo funcionan. De hecho, por ley, los menores de 14 años no pueden abrir cuentas en la mayoría de las redes sociales.

A estas edades, los niños no son del todo conscientes de los riesgos y los peligros de Internet, por lo que han de recibir información y vigilancia por parte de sus progenitores. Así, deberían usar los medios digitales en un lugar común de la casa. Los contenidos de juegos y aplicaciones han de ser revisados también y se tiene que atender a las indicaciones de edad que presentan, pues los violentos, sexuales o contrarios a las normas de convivencia pueden hacer mucho daño al cerebro adolescente en un momento de intenso cambio como el que vive.


Es muy importante controlar el número de horas que los adolescentes pasan frente a las pantallas para que ni su salud (alimentación, ejercicio, horas de sueño) ni su rendimiento escolar ni sus relaciones sociales o familiares se vean afectadas. Algunos menores a estas edades comienzan a tener problemas para reducir el tiempo que pasan en entornos digitales y muestran indicios de conductas adictivas. 

10 Consejos para reducir el consumo digital en familia

Además de limitar el tiempo y vigilar los contenidos, la familia puede establecer una serie de normas para reducir el consumo digital. Estos son 10 consejos para lograrlo:

  1. Durante las comidas el televisor debería permanecer apagado para fomentar el diálogo. Igualmente, se prescindirá de los móviles mientras se coma en familia.
  2. En el dormitorio de los niños no debería haber televisor, tabletas, consolas o móviles en el momento de irse a dormir. Al menos una hora antes de dormir, el niño no debe usar aparatos electrónicos para favorecer la calidad del sueño.
  3. Siempre que sea posible, los padres han de compartir el tiempo de televisión de sus hijos, lo que resulta imprescindible cuanto más pequeños sean.
  4. Cuando no se estén usando o viendo, las pantallas deberían estar apagadas, por ejemplo, desconectando el televisor si nadie está delante de él.
  5. Los contenidos digitales tienen que ser revisados previamente por los padres que, instalarán en caso necesario, sistemas de control parental en los dispositivos para impedir el acceso a páginas o contenidos inadecuados.
  6. Las normas acerca de los contenidos prohibidos (sexo, violencia, drogas…) han de estar claras y cumplirse siempre.
  7. Los hijos han de saber previamente de cuánto tiempo disponen para dedicarlo a medios digitales y hay que ser consistentes en el tiempo aplicando las restricciones. Es bueno ejercitar su autocontrol en este sentido, intentando que sean ellos los que estén pendientes del tiempo máximo y sean capaces de abandonar el dispositivo por sí mismos cuando el horario se ha cumplido.
  8. Lo ideal es que a los hijos se les explique por qué se limita el uso de pantallas para que entiendan que no es una decisión arbitraria. Si hay dificultades en el cumplimiento, se puede hacer una revisión con ellos de por qué se está fallando. Es mejor consensuar que prohibir.
  9. Es más fácil seguir las normas si los padres dan ejemplo en el mundo digital, teniendo un consumo responsable de medios como el teléfono o las redes sociales.
  10. El juego en medios digitales se debe compatibilizar con el juego real para que los niños se muevan, se socialicen y exploren otras partes muy importantes de su desarrollo.

    Fuentes: 

    Cómo elaborar un plan para el consumo digital en familia. Academia Americana de Pediatría 

    Digital Media and Society Implicationes in a Hyperconnected Era. Foro Económico Mundial 

    ¿Qué dice la ciencia sobre el uso de tablets y pantallas en los niños? Educar en calma 

    ¿Cómo deben usar las pantallas los niños? Neuronas en crecimiento