Cómo saber si el niño está mamando bien: La subida de la leche

Autor: Terry Gragera Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (3 de Enero de 2017)

Desde la segunda mitad del embarazo, el cuerpo de la madre se prepara para producir leche; es el proceso conocido como lactogénesis I, en el que intervienen determinadas hormonas. Una vez que el niño nace, comienza el proceso de lactogénesis II en el que, además del componente hormonal, se necesita la succión eficaz por parte del bebé. Es lo que popularmente se conoce como “subida de la leche” o “bajada de la leche” (según el país).

Por lo general, la subida de la leche suele producirse a las 72 horas posparto (al tercer día), aunque puede retrasarse algo más en ciertos casos. La subida de la leche se produce cuando, después del parto, desciende acusadamente el nivel de dos hormonas: progesterona y lactógeno placentario, mientras permanece alto el nivel de prolactina y en proporciones adecuadas el nivel de cortisol. Sin embargo, todo este movimiento hormonal necesita de la succión del niño para segregar la leche.

Hasta el tercer día en que se suele producir la subida, la madre genera calostro, la primera leche, más concentrada, densa y oscura, y que, llena de factores protectores, está considerada como un auténtico “oro líquido” para el recién nacido. Así, el bebé está perfectamente alimentado con calostro hasta ese tercer día en que sube la leche.

Para algunas mujeres, la subida de la leche resulta dolorosa, pero para otras es más progresiva, aunque también perciban cambios en las mamas y noten ciertas molestias. Es normal que las mamas aumenten de tamaño, estén más calientes e incluso algo endurecidas, pero esta sensación se va a ir rebajando con el paso de los días, de tal forma que solo se notarán muy llenas cuando hayan transcurrido muchas horas desde la toma anterior.

Hay algunas pautas que conviene seguir para que la subida de la leche no resulte un problema:

  • Inicio precoz de la lactancia tras el parto (lo mejor, en la primera hora tras el nacimiento).
  • Tomas frecuentes y sin restricción horaria.
  • Mamar en una posición correcta (buen agarre al pecho).
  • No usar chupetes, biberones ni tetinas.

Algunas mujeres llegan a tener fiebre con la subida de la leche. Es normal tener unas décimas (por debajo de 38º C), pero si la temperatura es mayor, conviene consultar con el médico para que prescriba un antiinflamatorio (la mayoría son inocuos durante la lactancia) y examine a la madre por si hay algún otro problema.

Cuando, tras la subida de la leche, el niño no succiona de forma eficaz, puede producirse una ingurgitación patológica, en la que las mamas están tan duras que es imposible agarrarse al pecho. Para aliviar la situación lo mejor es poner hojas de col sobre el pecho, que son ricas en taninos, cuya acción desinflamatoria está probada científicamente. Las hojas se colocan encima de las mamas y se sostienen con el sujetador, mientras se da un masaje descongestionante.

Si los pechos están muy duros, resulta ineficaz y poco adecuado aplicar calor antes de las tomas, pues la situación puede empeorar, así como poner frío después de que mame el niño, pues al contraer los conductos la leche, esta fluiría con mayores dificultades aún.

Después de unos pocos días, la producción láctea se adapta a la demanda del niño, de modo que el pecho va a generar la cantidad de leche que él pide, y las subidas ya no se notan con tanta fuerza, excepto cuando pase mucho entre toma y toma.

En todo caso, una lactancia a demanda, frecuente y precoz y en la posición adecuada es la mejor garantía de que la subida de la leche transcurrirá sin problemas.