Cómo prevenir el abuso sexual a niños: Qué hacer si hay sospechas

Autor: Terry Gragera Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (27 de Diciembre de 2016)

Los abusos sexuales a menores no siempre son descubiertos, aunque hay algunos indicios tanto físicos como emocionales que pueden hacer sospechar.

Entre los indicios físicos están las irritaciones o inflamaciones en el área genital, infecciones urinarias o somatizaciones como dolor de cabeza, dolor crónico abdominal o sarpullidos en la piel, a causa de la ansiedad.

Son más frecuentes, sin embargo, las síntomas emocionales, pues el niño puede cambiar repentinamente su comportamiento, mostrándose muy rebelde, ansioso, perfeccionista, retraído, depresivo, con rabia…

Otra de las señales que pueden advertir de un posible abuso sexual a un niño es que este tenga un lenguaje o un comportamiento sexual impropio para su edad.

El abuso sexual a un menor es un delito y, como tal, debe ser denunciado, ya que la Ley obliga a poner en conocimiento de las autoridades cualquier caso de abuso sexual a menores. Se puede acudir a un juzgado de guardia, a la Fiscalía de Menores, la Policía Local, la Policía Nacional, la Guardia Civil, los servicios sociales y cualquier servicio de protección al menor o atención a la familia.

Denunciando el abuso no solo se protege al niño sino a otros muchos menores, ya que la mayor parte de los abusadores tienen, incluso, cientos de víctimas.

Con respecto al niño, si se sospecha que ha sufrido un abuso hay que tratar el asunto con mucha delicadeza. Lo más importante es que no sienta que se le acusa ni se le culpa y que no perciba que sus padres pueden estar enfadados con él. Al contrario, hay que agradecerle que tenga la valentía de contarlo y tranquilizarlo diciendo que a partir de entonces lo protegerán.

Aunque lo que esté contando resulte muy duro, los progenitores han de procurar permanecer serenos, porque las reacciones extremas pueden provocar que el niño se retracte de lo confesado bien por miedo, por vergüenza o por temor a romper la armonía familiar.

Se debe intentar averiguar lo que ha pasado, pero no interrogar al menor sobre por qué se comportó de una forma determinada. Nunca debe sentir que se le culpa de lo ocurrido. Hay que escucharlo de forma tranquila, transmitirle que se le va a ayudar, denunciar el hecho y buscar ayuda profesional (Teléfono Europeo de Ayuda a la Infancia 116 111).