Cómo mejorar la autoestima de tu hijo: Influencia de la educación

Autor: Terry Gragera Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (27 de Diciembre de 2016)

Los estilos educativos de cada familia pueden influir decisivamente en que el niño tenga una mayor o menor autoestima. Hay distintos aspectos que la condicionan:  

Implicación paterna

Necesariamente, para que el niño goce de una autoestima alta necesita sentir que sus padres se implican de manera decidida, continua y amorosa en su educación. Si el niño siente que sus padres se ocupan de él, le dedican el tiempo necesario de manera consciente y se siente amado, es mucho más probable que goce de buena autoestima. 

Manifestaciones de cariño

Si el niño vive en un entorno amoroso, en donde son frecuentes las manifestaciones de cariño, es mucho más probable que goce de una buena autoestima. El niño debe sentir que sus padres están orgullosos de él y lo aceptan y quieren tal como es. Esto debe verbalizarse cuando el niño haga algo positivo: “qué bien has recogido tu habitación”, pero sin caer en el elogio constante, pues el niño podría sentir una hiperresponsabilidad para no defraudar. 

Ser un buen ejemplo

El niño puede escuchar o no los consejos que se le digan, pero inevitablemente convive con el ejemplo de sus padres. En relación a la autoestima, es importante que perciba que sus padres tienen un sano concepto de sí mismos, que son capaces de perdonarse sus fallos sin dramatizar, que no se rinden ante las dificultades, que no son hipercríticos con los fallos ajenos, que son asertivos y asumen retos sin miedo.

Sobreprotección

Además de otros problemas, sobreproteger a un hijo conlleva un riesgo elevado de que su autoestima no se desarrolle correctamente. Esto es así porque cuando los padres protegen excesivamente no lo dejan asumir las responsabilidades, riesgos y enseñanzas propios de su evolución natural. El niño interpreta ese exceso de protección como un “yo no soy capaz”, lo que merma su autoestima. Además, para forjar una adecuada imagen de sí mismo necesita equivocarse, fracasar en ocasiones y buscar sus propias estrategias de mejora, lo que no es posible si los padres le dan todo hecho y no le permiten equivocarse. 

Premiar el esfuerzo y no el resultado

No todos los niños son igual de brillantes en todas las áreas, por eso, más que el resultado, hay que premiar el esfuerzo y la constancia hacia la consecución de ese objetivo, lo hayan logrado o no finalmente. De esta manera, el niño se siente aceptado y valorado por sí mismo, independientemente de sus éxitos o “fracasos”. Los premios no tienen por qué ser materiales, pues los niños son más sensibles al elogio verbal.

No indicar cómo mejorar

Como una variante de la sobreprotección, muchos padres no señalan a sus hijos los fallos que cometen para que no se sientan mal. Es un error. A los niños hay que indicarles de forma tranquila tanto lo que hacen bien como aquello en lo que se equivocan. Eso sí, se hará sin generar culpabilidad, sino transmitiendo que se trata, no de un fracaso, sino de una oportunidad para aprender y mejorar, en la que pueden contar con la ayuda paterna.

Expectativas no realistas

Los hijos no deben vivir la vida que hubieran querido sus padres ni deben asumir ideas o conceptos sobre ellos que no respondan a una posibilidad real. Muchos niños con baja autoestima han llegado a esa situación abrumados por juicios de valor demasiado elevados hacia ellos que les obligan a la excelencia siempre. El niño debe ser aceptado tal como es, aunque debería poder contar con los padres para avanzar en mejorar en aquellos aspectos para los que esté mejor dotado o sean de su interés. Transmitirles un perfeccionismo excesivo va en contra de una adecuada autoestima. 

Presencia o ausencia de límites

Los niños necesitan tener límites claros, concretos, consistentes y adecuados a su edad y a sus circunstancias. La falta de límites puede ser interpretada por el niño como un “no merezco la atención de mis padres”. Los límites deben ser firmes, lo que no está reñido con el cariño y el respeto. De esta forma se fomenta la autoestima infantil. Además, es importante que el niño perciba que sus acciones y decisiones tienen consecuencias, lo que le generará la responsabilidad precisa para fomentar su autoestima. 

Lenguaje adecuado

A la hora de educar al niño es muy importante cuidar el lenguaje con el que nos dirigimos a él. Si se equivoca, no hay que señalar su persona: (“eres despistado”), sino la acción (“te has despistado, vamos a arreglarlo”). El niño nunca debe recibir insultos ni descalificaciones ni en privado ni en público.