Autoestima en el adolescente

Autor: Terry Gragera (4 de Abril de 2017)

© iStock

La adolescencia es un periodo crítico para la formación de la autoestima. Durante esta etapa de la vida se suceden intensos cambios físicos, psicológicos y sociales que pueden comprometer la buena imagen que el chico de entre 12 y 17 años tiene de sí mismo. 

La autoestima incluye tanto la opinión que tenemos de nuestra valía como la autoaceptación; es decir, todo lo que pensamos y sentimos acerca de nosotros y cómo aceptamos tanto lo bueno como lo malo que nos define y caracteriza. 

Es habitual que la autoestima baje durante la adolescencia. La razón es, principalmente, la gran cantidad de transformaciones físicas a las que se ve sometido un chico a esta edad, y que en muchas ocasiones le hacen sentir un extraño en su propio cuerpo. 

En esta etapa, y especialmente entre las chicas, se da mucha importancia al aspecto físico. Esa imagen es vital para crear una identidad personal, y no siempre los adolescentes se sienten cómodos en un cuerpo que cambia con tanta rapidez. Sucede, igualmente, que en este periodo, la persona ya ha adquirido una notable capacidad reflexiva para evaluarse individualmente, que puede actuar en su contra. 

Además, para los adolescentes es vital contar con la aceptación de su grupo de referencia, de sus iguales, para lo que tendrán en cuenta tanto sus opiniones como el trato. Sus familiares y allegados van a seguir siendo importantes en la consolidación de una buena autoestima, pero ahora quedan relegados a un segundo plano en favor de los otros chicos de su edad. 

Por un lado, los adolescentes necesitan sentirse aceptados por el grupo, pero por otro precisan sentirse diferentes y construir una personalidad propia que es la que les va a llevar hasta el mundo adulto.

Cuando un adolescentes tiene una elevada autoestima disfrutará de la vida adulta de una forma más independiente, responsable, entusiasta, productiva y equilibrada.  

Durante la adolescencia, los chicos con una buena autoestima están más motivados para aprender, son más tolerantes a la frustración, se sienten más seguros, son más sociables, más responsables, más creativos y más autónomos y pueden superar mejor las dificultades vitales.

Algunos síntomas de que el adolescente cuenta con una buena autoestima son: 

  • Ganas de aprender. Son chicos inquietos, que quieren aprender cosas, implicarse en nuevos proyectos y que renuevan sus objetivos. Tienen fe en el futuro, son optimistas y se sienten responsables de sus propios actos.
  • Aceptan las críticas y se aceptan a sí mismos. Aceptan las críticas que vienen de fuera como una oportunidad para aprender. Además, son condescendientes consigo mismos a la hora de valorar los aspectos menos positivos de su personalidad. Se conocen bien y aceptan tanto lo bueno como lo malo de sí mismos.
  • Estabilidad emocional. Saben controlar sus emociones, sus pensamientos y sus acciones. Tienen relaciones saludables con los demás porque se respetan a sí mismos.
  • Saben hacer amigos, confían en sí mismos y se muestran dispuestos a ayudar a los demás. 

Sin embargo, cuando el adolescente tiene una baja autoestima, es decir, no se siente a gusto consigo mismo y no es quien desearía ser, actúa de la siguiente forma:

  • Autocrítica constante. Todo le parece mal; siente una gran insatisfacción hacia todo lo que le rodea y hacia sí mismo.
  • Complejos e inseguridades. Siente vergüenza de sí mismo, por su aspecto personal o por su forma de ser. Cree que ninguna actividad se le da bien y que nadie lo acepta tal como es. No confía en sí mismo ni en su capacidad de control.
  • Se muestra muy hostil e irritable y es muy difícil complacerlo. Cuando algo no le gusta, lo que sucede muy a menudo, le cuesta dominar la irritación y se vuelve hostil y antisocial. La hipersensibilidad se manifiesta también en la incapacidad de recibir críticas.
  • No tiene grandes expectativas sobre su futuro, que ve negativo y con pocas perspectivas.
  • Se siente obligado a hacerlo todo bien, y cuando no es así lo considera un fracaso. Esto le lleva a culpabilizarse tanto por cosas que son responsabilidad directa suya como por las que no lo son.
  • Indecisión. Por el miedo a fallar, se muestra indeciso constantemente.
  • Timidez extrema. Una fuerte timidez y/o contar con pocas habilidades sociales puede ser indicativo también de baja autoestima.
  • Indisciplina y falta de iniciativa. Los adolecentes con baja autoestima pueden mostrarse indisciplinados y poco interesados en actividades deportivas, sociales o educativas por miedo al fracaso. Esto les lleva también a no querer comprometerse.
  • Necesidad continua de aprobación y atención. Hay una imperiosa necesidad de ser el centro de atención y de que todos aprueben sus actos.
  • Miente o culpa a otros de sus actos para eludir su responsabilidad. 

La baja autoestima durante la adolescencia produce malestar emocional. En casos más acusados, puede llevar a una depresión, incrementa el riesgo de caer en adicciones y en trastornos de la alimentación y genera problemas de relación social.

Cómo mejorar la autoestima del adolescente

La autoestima se va construyendo durante toda la vida. El papel de la familia es muy importante en el autoconcepto que la persona va forjando de sí misma en sus años de infancia y adolescencia.

Estas son los consejos básicos para mejorar la autoestima de los adolescentes:
 

  • Crear un hogar estable. Los adolescentes siguen necesitando normas. Se sienten inseguros, por eso los padres deben proporcionarles un entorno con límites adecuados (pocos, pero firmes) y normas que marquen la convivencia. En la familia, el adolescente debe vivir de forma armónica y amorosa con la seguridad de que puede contar con sus padres, y estos deben ser un buen ejemplo de cómo cumplir en familia límites y normas.
  • Darle libertad y responsabilidad. Los adolescentes necesitan su parcela de libertad y responsabilidades crecientes acordes con su edad. Si surgen dificultades, lo ideal es que se les invite a buscar la solución por sí mismos, pero manteniéndose cerca para ofrecer consejo o para actuar en caso necesario.
  • Valorar sus opiniones. Los adolescentes necesitan expresarse y en muchas ocasiones lo harán con opiniones muy distintas a las de sus padres. Cuando expresen una idea, hay que dejarlos hablar hasta el final, escuchándoles atentamente y teniendo en cuenta sus ideas, aunque parezcan descabelladas. Pedirles opinión en temas generales es muy beneficioso para ellos.
  • No sobreproteger. El adolescente necesita empezar a enfrentarse al mundo por sí mismo, por eso la sobreprotección puede perjudicarle mucho. Esto no significa mantener un estilo educativo descuidado. Los padres deben estar muy presentes en la vida de su hijo, y es muy bueno programar actividades en familia durante la adolescencia, pero dejándoles un espacio personal y no sobreprotegiendo.
  • Alabar lo bueno. La comunicación entre el adolescente y sus padres no puede basarse solo en las quejas. Es bueno alabar su comportamiento y sus logros cuando así lo merezca, sin hacer comparaciones en ningún caso. El halago no ha de ser excesivo para que no se sienta abrumado. Si no ha conseguido algún objetivo, hay que indicarle que es una oportunidad para aprender (más que un fracaso) y que no es indicativo de su valía. En todo caso, la meta final para el adolescente no debe ser la perfección.
  • Reforzar los hábitos saludables. Teniendo en cuenta la importancia que para el adolescente tiene su imagen corporal, desde la familia se deben reforzar los hábitos saludables en cuanto a nutrición y deporte. También es aconsejable dar en familia otros valores que trasciendan a la mera imagen física. 
  • Animarlo a participar en actividades sociales y de su interés. A través del voluntariado o de actividades sociales, el adolescente se socializa y se otorga valor a sí mismo al colaborar con otras personas. Igualmente hay que apoyarlos en sus intereses personales (pintura, deporte, baile…) para que los desarrollen como forma de expresión y auto-realización.

     

Fuentes:

Asociación Española de Pediatría (AEP)
Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap)
Onmeda Internacional