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¿Por qué envejecemos?

Autor: Laura Marcos (10 de Enero de 2017)

© iStock

Desde el día en que nacemos, todas las personas estamos destinadas a envejecer y, en última instancia, a morir. El envejecimiento es un hecho de la naturaleza que no podemos cambiar. Pero, ¿por qué envejecemos? ¿Podemos retrasar este inexorable proceso? ¿Sería posible dejar de envejecer?

El envejecimiento se puede definir como el conjunto de cambios en células, tejidos y órganos del cuerpo que se suceden con el paso del tiempo. Estos cambios son, en definitiva, una acumulación de ADN dañado, que impide que las células se regeneren y proliferen nuevas. Llega un momento en el que el proceso de regeneración y creación de nuevas células se detiene, y se almacenan células dañadas. Es entonces cuando se originan los efectos visibles del envejecimiento en el cuerpo, la pérdida generalizada de las funciones fisiológicas y un mayor riesgo de enfermedades y fallecimiento. Por definición, el envejecimiento está relacionado directamente con la salud. A mejor salud, menor daño genético y más lento será el envejecimiento. Si bien todas las personas estamos destinadas a envejecer, no todas lo hacemos al mismo tiempo. El envejecimiento depende de la genética de la persona, de su estado de salud general y de los factores ambientales que la rodean. De hecho, el estilo de vida es el responsable en un 80% del buen estado de salud.

Aunque no nos demos cuenta, el paso del tiempo, nuestra propia genética y malos hábitos de vida, (como el tabaquismo, el estrés, el sedentarismo o una mala alimentación) van desencadenando procesos en el interior de nuestras células que, de manera invisible, pero inexorable, van determinando nuestro estado de salud futuro, nuestra esperanza de vida e, incluso, las enfermedades que padeceremos. Por tanto, ¿qué mecanismos moleculares ponen en marcha el proceso de envejecimiento?

Telómeros 

Los telómeros y su papel en las células han sido clave en la investigación del envejecimiento y enfermedades como el cáncer en los últimos años. Estas pequeñas estructuras se sitúan en los extremos de los cromosomas, que guardan la información genética de cada célula. Se ha descubierto que cuanto más cortos sean los telómeros, menor esperanza de vida, y peor estado de salud, con más riesgo de enfermedades. Con el paso del tiempo, en cada división celular, los telómeros se van acortando, hasta que se alcanza un número de divisiones crítico (a partir de entre 50 y 60). En ese momento, los telómeros tienen una longitud lo bastante corta como para que el proceso de envejecimiento se vuelva imparable. Las células pierden la capacidad de regenerarse y dividirse, y mueren.

La longitud de los telómeros es determinante en el estado de salud y en la esperanza de vida de las personas. Además, se sabe que es variable en cada individuo. Al igual que el peso o la altura, los humanos pueden situarse en diferentes percentiles en cuanto a la longitud de sus telómeros. Una persona con los telómeros más largos tendrá, en general, mejor estado de salud y menor probabilidad de desarrollar enfermedades, aumentando su esperanza de vida.

Y, si la longitud de los telómeros es diferente en cada persona, ¿hay algo que podamos hacer al respecto? ¿Puede modificarse la longitud de los telómeros? Lo cierto es que sí. Los factores ambientales pueden hacer que la longitud de los telómeros se acorte. Por tanto, lo que podemos hacer para asegurar nuestra buena salud es evitar aquellos factores que acortan los telómeros y aceleran el envejecimiento.

¿Qué hábitos de vida producen daño celular, acortan los telómeros y, por tanto, precipitan el envejecimiento?

  • La exposición a sustancias tóxicas, como la nicotina, el alcohol o la polución.
  • La mala alimentación (exceso de grasas saturadas, alimentos procesados y consumo insuficiente de verduras, frutas, hidratos de carbono integrales y grasas saludables).
  • La obesidad
  • El sedentarismo
  • El estrés crónico.
  • La exposición excesiva a los rayos UV del sol.

Todos estos procesos tienen una intervención en la longitud de los telómeros, acortándolos. Cuando llegan a un tamaño crítico, aumentan las probabilidades de que se produzcan errores y cambios genéticos, que desencadenen en enfermedades y muerte prematura.

De la misma manera que los telómeros se acortan, cabe preguntarse: ¿pueden alargarse los telómeros?

Existe una sustancia en el cuerpo capaz de alargar la longitud de los telómeros, aunque las células sanas no la utilizan naturalmente. La telomerasa tiene la capacidad de alargar los telómeros. Por tanto, confiere vida adicional a la célula. En el año 2009 los científicos Elizabeth H. Blackburn, Carol W. Greider, y Jack W. Szostak recibieron el Premio Nobel de Medicina por el descubrimiento de esta enzima.

Si fuéramos capaces de activar la telomerasa, podríamos extender la vida de las células. De hecho, las células tumorales son las únicas que pueden activar esta enzima para volverse inmortales. Por el momento, esta capacidad está siendo investigada para aplicaciones en cáncer, enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimercardiología e incluso infertilidad. En los últimos años, varios laboratorios científicos han logrado utilizar la telomerasa para alargar la vida de mamíferos. En 2008, El Grupo de Telómeros y Telomerasa del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) consiguió alargar la vida de ratones un 40%, tratándolos con telomerasa.

Radicales libres

Durante mucho tiempo, antes del descubrimiento de los telómeros en 1990, se atribuyó a la oxidación celular la completa responsabilidad del envejecimiento. Aunque no es el único, hoy se sabe que es uno de los procesos que producen daño genético. Pero, ¿qué es un radical libre?

El oxígeno (O2) es imprescindible para la vida. Interviene en la respiración de la célula y en el mecanismo de generación de energía. No obstante, cuando una molécula de oxígeno capta un electrón, y éste queda desparejado, se produce lo que se llama un radical libre. Esta molécula es altamente tóxica y daña la información en la cadena del ADN de las células. La acumulación de estas células dañadas es una causa, por tanto, del envejecimiento.

El daño provocado por la oxidación es un proceso, también, inevitable del paso del tiempo. La respiración celular produce radicales libres, pero también lo hacen otros procesos que tienen que ver con el ambiente: al igual que en la longitud de los telómeros, la exposición a sustancias tóxicas (tabaco, alcohol, contaminación), la mala alimentación, los rayos UV,  y el estrés intervienen en la formación de más radicales libres en las células de los tejidos, precipitando el envejecimiento y produciendo alteraciones genéticas causantes de enfermedades.

Pese a que no se puede invertir el proceso de oxidación del organismo, es posible frenarlo evitando los factores de riesgo y llevando a cabo una dieta antioxidante, rica en verduras y frutas: vitaminas A, B2, C, y E; y minerales como el cinc, el manganeso, el selenio y los carotenoides.

El humano de 120 años

El envejecimiento es un proceso inevitable y su retraso es uno de los principales retos de la medicina moderna. Industrias enteras (alimentaria, cosmética, estética) dependen del deseo de las personas de mantenerse jóvenes el mayor tiempo posible. Precisamente, los avances médicos del último siglo han permitido que la calidad de vida aumente, se eliminen ciertas enfermedades infecciosas (vacunación) y se cronifiquen las enfermedades genéticas, como el cáncer. Así, las estimaciones en cuanto a esperanza de vida son cada vez más optimistas. El humano más longevo hasta el momento ha sido la francesa Jean Calmet, que llegó a vivir 122 años. En el mundo, más de 500 mil personas ya tienen más de 100 años, y en España hay 11 mil centenarios. Dado que la esperanza de vida continúa subiendo, aumentando 2 años cada década, es muy probable que cada vez más personas vivas en este momento lleguen a superar la centena.

Si bien no existe una pócima de la longevidad, lo más importante para llegar a una edad avanzada en mantener buen estado de salud físico y mental. La salud es sinónimo de longevidad. Lo que puede ayudarnos es el mantenimiento de una dieta equilibrada, la actividad física regular, evitar el estrés, mantenerse lejos de sustancias tóxicas y establecer relaciones personales sanas con el entorno. La dieta mediterránea, considerada para muchos no sólo un patrón dietético, sino un estilo de vida, es una opción recomendable para mantener una buena salud y evitar enfermedades.