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El experto responde

Dr. Carlos San MartínLos problemas de sexualidad pueden condicionar el bienestar de una persona. Plantea tus dudas y miedos a nuestro experto. El Dr. Carlos San Martín, sexólogo, psicoterapeuta familiar y de pareja, colaborador de la Fundación Azierta, estará encantado de responder a todas tus dudas.

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Mi vida sexual

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  • Mi vida sexual

    Querría saber alguna opinión sobre lo que me inquieta de mi vida sexual. Pido disculpas si el relato es demasiado extenso y detallado.

    Me siento bloqueado. Es una sensación que tengo desde hace tiempo, pero últimamente está muy presente. Me explico. Soy un hombre de 30 años que desde que acabó la carrera vive con sus padres, que trabaja, pero no le llega para emanciparse, y que nunca ha intimado con nadie ni a nivel sentimental ni sexual. Soy tímido, introvertido, con pocas habilidades sociales, que tiene una relación de amistad básica con unas pocas personas, las cuales veo muy de vez en cuando, básicamente porque no viven en mi ciudad.

    Pero no es sólo eso. Mi sexualidad tiene elementos que no soy capaz de entender, que se salen de lo normal, y otros de los que carezco. Me considero heterosexual. Sin embargo, la atracción por el sexo opuesto sólo es a nivel emocional y estético, pero no sexual. No tengo ese impulso, o no en el sentido habitual, aunque algo de curiosidad hay. El acto sexual ha sido algo que siempre me ha repelido y que cuanto más se hablaba de ello, principalmente por la sexualización exagerada de muchos puntos de esta sociedad, más sentía rechazo. Tal es así, que nunca consumí pornografía, siento pudor por la desnudez y me siento bastante incómodo cuando surge el tema. Como resultado de esto, cuando me cruzo con una mujer, tiendo a fijarme en sus rasgos que definen su belleza, no en sus dotes físicas.

    Este estado de "asexualidad" me aporta más inseguridad si cabe a una baja autoestima, más que nada por no verme en la capacidad de satisfacer a una hipotética pareja.

    Sin embargo, no es esto lo único que me preocupa de mi sexualidad. Desde pequeño he tenido una cierta obsesión que ha ido evolucionando con los años. Se trata de una necesidad de experimentar la sensación de vestir medias que empezaría alrededor de los 5 años de edad, producto de ver a las niñas llevar ese tipo de prendas que a los niños estaba de alguna manera prohibido. La curiosidad e imaginación sobre ello fue lo que inició mis prematuras excitaciones, y que hasta ahora sigue siendo el principal motivo que las produce. Esa curiosidad trataba de cómo se sentía llevar esa prenda que se ajustaba a las piernas desde los dedos hasta la cintura como una segundas piel, con un suave tacto y con variedad de colores, y ver que no podía experimentarlo me producía cierta envidia.

    Aun siendo tan pequeño, no recuerdo haber mencionado a nadie nunca el querer ponerme unas, seguramente porque no estaba bien visto y por la vergüenza que sentía por las erecciones que tenía. aquella época, además, los Caballeros del Zodiaco, o Ranma, historias que incluían transformaciones, separación mágica de partes del cuerpo, o el contorsionismo, me fascinaban y llegaban a excitarme bastante.

    Paradójicamente, en público siempre mostré cierto rechazo a las prendas ajustadas. Era una especie de escudo para alejar cualquier sospecha que pusiese en cuestión mi masculinidad. Pero también porque el haberme puesto algo ajustado en público provocaría una segura reacción indeseada del "pequeño amigo" que me produciría muchísima vergüenza. Es por eso, por lo que desarrollé un importante complejo sobre mi entrepierna que me impide por ejemplo, ponerme un coulotte ciclista o unos simples boxer ajustados.

    La primera vez que probé una prenda de estas fue con 7 años, en carnaval, con un disfraz de arlequín. La sensación al ponerlos y tenerlos puestos fue magnífica, pero me acompañaba una intensa, duradera y dolorosa erección que era incapaz de ocultar. Sentía así una mezcla de comodidad y suavidad pero también de vergüenza y molestia por lo que me pasaba en la entrepierna.

    La evolución de este deseo de sentir ese tacto fue pasando a una obsesión en el que cada vez quería algo más. Cuando empecé a quedarme solo en casa, aprovechaba la oportunidad para volver a sentirlo, tomando prestado las medias de mi madre primero, y las de mi hermana después. Me tiraba principalmente a las más opacas, porque me gustaba más su apariencia y a la vez así me ocultaban el prominente vello de las piernas. Me encerraba en el baño y me las ponía sin ropa interior, para poder sentir el tacto sin nada por medio. Todo siempre con una erección incontrolable.


    El siguiente paso fue a otras prendas relacionadas, como eran las faldas y las mallas/maillots/bodys. De las primeras, por simple relación directa, y las segundas, por amplificar la sensación de segunda piel y el efecto de la continuidad de una prenda que no se abría por la cintura. Ambas las pude probar, pero de una manera mucho más puntual, por tiempo y por el hecho de que era más difícil ocultarlo si alguien llegaba inesperadamente a casa. Era muy paranoico, por lo que quizás pude mantener el secreto bastante bien.


    Paralelamente, fui añadiendo más capas de medias encima para ocultar el vello cada vez más evidente. Y también porque quería reducir al máximo aquel bulto que me iba de la entrepierna a la cintura. No me parecía coherente con la imagen de un cuerpo vestido con medias. No me gustaba su presencia.

    A consecuencia de esto, la latente envidia por lo que las chicas podían llevar se amplió a la mitad inferior de su cuerpo en sí. Empecé a imaginarme cómo se sentiría no tener nada entre las piernas. Nada de lo que acomplejarme. No sufrir la vergüenza de las involuntarias erecciones ni la necesidad de estar recolocándome. No tener ese punto tan vulnerable. Me parecía que tenía que ser muy cómodo el tener esa parte del cuerpo sin interrupciones y plana que hace mucho más fácil tumbarse boca a bajo o cruzar las piernas. Y que la ropa ajustada se ciñe mejor sin tener esa sensación incómoda de compresión de quien tiene un miembro entre las piernas. Pensar en ello me estimulaba poderosamente.

    Con la llegada de la pubertad, esta atracción se fue sexualizando. Al inicio, fueron las vergonzantes poluciones nocturnas que se producían principalmente era sobre vestir medias, y/o no tener genitales externos. Esta etapa duró varios años, debido a que mi repulsión hacia todo lo sexual me desconectaba de probar la masturbación típica.

    Sin embargo, esta al final llegó, pero de manera accidental y ya cumplida la mayoría de edad. Por entonces empecé a vivir solo, lo que me permitía comprarme mis propias medias y llevarlas puestas más tiempo, incluso debajo de los pantalones. Aún así, no llegué nunca a llevarlas puestas diariamente por la autocensura que me aplicaba, ya que tras mis momentos de euforia, me venían otros en que quería despojarme de todo, por vergüenza, ridículo y porque no sabía entender estos impulsos. La mayor disposición de tiempo permitía experimentar otras maneras de esconder el bulto de los genitales, hasta que probando un día con celo, con la excitación, presencié mi primer orgasmo despierto.

    A consecuencia de esto, mi primera reacción fue dejarlo todo por una temporada, asqueado. Sin embargo, al poco lo intenté de nuevo conteniendo cualquier reacción física inesperada, hasta que llegó el día en que lo busqué. Y así, con esa sensación de segunda piel que aportan las medias y con todo escondido y bien apretado, teniendo esas sensaciones táctiles que me hacían imaginar que no tenía nada ahí abajo, ha sido y es la única manera que sé de cómo llegar al placer autoinducido. Desde ese momento lo consideré como un adictivo, sórdido y perverso fetiche que tenía que mantener en secreto a toda costa.

    Por periodos, tuve momentos en los que me deshacía de todo, intentando superar el síndrome de abstinencia con represión. Sin embargo, no funcionaba. Siempre que iba por la calle y me cruzaba con alguna chica con medias (más frecuente en otoño y primavera), mis ojos no podían evitar enfocar hacia sus piernas, mirando con envidia y cierta ansiedad. Me veía en parte como un degenerado, un pervertido. Y aun pasando el tiempo, esa especie de radar sigue funcionando en la actualidad igual de eficaz. Lo que sí conseguí fue evitar el uso del celo, motivado por el dolor y las lesiones que sufría al quitarlo, a parte del miedo a la esterilidad.

    La fantasía fue ampliándose a una querer una experiencia sensorial femenina mayor. Así, la imaginación pasaba primero a tener genitales femeninos para experimentar la penetración, pero sólo a nivel de autosatisfacción. La curiosidad pasaba también por las diferencias que había en la sensación sexual con las del hombre, más duraderas, intensas y desarrolladas por todo el cuerpo. Luego fue el imaginar ser mujer por un día para tener la experiencia corporal completa, incluyendo en ello larga melena, maquillaje y un vestuario femenino. Aún así, el poseer pechos nunca fue parte clara de la fantasía, ya que nunca tuve atracción hacia ellos.

    Y al final, tras acabar con esos pensamientos, muchas veces con cierta insatisfacción, me quedaba sin poder explicar porqué tengo esos deseos de los que me avergüenzo y que no soy capaz a desprenderme de ellos, y que han llevado el protagonismo en solitario de mi vida sexual. Quizás, el hecho de aún no haber tenido una relación íntima con una mujer, yo lo suplía interpretando ambos papeles. Supongo que era una forma de estar en contacto con el lado femenino sintiéndolo en mi propia piel. La lógica me llegó a decir que la manera de que estos sentimientos desaparezcan, es que yo encuentre a una chica con quien intimar.

    De momento, y hasta ahora, esta especie de fetiche/fantasía sigue ahí, que por adictiva, la he convertido en rutinaria en mis momentos en los que estoy solo. De cualquier manera, sigo desconcertado con ello, llegando a leer teorías e historias por internet con las que me pudiera identificar. Sin embargo, lejos de aclararme, me dejan cada vez más confuso.

    Por ello, escribo aquí por si alguien pudiera aclararme un poco algo de lo que me pasa y si hay alguna manera de "disolverlo". Gracias de antemano.
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