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Trasplante de heces

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. Isabel Pescador (28 de Junio de 2017)

© iStock

El trasplante de heces consiste en transferir materia fecal de un paciente sano a otro enfermo con el fin de curar una enfermedad mediante el restablecimiento de su microbiota intestinal. El trasplante de heces recibe otros nombres como transferencia fecal o transferencia de heces, repoblación fecal, reconstitución de la flora fecal o transferencia de microbiota intestinal.

El trasplante de heces es una técnica muy antigua, aunque es en los últimos años cuando se han diversificado sus indicaciones y se han abierto nuevas vías de investigación para el futuro. En este momento, el trasplante de heces se utiliza para curar la diarrea por Clostridium difficile, y se está empezando a emplear en otras patologías gastrointestinales como la enfermedad de Crohn, el síndrome de intestino irritable y la colitis ulcerosa.

Así, los primeros documentos escritos que hablan del trasplante fecal datan del siglo IV a. C. Lo utilizaban en China en personas gravemente enfermas por diarrea a las que se hacía beber una “sopa amarilla”, que en realidad eran heces de una persona sana diluidas en agua. Posteriormente el trasplante de heces se ha seguido utilizando a lo largo de la historia; por ejemplo, en la I Guerra Mundial se utilizó para curar de disentería a los soldados porque no había medicamentos disponibles.

También en el mundo animal es frecuente que los perros se coman las heces de otros para reequilibrar su ritmo intestinal.

¿Qué es la microbiota intestinal?

La microbiota es el conjunto de microorganismos que conviven en nuestro organismo. Está formada por bacterias, hongos, virus, parásitos y arqueas (microorganismos unicelulares), que son beneficiosos para el normal funcionamiento del cuerpo.

Los nutrientes están disponibles

La microbiota intestinal es la más numerosa y la más compleja, por eso cuando se habla de microbiota suele identificarse con microbiota intestinal.

Para que la persona esté sana es necesario que su microbiota también lo esté, por eso cuando hay alteraciones de la microbiota, la persona enferma o tiene distintos trastornos como estreñimiento, gases... Es lo que viene a solucionar el trasplante de heces, especialmente indicado en los episodios crónicos o que se repiten en el tiempo.

La microbiota es esencial para varias funciones relacionadas con el metabolismo y con la protección frente a infecciones. Así, ayuda a aprovechar nutrientes no digeribles (por ejemplo, sintetizando vitaminas), favorece la asimilación de nutrientes esenciales, protege frente a infecciones (previniendo la colonización de otros patógenos) y contribuye al desarrollo de la inmunidad innata y adquirida.

Cuando hay una alteración continuada de la microbiota se habla de disbiosis, que puede afectar tanto al número como a la variabilidad y la cantidad de los componentes de la microbiota (faltan parásitos, sobran bacterias, hay pocas arqueas…).

Si la microbiota está alterada y hay disbiosis, hay más susceptibilidad ante las infecciones y la respuesta inmune aparece alterada, pudiendo dar lugar a enfermedades autoinmunes, como la enfermedad de Crohn. Igualmente, en los últimos años, las trasformaciones en la microbiota intestinal se han relacionado con la obesidad, la celiaquía, la artritis reumatoide, la diabetes e incluso con alteraciones en el estado de ánimo como la depresión.

La microbiota puede alterarse por tratamientos continuados con antibióticos (especialmente por vía oral), dietas desequilibradas, excesivo consumo de alcohol, exceso de higiene, vivir en ambientes urbanos o porque nunca se ha establecido bien desde el comienzo de la vida. Esto puede suceder en niños que han nacido mediante cesárea (ya que se dificulta la colonización de microorganismos beneficiosos); bebés que reciben lactancia artificial (ya que la lactancia materna ayuda a la transferencia de bifidobacterias); tratamientos tempranos con antibióticos y haber sufrido estrés perinatal. 

Para qué se utiliza el trasplante de heces

El trasplante de heces se utiliza para modificar la microbiota intestinal de una persona enferma. En este momento, la indicación más frecuente y de mayor éxito es el tratamiento de la infección recurrente causada por Clostridium difficile, una patología que cursa con muchas molestias como náuseas, dolor abdominal y diarrea.

La Clostridium difficile es una bacteria que puede localizarse en una de cada diez personas. No tiene por qué resultar perjudicial, pero algunas circunstancias como un tratamiento con antibióticos, pueden desequilibrar la microbiota intestinal, haciendo que estas bacterias se multipliquen sin control, dando lugar finalmente a la infección.

Los resultados frente a la infección por C. difficile son muy buenos y hasta el momento casi el 95% de los afectados logran curarse después de haber estado, incluso años, con diarreas constantes (hasta 15 deposiciones diarias con dolor). Tras el trasplante de heces, los enfermos comienzan a notar mejoría en unas dos horas y en 48 horas ya se les da el alta y pueden hacer vida normal.

El trasplante de heces para tratar la diarrea por Clostridium difficile se hace con un donante de la misma familia (el más apto). Es así porque los familiares comparten gran parte de la microbiota intestinal y lo que se pretende es restaurar las bacterias beneficiosas que tenía la persona antes de enfermar.

Además, el trasplante de heces puede utilizarse para otras enfermedades o infecciones que afectan al aparato digestivo, como la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa y el colon irritable. En este caso, que no está tan desarrollado como el de la diarrea por C. difficile, pero que cuenta con buenas expectativas, con el trasplante de heces se pretende cambiar completamente la microbiota del enfermo, por lo que el donante no puede ser de su misma familia sino alguien ajeno a ella.

Algunas investigaciones están estudiando también el trasplante de heces en otro tipo de enfermedades autoinmunes, como la celiaquía, la artritis reumatoide o la esclerosis múltiple, pero aún no hay una indicación clara de trasplante de heces para ellas.

Además, algunos trabajos han relacionado la obesidad con problemas en la microbiota intestinal, lo que explicaría por qué algunas personas engordan más que otras ingiriendo el mismo número de calorías. Así, se ha comprobado que algunas personas que han recibido un trasplante de heces de otras que son obesas han acabado siéndolo también (a pesar de llevar una dieta adecuada y hacer ejercicio físico), por lo que al hacer el trasplante se suele elegir a donantes sin exceso de peso.  

Cuando la microbiota está alterada, la persona puede generar hasta 150 kilocalorías más en su dieta. Esto se debe a la ausencia de determinadas bacterias que intervienen en la sensación de saciedad al comer.

De la misma forma, el sistema nervioso central y la microbiota intestinal (eje cerebro-intestinal) están relacionados, lo que explica por qué hay deposiciones menos consistentes cuando se produce una situación de nerviosismo o estrés o por qué tenemos predilección por unos alimentos y por otros no. Algunas bacterias de la microbiota pueden eliminar al triptófano (necesario para la segregación de la serotonina lo que finalmente implica estados depresivos o ansiosos. Así, en un futuro el trasplante de heces podría intervenir en esta situación para revertir determinados problemas del estado de ánimo.

Cómo se realiza el proceso

El trasplante de heces es en realidad una transferencia de materia fecal. El receptor se elige en función de sus condiciones clínicas, aunque en general están descartados los enfermos inmunodeprimidos o con otros graves problemas de salud asociados.

El donante ha de estar sano. En el caso de un trasplante de heces para solucionar la diarrea por C. difficile, el donante es el familiar más apto. Cuando lo que se pretende es cambiar la microbiota, el donante ha de ser alguien ajeno a la familia.

Antes de donar sus heces, la persona es sometida a analíticas similares a las que se emplean en la donación de sangre para descartar que presente enfermedades infecciosas. Tampoco son válidos los donantes con obesidad, que han viajado recientemente a países exóticos, han tomado antibióticos en el último semestre o se han tatuado hace poco.

El donante no ha de hacer nada especial, ni seguir ninguna dieta específica. Simplemente tiene que recoger heces frescas y de una consistencia idónea. La frescura de las heces es importante, ya que hay bacterias anaerobias importantes que mueren al contacto con el oxígeno.

Las heces son analizadas y tratadas en un laboratorio (antes de dos horas tras la deposición), licuadas con agua o suero, mezcladas y filtradas y/o centrifugadas. En este proceso se procura no alterar la composición bacteriana de las heces, pero sí eliminar la parte más desagradable, como el olor, dejando por un lado la materia fecal y por otro los microbios beneficiosos.

Una vez listas las heces, se introducen en la persona receptora mediante colonoscopia. Las heces donadas se depositan en el ciego o en el colon ascendente (colon derecho), a continuación del ciego, porque es el lugar donde el trasplante tiene más éxito. Otro método para introducir las heces donadas en el receptor es un enema o una sonda gastrointestinal, y para el futuro, algunos investigadores apuntan que será posible hacerlo vía oral a través de cápsulas.

Aunque en general hasta ahora ha sido una técnica médica bastante segura, el trasplante de heces también conlleva riesgos, ya que se pueden trasfundir virus y agentes patógenos, por lo que tanto donante como heces deben ser bien analizados previamente.

En algunos países como Holanda o Estados Unidos se han creado empresas con heces universales para cualquier receptor y bancos públicos de heces donde estas se congelan con un procedimiento seguro y estandarizado para poder ofrecerlas a pacientes o al mismo donante si en un futuro su microbiota se altera por algún tratamiento como la quimioterapia o la radioterapia.

Hasta el momento, hay un vacío regulatorio por parte de las autoridades sanitarias. Por ejemplo, en España, la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) no recoge el trasplante de heces entre su catálogo de actuaciones, ya que el proceso no es considerado un trasplante como tal sino una transferencia. Tampoco los seguros médicos tienen directrices claras sobre el tema, ya que falta una legislación que regule este procedimiento médico.

Por su parte, en Estados Unidos, la FDA (agencia americana del medicamento) solo permite el uso de heces para investigación y para tratar la diarrea por C. difficile.

Fuentes

  • Segunda vida de la heces. Prof. Rosa del Campo Morena, investigadora del Instituto Ramón y Cajal de investigación sanitaria. TEDxMadrid septiembre 2016
  • Trasplante de Microbiota Fetal. Infección y Vacunas número 22.
  • Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición. 58 Congreso. Octubre 2016
  • Excrementos que salvan vidas. SINC agosto 2015
  • Onmeda Internacional