Inmunoterapia (inmuno-oncología)

Autor: Laura Marcos Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (7 de Noviembre de 2016)

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La  inmunoterapia es una técnica de tratamiento contra el cáncer que consiste en activar el sistema inmunitario del enfermo para que el propio cuerpo reconozca, ataque y elimine las células tumorales. Esta técnica, desarrollada a partir del 2006, ha alargado significativamente la vida de pacientes de melanoma metastásico, de cáncer de pulmón, cáncer renal y linfoma de Hodgkin, además de obtener prometedores resultados en cáncer de vegija, de cabeza y cuello y de próstata.

A diferencia de los tratamientos tradicionales contra el cáncer, la inmunoterapia activa la barrera defensiva del cuerpo para que éste reconozca y elimine las células malignas del cáncer. La inmunoterapia, por tanto, no implica el nivel de toxicidad de tratamientos como la quimioterapia o la radioterapia, y además minimiza los efectos secundarios del tratamiento, mejorando la calidad de vida del paciente. Además, la inmunoterapia permitió alargar significativamente la vida de los pacientes en diferentes tipos de cáncer, según los datos del congreso anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO 2016). Por ello, la inmuno-oncología fue elegida como el mayor evento científico del año en 2013 por la revista Science. Hasta la fecha, ya se han aprobado un total de 8 fármacos de inmunoterapia para tratar el melanoma avanzado, el cáncer renal y el cáncer de pulmón

La inmunoterapia activa la respuesta inmune adaptativa del cuerpo de manera similar a como lo hace una vacuna. Las células del cáncer tienen la habilidad de esconderse del sistema inmunitario gracias a unos receptores que poseen en la superficie de sus células. Estos receptores bloquean la función de los linfocitos T y B, encargados de reconocer y eliminar las células malignas. La acción de determinados fármacos permite que los receptores de las células del cáncer se inhabiliten, y puedan ser descubiertos por el sistema inmunitario, que los ataca y elimina.

Pese al notable avance que supone la inmunoterapia en el tratamiento contra el cáncer, los casos en los que esta terapia puede utilizarse todavía son limitados. Además, suele combinarse con otros tratamientos, como la quimioterapia o la radioterapia, e incluso la cirugía, de modo que, al usarse en combinación con ellos, minimiza su toxicidad y complicaciones. No obstante, ya es primera línea de tratamiento en cáncer de piel de tipo melanoma avanzado y en cáncer de pulmón de células no microcíticas.

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La inmunoterapia consigue quitarle el disfraz al cáncer: desactiva la función de los receptores que ocultan los antígenos de las células tumorales. Así, pueden hacerse visibles y reconocibles como peligrosas, y son atacadas por los linfocitos.

¿Cómo funciona la inmunidad?

El sistema inmunitario es una estructura compuesta de tejidos, células específicas y órganos que se dedican a proteger al cuerpo de microorganismos patógenos invasores. Lo forman la médula ósea, los glóbulos blancos (linfocitos T y B), los ganglios y vasos linfáticos, las amígdalas, y órganos como el timo y el bazo. El conjunto del sistema inmunitario se encarga de la defensa natural del cuerpo. De esta manera, el cuerpo está protegido de infecciones, y puede eliminar virus, bacterias y hongos, evitando que afecten al organismo. Señales como la fiebre o la inflamación de los ganglios indican que el sistema inmunológico está luchando para eliminar los microorganismos perjudiciales. Lo mismo ocurre ante los patógenos que puedan entrar en el cuerpo a través de un corte o una herida.

¿Cómo se realiza la defensa del organismo? Las células del sistema inmunitario son capaces de reconocer microorganismos invasores en el organismo. Ante su presencia, se genera una respuesta automática de defensa. La manera de reconocer las células invasivas que pueden resultar peligrosas para el organismo es gracias a los antígenos, unas partículas que están en la superficie de las células patógenas. Cuando las células del sistema inmunitario se encuentran con células de patógenos, reconoce estos antígenos, las cataloga como peligrosas, y las ataca para eliminarlas. Esta es la respuesta innata del sistema inmune.

Sin embargo, no todas las células que pueden ser perjudiciales para el organismo son reconocidas con la misma facilidad. En ocasiones, los microorganismos extraños no se reconocen por parte del sistema inmunológico. En estos casos, se puede desarrollar una respuesta adaptativa, es decir, que el sistema inmunitario aprenda a reconocer antígenos nuevos, ante los que nunca ha estado expuesto. De esta manera funcionan las vacunas, que introducen patógenos muertos o inactivados para que las defensas naturales del cuerpo puedan reconocerlos y eliminarlos la próxima vez que se encuentren con ellos. Lo más importante de la respuesta adaptativa del sistema inmunitario es que tiene memoria.

Quitarle el disfraz al cáncer

En el caso de la inmunoterapia contra el cáncer, se produce una respuesta adaptativa, en la que intervienen los linfocitos T y B. De manera natural, los linfocitos T y B detectan antígenos en la superficie de células peligrosas; los antígenos son las partículas que las desvelan como peligrosas, y así pueden ser destruidas. No obstante, algunas células del cáncer poseen la habilidad de “esconderse” del sistema inmunitario. Poseen en su superficie unas proteínas, llamados receptores, que impiden que los linfocitos reconozcan a los antígenos que las delatan como células tumorales. Con los antígenos escondidos en su superficie, las células tumorales proliferan con el “disfraz” de células sanas y pueden extenderse hacia otros órganos del cuerpo.

La inmunoterapia consigue, a través de fármacos, inhabilitar este complicado proceso: desactiva la función de los receptores, que ocultan los antígenos de las células tumorales. Así, las células del tumor pueden hacerse visibles y reconocibles como peligrosas por el sistema inmunitario, que puede atacarlos.

El primer fármaco efectivo de inmunoterapia fue el que bloqueaba la acción de los receptores de la proteína CTLA-4 de los linfocitos T, desarrollado en 2006 por el científico James Allison. No obstante, fue en 1890 cuando la primera hipótesis sobre la inmunoterapia fue planteada, por el cirujano estadounidense William Coley. Uno de los pacientes de Coley, enfermo de cáncer, experimentó una curación inexplicable después de haber sufrido una infección de la piel. Más tarde, en 1975, los investigadores George Köhler y César Milstein desarrollaron los primeros anticuerpos monoclonales. Nueve años después, en 1984, este descubrimiento les permitió ganar el Premio Nobel de Medicina.

¿A quién puede ayudar?

Por el momento la inmunoterapia sólo se ha estudiado en algunos tipos de cáncer, en los que ha demostrado tener resultados positivos en ensayos clínicos. Algunos fármacos ya han sido aprobados para su utilización. El tratamiento de inmunoterapia en España está aprobado para cáncer de piel de tipo melanoma avanzado (metastásico), cáncer de pulmón no microcítico y cáncer renal.

Además, solo algunos tipos de pacientes son candidatos a recibir este tipo de tratamiento, dado que puede que dependan de determinados marcadores genéticos. Algunos tipos de cáncer se producen cuando un individuo presenta determinados genes activos (genes BRAF y MEK en melanoma; PD-1 y PDL-1 en cáncer de pulmón). No obstante, se espera que la tendencia inmediata del tratamiento del cáncer en general incluya la inmunoterapia como tratamiento de primera línea, y forme parte de un tratamiento médico personalizado.

En el caso del melanoma avanzado, es decir, en pacientes con metástasis o que ya no son candidatos a la cirugía porque el melanoma ha invadido el tejido subcutáneo, el primer fármaco de medicina personalizada se aprobó en 2011. El principio activo vemurafenib se diseñó para inhibir la acción de la proteína mutada BRAF V600, una mutación presente, aproximadamente, en el 50% de los casos de melanoma.

En total, se han aprobado 8 fármacos de inmunoterapia, usados para tratar el melanoma avanzado, y algunos en cáncer de pulmón y también en ensayo clínico para otros tipos de cáncer, como renal, de vejiga (genitourinario), de próstata y de cabeza y cuello: vemurafenib, ipilimumab, pembrolizumab, talimogene laherparepvec, nivolumab, dabrafenib, trametinib y cobimetinib.

Cobimetinib, el último en aprobarse en 2016, es un inhibidor de la proteína MEK, en combinación con Vemurafenib. En conjunto, actúan sobre dos dianas de la célula tumoral (BRAF y MEK), aumentando significativamente la supervivencia del paciente, con resultados beneficiosos en el 90% de los pacientes a las 8 semanas de tratamiento. Con este tratamiento conjunto, 4 de cada 10 pacientes de melanoma avanzado sobrevive a los 3 años.

Nivolumab fue aprobado en 2016 en España para el tratamiento de cáncer de riñón. Además, nivolumab junto a pembrolizumab ya son la primera línea de tratamiento en cáncer de pulmón de células no microcíticas cuando existe la expresión PDL-1 en la superficie de las células tumorales. 

Por otra parte, en algunos tipos de cáncer se utilizan anticuerpos para intervenir en determinados marcadores tumorales, como en el caso del cáncer de mama HER2 positivo. Este tipo de tratamiento dirigido puede considerarse un tipo de terapia inmuno-oncológica, aunque no entra dentro de los fármacos de inmunoterapia de nueva generación.

Los avances en inmunoterapia, hasta el momento, han obtenido resultados efectivos en el melanoma metastásico, alargando significativamente la vida de los pacientes. En cáncer de pulmón, el 41% de los pacientes tratados con inmunoterapia sobrevivió 9 meses más que con los tratamientos convencionales; además,  el 30% de pacientes siguen vivos a los 2 ó 3 años de tratamiento, frente al 13% de los tratados con quimioterapia. Además, muestra un aumento de la supervivencia también en ensayos clínicos de cáncer de pulmón, renal, cáncer de cabeza y cuello y genitourinario.