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Estrés

Autor: Laura Marcos Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (12 de Diciembre de 2016)

© iStock

El estrés es una respuesta natural de todos los seres vivos ante situaciones que pueden poner en peligro la vida o la seguridad. Pero en la dimensión humana actual, situaciones cotidianas son fuente de estrés, muchas veces a diario, y su exposición prolongada tiene efectos negativos para la salud: dolores musculares, cansancio, problemas gastrointestinales, cardiacos, dermatológicos, sexuales…

El término estrés proviene del latín “stringere”, que significa apretar o ejercer presión. La respuesta del estrés tiene como objetivo preparar el cuerpo para la lucha o huida en caso de peligro. Durante una fase de estrés, el cerebro envía señales eléctricas al sistema nervioso, que originan la segregación de dos tipos de hormonas: adrenalina y cortisol. La acción de estas hormonas provoca que el corazón lata más deprisa, la sangre fluya más rápido hacia las extremidades, la respiración se acelere para enviar más oxígeno a la sangre… De esta manera, el cuerpo se prepara para echar a correr o bien para luchar contra un determinado peligro. Todas estas reacciones ocurren en décimas de segundo para asegurar la supervivencia del individuo.

Este tipo de respuesta del cuerpo es útil en la naturaleza en un momento puntual para huir o luchar. Por ello, pequeños momentos de estrés son completamente normales e, incluso necesarios. El problema surge cuando existen elevados niveles de estrés de manera continuada. En la actualidad, el hombre moderno pocas veces tiene la necesidad de huir o luchar ante un peligro de muerte. Eso sí, las reacciones de estrés continúan produciéndose, incluso si el factor estresor no conlleva una amenaza para la vida o la seguridad: plazos en el trabajo, discusiones familiares, problemas económicos… Muchas personas padecen gran cantidad de estrés a diario, con consecuencias negativas para el organismo. Es lo que se conoce como estrés crónico.

Prolongado en el tiempo, el estrés es perjudicial para la salud: el cuerpo centra sus energías en las extremidades, por ejemplo, para realizar un esfuerzo físico, mientras que reduce o altera las funciones normales de otras partes del cuerpo, como la digestión. El efecto del estrés momentáneo sobre el sistema digestivo no supone un problema. Pero si se produce de manera prolongada, sí puede ser perjudicial. Esta es la razón de que los problemas gastrointestinales sean una consecuencia del estrés continuado. Un estrés de larga duración puede tener este y otros efectos negativos en la salud, afectando a todos los sistemas del cuerpo.

Cualquier persona puede sufrir estrés, independientemente de su edad o actividad laboral. El estrés también puede aparecer en la niñez.Asimismo, el estrés varía mucho de una persona a otra, así como la capacidad para frenar o reducir la respuesta del cuerpo. Las situaciones de las que no dependen la vida o la muerte se interpretan por cada persona de una manera diferente. Lo que para algunas personas es una situación de estrés, para otras no lo es. Según el Instituto Nacional de la Salud Mental de EEUU, la ansiedad o el estrés se dan cuando el individuo sobreestima la amenaza o subestima su capacidad para afrontarla. Es decir, el estrés se puede modular, reducir o regular. Para conseguirlo, es importante analizar las exigencias externas e internas, y relativizar las situaciones que nos generan ansiedad.

Si bien pequeñas dosis de estrés son inevitables e, incluso, necesarias en el día a día, deben equilibrarse con momentos de tranquilidad. Es importante encontrar momentos del día en los que relajarse.

Aunque el término “estrés” se había utilizado en física y en biología, hasta los años 40 no se comenzó a usar el término en los humanos. El médico y bioquímico Hans Selye demostró por primera vez con sus investigaciones que determinadas situaciones, pensamientos o responsabilidades pueden tener consecuencias en el cuerpo humano.