Estrés: Reacción de estrés

Autor: Laura Marcos Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (12 de Diciembre de 2016)

Por reacción de estrés se entienden los procesos que se desencadenan en una persona a consecuencia de los estresores. Las reacciones de estrés se producen simultáneamente a distintos niveles:

  • Físico: cuando se produce una reacción de estrés el cuerpo experimenta muchos cambios. Esta reacción se la debemos al humano primitivo, que debía prepararse para reaccionar frente a peligros o depredadores (huida o lucha). Así pues, para proporcionar la energía necesaria, se acelera el latido del corazón, se tensan los músculos y se respira más rápido. Esto puede estar justificado durante un breve espacio de tiempo. Sin embargo, si esta reacción de estrés dura más tiempo, puede tener efectos nocivos para la salud y, por ejemplo, dar lugar a estados de cansancio, entre otras reacciones (enrojecimiento, sudoración, taquicardia, dificultad para respirar, mareos, molestias gástricas, dolor en el pecho).
  • Psicológico-emocional: este nivel de la reacción de estrés no es visible para los demás. Bajo este concepto se entienden los pensamientos y sentimientos que surgen durante la reacción de estrés, como por ejemplo:
    • intranquilidad interior, nerviosismo
    • insatisfacción, enfado, rabia
    • sensación de desamparo
    • sentimientos de culpabilidad, autorreproches
    • pensamientos recurrentes, obsesiones
    • sensación de vacío mental (aislamiento)
    • problemas de concentración
    • bloqueo mental, incapacidad para pensar con claridad.

  • Conductual: el comportamiento o las manifestaciones propias de alguien con estrés, que además son visibles para los demás. Por ejemplo:
    • Aumenta el consumo de estupefacientes y sustancias para intentar calmarse, por ejemplo: tabaco, alcohol, café, analgésicos, calmantes o estimulantes, pero también lo intentará con la ingesta de alimentos.
    • La forma de trabajar se vuelve caótica, la planificación y el orden se resienten, se aborda todo a la vez, las cosas se pierden o se olvidan.
    • El lenguaje corporal revela intranquilidad: por ejemplo, se balancean los pies o se tamborilea con los dedos en la mesa, se toquetea la cara o el pelo o se tira de la ropa.
    • En el trato con los demás, el tono se vuelve agresivo y alterado y las discusiones y reproches son cada vez más frecuentes.
    • Se tiene prisa e impaciencia, en el trabajo solo se hacen pausas cortas o bien ninguna, no se reserva un tiempo para comer, sino que la comida simplemente se engulle, se habla más rápido o se interrumpe a los demás.

Los distintos niveles de la reacción de estrés se influyen entre sí, por lo que pueden intensificarla o prolongarla. No obstante, los niveles también pueden influir los unos en los otros de manera favorable y reducir la reacción de estrés, por ejemplo, si se realizan ejercicios de relajación o actividades deportivas. La consecuencia es que, a menudo, también comienza a experimentarse cierta tranquilidad a nivel cognitivo-emocional. Del mismo modo, mantener una conversación con amigos o compañeros puede suponer un alivio a nivel emocional y dar lugar a una relajación a nivel físico.

La respuesta de estrés física: la preparación para la huida

Desde el punto de vista de la historia de la evolución, la reacción de estrés física servía para asegurar la supervivencia. Como reacción ante un peligro inminente, el cuerpo debía prepararse para huir de inmediato o luchar. Por lo tanto, se debía activar el cuerpo y movilizar la energía. Esta respuesta de estrés física es completamente natural y necesaria, y se sigue produciendo hoy en día cuando nos sentimos amenazados, aunque no toda respuesta de estrés del cuerpo responde a riesgo inmediato para la salud. Evolutivamente, el estrés se ha adaptado a lo que el humano contemporáneo considera situaciones amenazantes, aunque no pongan en peligro la vida: reuniones de trabajo, exámenes, aprietos económicos, disputas familiares…Si los desencadenantes del estrés persisten y las reacciones de estrés se producen de forma muy prolongada o permanente, la respuesta orgánica puede dejar de ser útil y pasar a ser prejudicial para la salud.

  • Respiración: para proporcionar más oxígeno, los bronquios se dilatan. Se respira más rápido, con poca profundidad y menos intensidad, sobre todo al inspirar.
  • Sistema cardiovascular: el rendimiento cardiaco se intensifica para que el corazón, el cerebro y los músculos funcionales grandes estén mejor irrigados. Por esta razón, el corazón late más e intensamente y aumenta la presión sanguínea. Los vasos sanguíneos de la piel, las manos y los pies, así como del aparato gastrointestinal, se contraen y estas zonas reciben menor aporte sanguíneo.
  • Músculos: el cuerpo debe prepararse para la huida y, con ello, para utilizar los grandes grupos musculares. Los músculos de los brazos y las piernas están particularmente mejor irrigados para proporcionarles oxígeno y energía. La tensión muscular aumenta, sobre todo en los hombros, la nuca y la espalda. Los reflejos reaccionan más rápido.
  • Oxígeno: el cuerpo se prepara para consumir más energía. El hígado envía a la sangre mayores cantidades de glucosa, cuyo destino principal es el cerebro. Además, el cuerpo libera ácidos grasos para que los músculos puedan metabolizarlos. La digestión se suspende en su mayor parte, los músculos del intestino apenas se mueven, ya que la tensión muscular de esta zona disminuye mucho. La saliva con enzimas digestivas disminuye, y se siente sequedad en la boca. Es posible que se sientan intensas ganas de defecar y orinar; también se pueden tener diarreas. De este modo se elimina el lastre innecesario que dificultaría la huida.
  • Sexualidad: el estrés inhibe el instinto sexual, los órganos sexuales están peor irrigados. En las mujeres y los hombres disminuye la concentración de hormonas sexuales en la sangre. En los hombres desciende el número de espermatozoides en los testículos. En las mujeres pueden producirse alteraciones del ciclo menstrual.
  • Sistema inmunitario: en caso de estrés agudo aumenta el número de determinadas células inmunológicas, las denominadas células asesinas naturales (natural killer). De este modo, las infecciones agudas que pueden ser causadas por lesiones se detectan y combaten más rápido. No obstante, esta reacción aguda dura poco tiempo y vuelve a normalizarse entre 30 y 60 minutos después.
  • Sangre: los sangrados cesan pronto, ya que la sangre se coagula más rápido.
  • Dolor: para proteger el cuerpo contra el dolor, en cuestión de poco tiempo se liberan ciertos mensajeros químicos propios del cuerpo (las endorfinas) que reducen la sensibilidad al dolor. Sin embargo, no se pueden liberar endorfinas de forma ilimitada, por lo que el efecto solo dura poco tiempo. Si el estrés se prolonga durante un mayor espacio de tiempo, se produce el efecto contrario y la sensibilidad al dolor aumenta.
  • Piel: para que el cuerpo no aumente su temperatura en exceso o se enfríe rápidamente, se produce más sudor.

Al mismo tiempo, la reacción de estrés física está influenciada por factores individuales que hacen que algunas personas tengan principalmente problemas digestivos, mientras que otras presentan contracturas musculares, palpitaciones o rubefacción facial. No obstante, quien conoce bien sus propias reacciones de estrés y no las pasa por alto puede actuar a tiempo para vencer el estrés o bien no permitir que aumente.