Cómo reconocer una depresión

Autor: Terry Gragera (5 de Octubre de 2017)

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La depresión es una enfermedad mental que sufrirá entre el 8 y el 15% de las personas a lo largo de su vida. La depresión afecta a la esfera social, individual, familiar y económica de la persona. Se trata del trastorno mental más frecuente en España y en Europa, pero, a pesar de ello, está infradiagnosticado, ya que se estima que entre un 30-50% de los casos permanece sin diagnosticar. 

En su origen, hay una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales, que determinan que se presente o no en determinadas personas. La depresión es una de las dolencias más antiguas del hombre. Es una enfermedad consustancial al ser humano, que ha estado presente en todas las épocas, independientemente de la clase social, el estilo de vida o las condiciones económicas.

En la depresión, las circunstancias externas juegan un papel mucho menos decisivo de lo que se piensa. Por ello, en los momentos difíciles, como ante una gran crisis económica, no es cierto que aumente el número de personas con depresión. Sí se incrementa el de afectados por un trastorno adaptativo, pero esta es una entidad totalmente distinta a la depresión.

La depresión es una enfermedad grave que tiene una gran repercusión en la calidad de vida de las personas que la sufren. De hecho, es la segunda enfermedad más incapacitante, tras la cardiopatía isquémica, en cuanto al grado de discapacidad y el gasto social que origina. La depresión es el trastorno mental más frecuente en Europa y en España. La Organización Mundial de la Salud (OMS ) estima que en el año 2030 la depresión será la principal causa mundial de discapacidad. Actualmente, 350 millones de personas sufren depresión en el mundo. En Europa, la depresión causa el 7% de las muertes prematuras y es una de las primeras causas de pérdida de productividad, jubilación anticipada y ausencia laboral debida a enfermedad. 

Habitualmente, la depresión se manifiesta por primera vez cuando el individuo ronda los 30 años, aunque hay otros casos en que comienza en la infancia o en que se presenta por primera vez en la tercera edad. 

Qué es y qué no es una depresión

La depresión supone perder la alegría de vivir. Si la persona no puede experimentar placer en ningún ámbito vital, si todos los aspectos de su vida se resienten, si ha perdido el interés y la capacidad de goce de forma absoluta en cada actividad que emprende, podemos hablar de depresión.

La depresión implica una gran comorbilidad; es decir es la puerta de entrada a otras enfermedades, tanto de salud mental como físicas. Las personas con depresión tienen más riesgo de muerte; entre otros factores porque hay una probabilidad de suicidio del 8% en personas con depresión.

La depresión no es sentirse triste; no es estar con el ánimo decaído. Quedarse sin empleo, la pérdida de un ser querido, un fracaso amoroso o cualquier otra circunstancia vital adversa pueden provocar reacciones emocionales negativas, como tristeza, abatimiento o preocupación, pero no se trata de una depresión.

La depresión no depende de la debilidad personal, la fragilidad de carácter o la falta de voluntad. Es una enfermedad equiparable a otras patologías crónicas, como la diabetes, en la que no interviene la fortaleza personal.

La depresión no aparece por desencadenantes externos como la crisis, el desempleo o dificultades personales, ni es propia del estilo de vida actual, donde prima el estrés y la ansiedad. Hay veces en que estos acontecimientos pueden influir en que aparezca, pero en muchos otros casos no hay ningún desencadenante claro.

La depresión está relacionada directamente con disfunciones químicas. Hay una causa orgánica de origen. Así, los trastornos en la regulación de la 5-HT (serotonina ) y la NA (noradrenalina) en el cerebro se asocian muy estrechamente a la depresión. Se trata de neurotransmisores que están alterados y que provocan el estado depresivo. A pesar de ello, la depresión sigue estando estigmatizada, a diferencia de otras enfermedades graves.

La genética tiene cierto peso en la depresión, pero no es determinante. Así, es cierto que el riesgo de padecer una depresión aumenta si uno de los padres ha sufrido una depresión, y se incrementa mucho más si ambos padres, los abuelos o un hermano la ha tenido. No obstante, para que la depresión acabe presentándose no basta con este factor genético, sino que es necesario haber pasado por una serie de acontecimientos vitales estresantes que son los que marcarían la evolución de esos genes. 

Última revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (18 de Julio de 2016)