Infección por virus

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (3 de Febrero de 2016)

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Una infección vírica es una infección provocada por un virus, por ejemplo, el virus de la gripe o los virus del resfriado. La transmisión y propagación de un virus se produce cuando este encuentra células huéspedes y las invade. No todas las infecciones víricas provocan síntomas.

Los virus pueden contagiarse a través de una herida en la piel, la comida, las gotitas de saliva que se expulsan al toser o estornudar o por el contacto corporal directo. Utilizando estas puertas de entrada el virus se introduce en el organismo, se reproduce y luego se propaga a través del torrente sanguíneo y linfático o incluso siguiendo el trayecto de los nervios.

Las manifestaciones clínicas de una infección vírica (en la fase sintomática de la enfermedad) dependen de los siguientes factores:

  • el daño producido por el virus en las células.
  • el estado del sistema inmunitario de la persona.

Existen determinadas condiciones que pueden debilitar el sistema inmunitario de una persona, como por ejemplo el estrés, la mala nutrición, ciertos medicamentos o enfermedades como la diabetes o el SIDA.

Los síntomas de una infección por virus suelen estar provocados por los daños causados en las células al reproducirse el virus. Cuando un virus penetra en el cuerpo no causa la enfermedad de forma inmediata. Necesitará un tiempo para reproducirse y propagarse por el organismo de su huésped hasta que el sistema inmunitario de este reaccione contra el virus. El período de tiempo desde que se contrae la infección hasta que aparecen los síntomas se denomina período de incubación.

En algunos casos el virus no es eliminado por el sistema inmunitario de nuestro cuerpo, dando lugar a infecciones virales crónicas, en las que el virus permanece en el cuerpo incluso durante años y solo manifiesta síntomas de forma ocasional, como por ejemplo en el caso del herpes labial.

Un virus entra en el cuerpo con el objetivo de multiplicarse. Para ello, primero invade una célula (por ejemplo, en las vías respiratorias) y atraviesa su membrana celular. Después transfiere su material genético a la célula huésped y la reprograma para que fabrique componentes víricos. Estos componentes pueden reagruparse y volver a constituir otro virus nuevo. De esta manera, en la célula siempre está presente el virus, hasta que se libera o muere. Los nuevos virus liberados pueden infectar más células y empezar de nuevo el proceso de reproducción.

Tan pronto como el sistema inmunitario reconoce la infección, utiliza varias estrategias para luchar contra los invasores.

  • Evitar la invasión: los anticuerpos bloquean el virus (lo rodean) antes de que penetre en las células y así evitan la invasión. Finalmente, el virus bloqueado se vuelve inofensivo.
  • Informar a las células vecinas para que alerten a las células inmunitarias: las células huéspedes infectadas por el virus producen una proteína llamada interferón y la traspasan a las células vecinas para que inhiba al virus y ralentice su multiplicación. El interferón atrae a las células inmunitarias, y estas destruyen las células infectadas y evitan que se produzcan más virus en ellas.

No todas las infecciones por virus requieren necesariamente un tratamiento. Generalmente, el cuerpo puede sobrellevar infecciones menores (por ejemplo, el resfriado común) y no suele necesitar medicamentos contra el virus. Los antibióticos solo combaten las infecciones bacterianas. Sin embargo, ocasionalmente pueden utilizarse antibióticos durante una infección viral debido a que el sistema inmunitario se debilita por la infección del virus y entonces podemos ser atacados más fácilmente por bacterias (que producen una infección bacteriana secundaria que sí requeriría tratamiento con antibiótico).

Hay casos en los que nuestro sistema inmunitario no responde adecuadamente debido a que la infección por el virus causa el daño celular de forma tan rápida que el sistema inmunitario no tiene suficiente tiempo para hacer frente al virus con una respuesta inmune eficaz. Un resultado parecido se produce cuando el virus se multiplica en células específicas del sistema inmune y las destruye, como en el caso de la infección por VIH, provocando un debilitamiento del sistema inmunitario.