Vértigo: Diagnóstico

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. María Arriaga (24 de Noviembre de 2014)

A la hora de efectuar un diagnóstico del vértigo, se realizan diversas pruebas para evaluar el funcionamiento del órgano del equilibrio. Es importante estudiar la capacidad auditiva del paciente, ya que el oído y el órgano del equilibrio utilizan el mismo cordón nervioso para trasmitir la información.

Es importante establecer de qué tipo de vértigo se trata para poder elegir el tratamiento adecuado. Para ello es imprescindible considerar de forma pormenorizada los síntomas existentes e incluirlo en una de las cuatro formas características:

  • Vértigo rotatorio agudo (por ejemplo, en el caso de enfermedad de Menière)
  • Vértigo rotatorio prolongado
  • Vértigo posicional
  • Vértigo oscilante

Vértigo rotatorio agudo

El vértigo puede ser clasificado como vértigo rotatorio agudo cuando aparece de forma súbita e intensa y sólo dura segundos o unos pocos minutos. Los afectados experimentan una fuerte sensación de rotación con tendencia a la caída, y en ocasiones también presentan náuseas.

Una de las posibles causas del vértigo es la enfermedad de Menière, un trastorno más bien infrecuente que aparece principalmente entre los 40 y 60 años de edad. Para efectuar un diagnóstico correcto, es muy importante interrogar al paciente: en la mayoría de los casos la enfermedad se manifiesta por medio de un vértigo rotatorio agudo con tendencia a la caída, palidez, sudoración, náuseas, vómitos y movimientos oculares (nistagmo). Además del vértigo, suele aparecer una sensación de presión en un oído, unido a una disminución de la capacidad auditiva y acúfenos (sonidos en el oído).

La enfermedad de Menière aparece cuando el líquido contenido en el oído interno (endolinfa) obstruye el oído interno (laberinto). Como consecuencia de esta acumulación de endolinfa, se desgarran las membranas que separan las diferentes cavidades del oído interno, algo que ocurre con frecuencia y provoca el vértigo. Durante el curso de la enfermedad, pueden producirse caídas repentinas sin motivo concreto. Los causantes de estas caídas son las variaciones de presión que provoca la endolinfa. En la mayoría de casos tiene un pronóstico favorable y las crisis vertiginosas desaparecen de forma espontánea durante los primeros cinco años.

Si en la edad adulta temprana aparecen repetidamente episodios de vértigo rotatorio, a la hora de elaborar un diagnóstico ha de considerarse como primera opción la migraña. En personas mayores, el vértigo se debe con frecuencia a trastornos circulatorios en el cerebro como consecuencia de una arterioesclerosis avanzada. Asimismo, la esclerosis múltiple también puede derivar en ataques de vértigo rotatorio provocados por las lesiones de las vías nerviosas.

Vértigo rotatorio prolongado

Cuando el vértigo tiene una duración de horas o días y va acompañado de tendencia a la caída, movimientos oculares (nistagmo), náuseas y vómitos, el diagnóstico es vértigo rotatorio prolongado. En la mayoría de las ocasiones esta forma de vértigo es debida a una disfunción del órgano del equilibrio. Por regla general esto es consecuencia de una inflamación del nervio vestibular (neuritis vestibular), que provoca una lesión unilateral del órgano del equilibrio. Las molestias suelen remitir en una o dos semanas. Una de las posibles causas de este trastorno es una infección vírica del nervio vestibulars.

En casos más infrecuentes el diagnóstico del vértigo rotatorio prolongado apunta a lesiones de estructuras centrales del cerebro. Los desencadenantes son muy variados y engloban desde fallos de los nervios cerebrales hasta tumores cerebrales, pasando portrastornos circulatorios e inflamaciones. La enfermedad de Menière también puede provocar en casos menos habituales este tipo de vértigo.

Vértigo posicional

Si el vértigo aparece típicamente cuando el paciente inclina la cabeza hacia un lado, se trata de vértigo posicional: este se caracteriza por crisis vertiginosas de corta duración en las que parece que el entorno da vueltas. Suelen presentarse sobre todo al girar en la cama o al ponerse en pie (por ejemplo, al incorporarse de la cama por la mañana). Especialmente durante las primeras semanas, el vértigo puede ir acompañado de náuseas, vómitos, sudoración y miedo. En la mayoría de los casos es el mismo movimiento de la cabeza el desencadenante del mareo, por lo que los afectados desarrollan con el tiempo estrategias para evitar dicho movimiento. No obstante, pueden producirse caídas ocasionalmente.

Si el diagnóstico apunta a una cupulolitiasis (de cúpula y litiasis = formación de cálculos), existe un vértigo posicional benigno. Este aparece porque en el órgano del equilibrio del oído interno se desprenden pequeños cristales de carbonato cálcico u otoconias del ensanchamiento posterior del aparato vestibular (utrículo) y se adhieren a la cúpula del canal posterior. Su peso desemboca en una disfunción del canal posterior, que reacciona con hipersensibilidad a la aceleración angular. Por consiguiente, no es la posición de la cabeza la causante del vértigo, sino un movimiento demasiado rápido de esta hacia el lado afectado. Las otoconias se desprenden por lo común en las personas de edad avanzada, si bien también puede ocurrir independientemente de la edad del paciente a consecuencia de un accidente. Lo habitual es que la enfermedad remita de forma espontánea en un plazo de semanas o meses. Solo en raras ocasiones el vértigo posicional benigno se prolonga durante años.

Si existe la sospecha de que existe un vértigo central (desencadenado en el cerebro), para efectuar el diagnóstico será necesario comprobar si hay daños en la zona del cerebelo causados por tumores, hemorragias, trastornos circulatorios o inflamacionest.

Vértigo oscilante

Un vértigo puede ser diagnosticado como vértigo oscilante cuando cursa con inseguridad al estar de pie o caminar y una elevada tendencia a la caída. Las náuseas y vómitos son más bien infrecuentes. Este tipo de vértigo puede deberse tanto a lesiones de estructuras centrales del cerebro (por ejemplo, epilepsia, intoxicaciones) como a trastornos de otros órganos (por ejemplo, enfermedades cardiovasculares). También el vértigo visual se engloba en esta categoría: un ejemplo de ello es el llamado vértigo optocinético, que se produce cuando un estímulo en movimiento de gran superficie (en pantallas de cine o simuladores de vuelo, por ejemplo) deriva en vértigo oscilante acompañado de vómito.

En la mayoría de los casos el vértigo oscilante aparece como vértigo postural fóbico. Habitualmente surge, en relación con un esfuerzo físico especial, un vértigo repentino y súbito, con aturdimiento e inseguridad al estar de pie o caminar, que en principio dura solo unos segundos. Los pacientes viven estos ataques como algo muy amenazante, por lo que desarrollan una expectativa temerosa de las siguientes crisis (de ahí el nombre vértigo postural fóbico: fobia = miedo patológico). Este tipo de vértigo se desencadena con frecuencia durante situaciones especiales —tales como conducir un automóvil, cruzar un puente, subir escaleras, estar en espacios vacíos o enfrentarse a determinados retos sociales o comunicativos.

En la mayoría de los casos la exploración física no detecta ningún cambio patológico. El diagnóstico, en cambio, suele apuntar a una personalidad compulsiva. El vértigo postural fóbico puede tratarse mediante un tratamiento etiológico, es decir, que atiende a las causas concretas que han provocado el vértigo.