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Varicela

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. Cristina Martín (14 de Mayo de 2012)

© Jupiterimages/iStockphoto

La varicela es una enfermedad vírica muy contagiosa que se transmite sobre todo por las gotitas de saliva que se expulsan al toser, hablar o estornudar (gotitas de Pflügge). También puede transmitirse la infección por contacto del líquido de una ampolla de varicela. Normalmente, suele aparecer de forma progresiva una erupción cutánea que se extiende por todo el cuerpo.

La mayoría de los casos de varicela afecta a los niños de entre 2 y 8 años. El invierno y la primavera suelen ser las estaciones habituales en las que se presenta esta enfermedad. Tras la infección, el agente patógeno de la varicela, el virus varicela zóster, se queda en una especie de estado de letargo en las terminaciones nerviosas del cuerpo y puede reactivarse después de años, en forma de una enfermedad secundaria. En ese caso, el virus puede pavorecer el desarrollo de un herpes zóster (culebrilla).

La varicela se manifiesta, aparte de con los síntomas generales, por una erupción cutánea (exantema) en forma de máculas o manchas y pequeñas vesículas que producen picor. La enfermedad suele durar unos diez días. Si la varicela se presenta en adultos o en personas inmunodeprimidas los síntomas suelen ser más intensos y graves que si la infección afecta a los niños. Además, en el caso de los adultos la situación del paciente puede complicarse y evolucionar en una neumonía o meningitis.

El tratamiento de la varicela se realiza, la mayoría de las veces, de forma sintomática. Los medicamentos y las pomadas que se pautan se usan para aliviar picores, la fiebre o el malestar general que sufren los pacientes. El uso de cremas conlleva un riesgo, ya que cubren la piel sin dejar pasar apenas aire, lo que puede favorecer la consecuente infección por bacterias. No se deben ni rascar las vesículas ni explotar, ya que esto también puede propiciar las infecciones. Por esta razón, se debería cortar las uñas a los niños con varicela.

La varicela puede prevenirse mediante la vacunación. En España se prefiere vacunar de forma sistemática sólo a los adolescentes y de forma selectiva a las personas pertenecientes a grupos de riesgo. Se vacuna a aquellas personas que refieran no haber pasado la enfermedad ni haber sido vacunados con anterioridad. Se suelen administrar dos dosis separadas como mínimo 1 mes.

La Asociación Española de Pediatría, en el último calendario (2014), sigue recomendando vacunar a todos los niños a los 12 a 15 meses.

Aparte de la así llamada vacuna activa, también está disponible el uso de anticuerpos contra el virus, en el caso de contacto con un infectado (llamada vacuna pasiva, inmunoprofilaxis o inoculación de anticuerpos después de una exposición).