Tanorexia (adicción al bronceado)

Autor: Laura Marcos Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (15 de Diciembre de 2016)

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La obsesión por el bronceado se ha convertido en un tipo de adicción que genera dependencia, ansiedad y distorsión de la autoimagen: se trata de la tanorexia o adicción al bronceado. Fuera de control, este trastorno puede traer graves consecuencias, no sólo psicológicas, sino también para la salud de la piel, como quemaduras, manchas, envejecimiento prematuro y, en última instancia, cáncer de piel. Los tanoréxicos toman el sol compulsivamente o acuden con frecuencia a cabinas de rayos UV, sin tener en cuenta los daños que pueden ocasionar a su piel, con el objetivo de sentirse bien y estar más bellos.

La adicción al bronceado, conocida comúnmente como tanorexia, es una condición que se aplica a las personas que presentan una obsesión o necesidad por mantener y aumentar sus niveles de bronceado. La tanorexia se considera un tipo de adicción, puesto que implica la dependencia de una actividad (la exposición a los rayos UV) que puede ser perjudicial para la salud realizada en exceso. La tanorexia lleva asociados determinados síntomas de la piel, como el envejecimiento prematuro o las quemaduras, y algunas patologías más graves, como el cáncer de piel. Además, la tanorexia se engloba dentro de un tipo de trastorno psicológico, la dismorfia corporal, dado que el afectado nunca se ve lo suficientemente moreno, o se cree pálido cuando en realidad no lo está.

El canon de belleza de finales del siglo XX y principios del XXI ha determinado una serie de características físicas deseables, entre ellas el bronceado. Tener la piel bronceada se relaciona con una vida de éxito: estar de vacaciones, viajar, ser bello y tener poder adquisitivo, el que requieren las visitas a las cabinas de bronceado.

Las personas afectadas de tanorexia suelen ser perfiles obsesionados por la estética, con aspiraciones de alcanzar el canon de belleza y con una excesiva preocupación por la imagen. Por ello, la mayoría de las personas que padecen tanorexia son, típicamente, mujeres de entre 17 y 35 años, aunque también hay casos en chicos jóvenes. En muchos casos, suelen presenter otro tipo de adiciones, como la nicotina. Ciertas características en la piel son propias de la tanorexia, como bronceado excesivo, mal aspecto, piel seca y envejecida o manchas. También son frecuentes las quemaduras e, incluso, enfermedades más graves como el cáncer de piel.

La tanorexia tiene su origen en factores socioculturales, como el canon de belleza y el concepto del bronceado como signo de éxito social. Históricamente, el gusto por el bronceado comenzó a pricipios o medidados del siglo XX, especialmente con la regularización de las vacaciones de los trabajadores, y la popularización de prendas como el bikini.

También podría existir un origen bioquímico para la tanorexia. Al igual que ocurre con el abuso de sustancias, los adictos al bronceado buscan las sensaciones que les proporciona tomar el sol porque los rayos UV provocan la segregación de endorfinas (opioides endógenos), hormonas responsables del bienestar. En busca de estas sensaciones, los tanoréxicos desarrollarían un síndrome de abstinencia similar al que sufren las personas drogodependientes.

La biología también podría estar implicada en el desarrollo de la tanorexia. Estudios diversos han identificado un gen, el PTCHD2, presente exclusivamente en los afectados de tanorexia, y no en el resto de la población. Aunque son necesarios más estudios, la presencia de este gen podría explicar el desarrollo de la adicción al sol.

La tanorexia o adicción al bronceado conlleva importantes consecuencias para la salud psicológica y mental, pero se puede tratar y curar gracias al trabajo conjunto de los psicólogos, psiquiatras y dermatólogos. En el plano psicológico, es útil trabajar la autoestima y la auto aceptación, aunque en algunos casos serán necesarios fármacos para controlar la ansiedad.

En cambio, las enfermedades cutáneas asociadas a la tanorexia podrían no tener cura o dejar rastros de por vida en la piel, como el cáncer. Por ello es importante la prevención, especialmente en edades tempranas, antes de la adolescencia. También se recomienda evitar el uso de cabinas de bronceado, usar protección solar, y procurar no tomar el sol durante muchas horas, especialmente de 12 de la mañana a 5 de la tarde.