Sordera (pérdida de audición): Causas

Autor: Redacción Onmeda (3 de Marzo de 2017)

Las causas de la pérdida de audición y la sordera son muy variadas y dependiendo de si se trata de una pérdida de audición conductiva o pérdida de audición neurosensorial, y de si es una afección aguda (repentina) o crónica (progresiva).

Pérdida de audición conductiva

La pérdida de audición conductiva puede deberse a diferentes causas y se produce como consecuencia de una obstrucción del conducto auditivo, que impide que las ondas sonoras lleguen al oído interno, o por daños en las estructuras que transmiten el sonido.

La pérdida de audición puede aparecer de forma aguda debido a:

  • Producción excesiva de cerumen o taponamiento de este al empujarlo hacia atrás durante la higiene del oído, así como entornos laborales donde existe un exceso de polvo
  • Agua que se introduce en el oído después de bañarse o nadar, por ejemplo
  • Inflamación de la piel del conducto auditivo (otitis externa) o inflamación circunscrita originada en los folículos pilosos del canal auditivo (forúnculos). La hinchazón de la piel puede obstruir el conducto.
  • Perforación o desgarro del tímpano, por ejemplo, durante la limpieza del oído o por una bofetada
  • Obstrucción o lesión en la trompa de Eustaquio, una estructura en forma de tubo que une el oído medio y la región nasofaríngea. La función de este órgano es compensar la presión del aire dentro del oído medio.
  • En caso de rinitis, se puede producir un estrechamiento u oclusión completa de la trompa de Eustaquio debido a la inflamación. Ante variaciones bruscas de la presión atmosférica, por ejemplo al viajar en avión, montar en teleférico o bucear, se genera una diferencia de presión entre el oído medio y el conducto auditivo externo que puede desgarrar el tímpano.
  • Lesiones en el oído medio o fractura de cráneo, de modo que se produce una discontinuidad de la cadena osicular (luxación)
  • Otitis media

Existen otra serie de causas que provocan una pérdida de audición conductiva de carácter crónico, por ejemplo, las siguientes:

  • Deficiencias conductivas congénitas, por ejemplo deformidad o ausencia del pabellón auricular (microtia) u obstrucción de los conductos auditivos. También pueden darse malformaciones del oído medio, sobre todo de la cadena osicular.
  • Crecimiento excesivo de tejido óseo en el conducto auditivo (exostosis)
  • Estrechamiento (estenosis) a consecuencia de cicatrices e inflamaciones reiteradas
  • Otitis media crónica
  • Alteraciones del funcionamiento de la trompa de Eustaquio (disfunción tubárica): obstrucción permanente de la trompa de Eustaquio. En los niños, principalmente, esto puede derivar en la acumulación de líquido en el oído medio (otitis media serosa u otitis media mucoide). Si esta afección no remite, se produce una alteración de la mucosa del oído medio (timpanoesclerosis), que conlleva una pérdida de audición considerable.
  • Otosclerosis: en este trastorno se producen alteraciones inflamatorias del hueso que fijan el estribo y lo inmovilizan. De esta manera queda limitada la movilidad de toda la cadena osicular y, por tanto, se restringe la transmisión del sonido.
  • Tumores: los tumores del conducto auditivo y del oído interno pueden ser tanto benignos como malignos, si bien son relativamente infrecuentes.

La pérdida de audición neurosensorial puede aparecer de manera aguda o crónica. La forma aguda se debe a diversas causas, entre otras:

  • Sordera súbita: empeoramiento repentino y habitualmente unilateral de la audición.
  • Ruidos fuertes con un volumen superior a 130 dB
  • Infecciones agudas que afectan también al oído interno, como meningitis, herpes zóster en el oído (herpes zóster ótico), SIDA, paperas, sífilis, toxoplasmosis, borreliosis, sarampión, escarlatina, tífus y fiebre tifoidea.
  • Efectos secuendarios de medicamentos
  • Intoxicaciones agudas o crónicas con sustancias utilizadas en la industria transformadora: anilina, plomo, flúor, monóxido de carbono, mercurio, sulfuro de carbono y nitrobenceno
  • Traumatismos craneales, que también pueden dañar el oído interno aunque el golpe no haya alcanzado de forma directa el oído, al transmitir los huesos craneales la onda expansiva al oído interno (conducción ósea).
  • Fractura craneal: la línea de la fractura puede atravesar todas las estructuras del oído. Si esta afecta al oído interno (fractura transversal de peñasco), se pueden producir pérdida repentina de la audición, vértigo oparálisis del nervio facial.
  • Desgarro de las membranas que separan el oído medio y el oído interno (rotura de la ventana redonda u oval) a consecuencia de intervenciones quirúrgicas, agresiones, ruidos o presión (barotraumatismo)
  • Situaciones de estrés (hipoacusia psicógena)

La pérdida de audición neurosensorial crónica puede estar causada por:

  • Malformaciones anatómicas congénitas (por ej. desarrollo incompleto del caracol) y otros trastornos funcionales
  • Exposición diaria durante varias horas a ruidos de más de 90 dB de forma continuada, por ejemplo en caso de trabajadores metalúrgicos, operarios de excavadoras, obreros o pinchadiscos sin la protección acústica adecuada
  • Diversos procesos de envejecimiento entre los 50 y 60 años de edad: en primer lugar se dejan de oír las frecuencias más altas, de modo que ya no se escucha, por ejemplo, el canto de los grillos. Aumenta la dificultad para escuchar conversaciones, sobre todo en presencia de ruidos de fondo intensos (efecto “escucho pero no entiendo lo que me dicen”).
  • Enfermedades como trastornos renales y de la tiroides, diabetes mellitus, alteraciones en los vasos sanguíneos (arteriosclerosis), así como una serie de patologías autoinmunes
  • Neurinoma del acústico, un tumor benigno que crece lentamente en el nervio auditivo o del equilibrio
  • Aumento de la presión y consecuente deterioro de las células sensoriales en el oído interno (enfermedad de Menière)
  • Pérdida de audición debida a anticuerpos autoinmunes: esta se describió por primera vez en 1979 y se presenta tanto aislada como en síndromes (por ejemplo, lupus eritematoso sistémico).
  • Trastornos auditivos cuyo origen se encuentra en estructuras cerebrales (trastornos auditivos centrales): en la mayoría de las ocasiones se dan simultáneamente otras alteraciones del sistema nervioso.