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Síndrome de burnout (desgaste profesional)

Autor: Redacción Onmeda (23 de Agosto de 2016)

© iStock

La respuesta al estrés laboral crónico se denomina síndrome de burnout (estar quemado), un conjunto de síntomas propios de las personas con desgaste emocional producido por el trabajo. Suele ser más frecuente en profesiones que impliquen el cuidado directo de otras personas, como la docencia y la medicina.

Definido por primera vez en los años 70, el síndorme de burnout o desgaste profesional escribe a las personas que relegan sus necesidades emocionales a un segundo plano en favor de las personas con las que trabajan, o por las que trabajan (profesores, médicos, enfermeros). Como resultado, se producen determinados síntomas emocionales y físicos que pueden comprometer la salud.


Cualquier persona puede desarrollar este síndrome independientemente del trabajo que ejerza, por ejemplo, a causa de cargas familiares. El síndrome de burnout no surge de manera repentina, sino que suele desarrollarse durante un periodo de tiempo largo. Las personas con una alta motivación y compromiso iniciales se resignan poco a poco y se retraen cada vez más socialmente. Más adelante aparecen molestias físicas como cefaleas, cansancio, trastornos del sueño, problemas gastrointestinales o signos de depresión.

Las causas del síndrome de burnout son múltiples y pueden variar considerablemente. Por lo general, las cargas intensas de diversa índole o el estrés continuado, ya sea laboral o familiar, desempeñan un papel en su aparición, especialmente cuando al mismo tiempo el trabajo del individuo no se ve reconocido, o no en suficiente medida, o el paciente supera el estrés de manera desfavorable para sí mismo. Las personas que padecen el síndrome de burnout no se preocupan lo bastante por concederse fases de calma y relajación, y reprimen durante mucho tiempo las señales de alarma de su cuerpo.


A la hora de tratar este síndrome es clave que los pacientes reconozcan que precisan ayuda y la acepten. A largo plazo es imprescindible que modifiquen los patrones de conducta y hábitos que han seguido hasta entonces y otorguen importancia a un estilo de vida saludable. Los pacientes han de aprender a identificar y atender sus propias necesidades, y lograr un equilibrio entre la rutina laboral y la relajación. Las personas que buscan ayuda a tiempo y colaboran activamente en el tratamiento cuentan con buenas perspectivas de mejora.