Sífilis (lúes): Sífilis cuaternaria (neurosífilis)

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. María Fernanda Pedrero (19 de Marzo de 2012)

La mitad de los casos la neurosífilis (sífilis cuaternaria) se manifiesta de forma asintomática, esto es, sin síntomas reconocibles. No obstante, el líquido cefalorraquídeo contiene elevados valores de albúmina patológicos y muchas células. La neurosífilis sintomática empieza con la inflamación de las meninges, lo que provoca trastornos de la vista con visión doble. Si la enfermedad no se trata, con el paso de los años se desarrolla una sífilis que afecta a las meninges y a los vasos sanguíneos (sífilis meningovascular), la denominada forma parenquimatosa. Entonces se deteriora el tejido cerebral y se produce una pérdida de la memoria, dolores de cabeza, insomnio, accidentes de la musculatura facial, parálisis de los brazos y/o de las piernas, parálisis de medio cuerpo, limitación de las capacidades intelectuales (demencia) y trastornos de la percepción. Al mismo tiempo pueden producirse estados maniacodepresivos con alucinaciones. En esta fase la evolución de la enfermedad es muy rápida.

Al cabo de 25 o 30 años, como estadio final, aparece el denominado tabes dorsal con la destrucción de las vainas, las raíces y los ganglios nerviosos. Este estadio se caracteriza por el trastorno de la sensación térmica y de dolor. También pueden producirse trastornos de la marcha, movimientos nerviosos, pérdida de los reflejos, impotencia e incontinencia urinaria y fecal. Una complicación típica es la Malum perforans pedis, una úlcera que aparece en la planta del pie. Dado que los daños nerviosos no permiten que las personas afectadas sientan los pies, la úlcera pasa inadvertida durante mucho tiempo. Una peculiaridad es la denominada pupila de Argyll-Robertson. La pupila es pequeña e irregular, y no reacciona a la luz, sino al estímulo de vista aguda (acomodación).