Sarcoma de Ewing

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (23 de Enero de 2013)

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El sarcoma de Ewing es un cáncer óseo que afecta a niños y adolescentes, momento en el que el crecimiento del hueso es más rápido. Está considerado como una enfermedad rara. Suele aparecer en los huesos largos de brazos y piernas, en la pelvis y en el tórax.

Hay que distinguir bien entre el cáncer de esqueleto y el sarcoma, pues cada uno tiene un tratamiento bien diferenciado. El cáncer que afecta al esqueleto es, a menudo, producto de una metástasis de otro tipo de tumores malignos alojados en distintas partes del cuerpo. Sin embargo, el sarcoma es un cáncer que nace en el propio hueso.

El sarcoma de Ewing se desarrolla en los huesos o, más infrecuentemente, en tejidos blandos circundantes; en ese caso se denomina sarcoma de Ewing extraesquelético.

Hasta el momento, no se conoce la causa que lo origina, pero con técnicas muy especializadas es posible detectar algunas alteraciones cromosómicas en los afectados, propias de la enfermedad. Así, hay una reorganización en los cromosomas 11 y 22, que altera algunos genes, provocando la enfermedad. Aun así, no es hereditario.

Los síntomas que pueden alertar de que el niño padece un sarcoma de Ewing son algo inespecíficos: dolor e hinchazón en la zona del tumor y fiebre (de hecho, la fiebre puede confundir el diagnóstico con osteomielitis, una infección ósea). En otros casos, el afectado se rompe un brazo o una pierna, tras un traumatismo leve que no justifica ese resultado, lo que viene a indicar que el hueso está ya muy debilitado por el sarcoma, lo que ha provocado la rotura.

Es muy importante diagnosticar correctamente el sarcoma de Ewing sin ningún tipo de margen de error, ya que el tratamiento de este cáncer es distinto al de otros tumores malignos. Para detectar el sarcoma de Ewing puede hacerse una radiografía, una biopsia del tumor, una tomografía computarizada (TAC) o una resonancia magnética. Además, el análisis del material genético del afectado puede confirmar la enfermedad. En la mayoría de los casos, el sarcoma de Ewing se detecta antes de los 20 años.

Mientras que en otro tipo de tumores malignos la primera medida terapéutica es la extirpación del tumor, en el sarcoma de Ewing no sucede así. Es prioritario aplicar cuanto antes un tratamiento de quimioterapia. De hecho, la cirugía no es necesaria en un alto porcentaje de casos, y es sustituida por la radioterapia.

La quimioterapia actúa evitando que el tumor se disemine por otras partes del cuerpo, lo que eleva mucho las tasas de supervivencia. Así, se estima que tras la aplicación de la quimioterapia, la posibilidad de curación de los afectados por sarcoma de Ewing puede llegar hasta el 90%, si en el momento del diagnóstico el tumor no se había ramificado.

La quimioterpia ayuda también a elevar las posibilidades de supervivencia a largo plazo de los afectados por sarcoma de Ewing. En uno de cada cuatro casos hay metástasis en el momento del diagnóstico, pero en el sarcoma de Ewing, aun en este estadio tan avanzado de la enfermedad, sigue habiendo un 30% de posibilidades de curación.

Aunque en la mayoría de los sarcomas las recaídas ocurren en los años inmediatamente a continuación de la detección del cáncer, en el sarcoma de Ewing puede haber recidivas hasta 3 o 4 años después, o incluso más, por lo que el paciente debe seguir controles de por vida.

No hay forma de prevenir la enfermedad, aunque para que su evolución sea la mejor, se aconseja acudir a profesionales médicos especialistas en sarcomas para que puedan dirigir un tratamiento lo más exacto y precoz posible.

La incidencia actual del sarcoma de Ewing es de 2 niños por cada millón al año. La enfermedad es diez veces más frecuente entre la población infantil de raza blanca que en la negra o asiática.