Melanoma

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (16 de Junio de 2016)

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Un melanoma es un tipo de tumor que se localiza en la piel y suele ser de naturaleza maligna. Este tumor cutáneo se origina en las células pigmentarias de la piel (melanocitos). Con frecuencia se asemeja a un lunar de tonalidad muy oscura. El melanoma es el tipo de cáncer de piel más peligroso.

Existen cuatro tipos de melanoma, que difieren en cuanto a su apariencia:

  1. Melanoma de extensión superficial: este tipo frecuente de melanoma se manifiesta en la superficie de la piel como una mácula plana y de forma irregular, que puede adquirir una tonalidad negra, gris, azul, marrón o blanca. En ocasiones años después de la aparición de este tipo de melanoma se desarrolla una alteración cutánea a modo de nódulo, que puede presentar un borde ligeramente elevado y tiene tendencia a crecer en altura.
  2. Melanoma nodular: esta lesión tiene una superficie semiesférica que se eleva sobre la piel y un color marrón-grisáceo o negro-azulado-rojizo.
  3. Melanoma lentigo maligno: aparece con mayor frecuencia en personas de edad avanzada y afecta típicamente a la cara. Se inicia como una lesión maculosa plana y posteriormente nodular de color marrón (en ocasiones con manchas negras) y límites imprecisos.
  4. Melanoma lentiginoso acral: este tipo de melanoma, menos frecuente en Europa, aparece en la palma de las manos, la planta de los pies y el lecho de las uñas. En su estadio tempano forma lesiones hiperpigmentadas marrones o negruzcas-marronáceas, que más adelante pueden producir secreción o sangrado.

Existe una quinta forma de melanoma con una incidencia muy baja que recibe el nombre de melanoma amelanótico. Este se caracteriza por no desarrollar pigmentación y resulta, por tanto, muy difícil de diagnosticar.

El melanoma tiene diversas causas. Los factores de riesgo de mayor relevancia para su aparición son los siguientes:

  • Un fototipo claro.
  • La exposición excesiva a la radiación solar o la radiación UV, y en especial un historial de quemaduras solares repetidas durante la infancia.
  • Antecedentes familiares (es decir, presencia de otros casos de melanoma en la familia).
  • Un sistema inmunitario debilitado (por ejemplo, a causa de infecciones como el VIH o por tratamientos con medicamentos).
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Melanoma

El melanoma aparece en la mayoría de los casos en la piel. Sin embargo, en ocasiones también puede afectar al ojo o a las mucosas. Al margen de las alteraciones cutáneas, el melanoma no suele presentar síntomas durante largo tiempo. Las posibles manifestaciones de un tumor de este tipo son: picor y sangrado de los nevus melanocíticos, una coloración oscura y/o el desprendimiento repentino de una uña.

Aquellos lunares que aumentan de tamaño, cambian de color, pican, se lesionan con facilidad y sangran con rapidez, o poseen bordes irregulares pueden indicar la presencia de un melanoma. En dichos casos es recomendable acudir al dermatólogo cuanto antes para que los valore, ya que el pronóstico de los melanomas detectados y tratados a tiempo es bueno. Por consiguiente resulta conveniente que las personas con un riesgo elevado de padecer melanoma acudan anualmente a un reconocimiento.

Si se descubre un melanoma, el primer paso del tratamiento consiste en su extirpación quirúrgica. A continuación las medidas terapéuticas se establecen en función del estadio de la enfermedad.

Una exposición excesiva al sol es uno de los factores de riesgo más importantes de melanoma. Una exposición solar responsable es la primera medida para prevenir el cáncer de piel