Mastitis puerperal

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. Cristina Martín (19 de Marzo de 2014)

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La mastitis es una inflamación de la glándula mamaria. Puede aparecer durante la lactancia como mastitis puerperal o en cualquier otro momento como mastitis no puerperal.

La causa de la inflamación de la glándula mamaria durante la lactancia se debe, en el 95% de los casos, a la bacteria Staphylococcus aureus, que puede penetrar fácilmente en el pecho durante la lactancia a través de las grietas que se producen en el pezón.

Durante las primeras semanas tras el parto, la fiebre puede ser un síntoma de mastitis. En el caso de una inflamación de la glándula mamaria, la mama afectada presenta un aspecto enrojecido, se encuentra más caliente de lo normal y, a menudo, se endurece. Las mujeres afectadas experimentan dolor y la mama se percibe tensa. En la mayoría de los casos la inflamación solo afecta a uno de los senos.

Si se produce una inflamación de la mama, el seno debe mantenerse inmóvil mediante, por ejemplo, un buen sujetador. La leche puede extraerse con un sacaleches. Al mismo tiempo se puede reducir la producción de leche mediante medicamentos, que inhiben la secreción de la hormona de que estimula la producción de leche, la prolactina. En los casos graves y cuando los demás tratamientos no actúan de forma eficaz, es necesario recurrir a un tratamiento con antibióticos.

En el caso de una mastitis leve se puede continuar normalmente con la lactancia materna. Con todo, desde el primer hasta el segundo día se recomienda prescindir de ella. Dado que la inflamación provoca dolor en el seno afectado, a veces no es posible amamantar con ese seno.

Si la mastitis se trata de forma adecuada, se cura rápidamente. Una buena higiene del seno durante la lactancia materna puede contribuir a prevenir la infección e inflamación de la glándula mamaria. En este sentido, es especialmente importante vaciar completamente el seno para que no se acumule leche. Un buen cuidado dermatológico previene que en la piel se formen grietas que son justamente los lugares por donde pueden penetrar las bacterias.