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Lupus eritematoso sistémico (LES): Evolución

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Christian Gil (19 de Marzo de 2014)

El lupus eritematoso sistémico tiene un curso crónico que se prolonga durante años y sobre el que se puede influir positivamente mediante el inicio temprano de un tratamiento. A pesar de que la curación completa de las enfermedades autoinmunes no es posible, sí existen diversos tratamientos paliativos eficaces.

Es por ello por lo que el LES tiene hoy en día un pronóstico más favorable: la esperanza de vida de los afectados ha mejorado tanto en las últimas décadas que más del 90% sobreviven diez años después de efectuarse el diagnóstico de la enfermedad (en la década de 1960 esta cifra era de tan solo el 20-30%). Esto se debe principalmente a la mayor efectividad de los medicamentos y a la asistencia médica más estrecha.

El lupus eritematoso sistémico puede derivar en diversas complicaciones. Entre las más graves, que en ocasiones suponen un riesgo para la vida del paciente, se encuentran la afectación de los riñones, del sistema nervioso central (SNC: formado por el cerebro y la médula espinal) y de otros órganos. La primera provoca en algunos casos enfermedades renales crónicas que requieren diálisis. En determinadas circunstancias el compromiso renal causa insuficiencia renal o daños en los riñones. Dado que el tratamiento del LES se dirige principalmente a inhibir el sistema inmune, las infecciones y los tumores son posibles complicaciones de la terapia. Las infecciones graves son una de las causas más habituales de muerte entre los pacientes con lupus eritematoso sistémico.

Síndrome antifosfolipídico

El lupus eritematoso sistémico no presenta siempre el curso típico, sino que se conocen diversas evoluciones de esta enfermedad de tejido conjuntivo.

Entre las formas especiales del lupus eritematoso se encuentra el síndrome antifosfolipídico, caracterizado por la formación de los llamados anticuerpos antifosfolipídicos, autoanticuerpos que atacan componentes de la membrana celular (por ejemplo, anticuerpos anticardiolipina). Estos activan la hemostasia y provocan así trombosis, embolias y oclusiones arteriales. Los pacientes que poseen estos anticuerpos y han sufrido un episodio tromboembólico (por ejemplo, una embolia pulmonar), suelen requerir fármacos inhibidores de la hemostasia de por vida.

El lupus eritematoso sistémico puede ir acompañado de una producción frecuente de anticuerpos antifosfolipídicos; esto se conoce como síndrome antifosfolipídico secundario. En algunas personas se observan anticuerpos antifosfolipídicos en sangre y episodios tromboembólicos sin que muestren otros síntomas del lupus eritematoso sistémico. En tales casos se habla de síndrome antifosfolipídico primario.

Las mujeres que padecen este último tipo sufren con frecuencia abortos provocados por trombosis placentaria habitualmente a partir del tercer mes de embarazo. Un tratamiento con inyecciones de heparina ayuda a estas mujeres a llevar a término un embarazo.

Lupus eritematoso inducido por medicamentos

Otra de las formas especiales de lupus eritematoso está provocada por medicamentos. Existe una gran variedad de principios activos que lo inducen.

Lo habitual es que dicha forma de lupus eritematoso tenga una evolución más benigna que el sistémico y que afecte solo a la piel, las articulaciones y en algunos casos a la pleura, y desaparezca por sí solo tras la suspensión del medicamento causante.

Lupus eritematoso cutáneo

El lupus eritematoso puede afectar únicamente a la piel, a diferencia del lupus eritematoso sistémico que compromete muchos órganos a lo largo de su evolución. Normalmente el lupus eritematoso cutáneo no presenta los anticuerpos típicos en la sangre. Además de una estricta protección solar y cremas de hidrocortisona, esta variante se trata en la mayoría de los casos con los fármacos antimaláricos.