Enfermedad de Hodgkin (linfoma de Hodgkin): Tratamiento

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (28 de Septiembre de 2016)

El tratamiento para la enfermedad de Hodgkin (linfoma de Hodgkin) busca destruir el tejido afectado y resolver la enfermedad cancerosa. La elección del tratamiento adecuado depende en primer lugar del estadio del linfoma y de cada caso concreto.

A la hora de tratar el linfoma de Hodgkin se puede recurrir a la quimioterapia y la radioterapia. El tratamiento combinado de quimioterapia y radioterapia ofrece altas probabilidades de curación en todos los estadios de la enfermedad. Por otra parte, la inmunoterapia también es una opción de tratamiento del linfoma, que recientemente ha demostrado tener muchos efectos clínicos positivos.

Dado que el linfoma de Hodgkin es una enfermedad sistémica (es decir, que afecta a todo el organismo), no es posible tratarlo mediante cirugía. El tratamiento quirúrgico solo se toma en consideración cuando los linfomas tienen tales dimensiones que dificultan el funcionamiento de estructuras adyacentes como, por ejemplo, la tráquea.

Radioterapia

Rara vez el tratamiento del linfoma de Hodgkin incluye únicamente la radioterapia, lo habitual es que se aplique en combinación con la quimioterapia o posteriormente a esta.

El objetivo de la radioterapia es destruir el tejido tumoral: los rayos X a una determinada dosis provocan daños celulares de los que las células sanas se recuperan con mayor rapidez, ya que disponen de mecanismos de reparación más eficacespero se provoca la muerte de las células tumorales. La planificación de la radioterapia tiene en cuenta los siguientes puntos:

  • Definición del volumen blanco
  • Selección de los campos y la técnica de radiación
  • Determinación de la dosificación y fraccionamiento (división de la radiación en dosis individuales)

Quimioterapia

En el tratamiento de la enfermedad de Hodgkin (linfoma de Hodgkin) lo habitual es incluir la quimioterapia (que será más o menos intensiva en función del estadio de la enfermedad). Por lo general se emplean simultáneamente varios medicamentos combinados entre sí conforme a un esquema concreto. Durante los últimos años se ha logrado perfeccionar continuamente este método terapéutico. Sobre todo gracias a la introducción del protocolo BEACOPP (cuyo nombre deriva de las iniciales de los citostáticos empleados: bleomicina, etopósido, adriamicina, ciclofosfamida, vincristina, procarbacina y prednisona) y al aumento adicional de la dosis de cada uno de los fármacos respecto al esquema de tratamiento más antiguo COPP/ABVD, se ha conseguido aumentar considerablemente la tasa de supervivencia sin tumor.

La quimioterapia se administra a intervalos regulares llamados ciclos.

Durante el tratamiento quimioterapéutico del linfoma de Hodgkin es imprescindible controlar periódicamente el hemograma. Si el recuento de células sanguíneas y plaquetas desciende por debajo de unos valores límite concretos, es recomendable reducir la dosis o prolongar el intervalo de tiempo entre dos ciclos de quimioterapia.

Inmunoterapia

La inmunoterapia busca activar el sistema inmunitario para desenmascarar a las células tumorales, y que puedan ser atacadas y eliminadas por las defensas del cuerpo. En 2016 se aprobó el primer medicamento de inmunoterapia específico para el linfoma de Hodgkin: nivolumab.

La función de los fármacos como nivolumab es interferir en ciertas proteínas de la superficie de las células tumorales, que permiten al cáncer ‘esconderse’ del sistema inmunitario. Al desactivar la función de estas proteínas ‘de camuflaje’, el tumor se hace visible y puede ser atacado por el sistema inmunitario.

Trasplante de médula ósea

A la hora de tratar la enfermedad de Hodgkin (linfoma de Hodgkin) puede tenerse en cuenta alternativamente el trasplante de médula ósea o de células madre cuando la quimioterapia y la radioterapia no tienen suficiente eficacia o cuando el linfoma reaparece con mucha rapidez. El objetivo de este tratamiento es destruir todas las células tumorales mediante una dosis previa y elevada de quimioterapia o radioterapia y a continuación suministrar al organismo células sanas capaces de producir sangre (hemocitoblastos) por medio del trasplante de médula ósea.