Enfermedad de Hodgkin (linfoma de Hodgkin): Evolución

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (28 de Septiembre de 2016)

Pronóstico

El pronóstico de la enfermedad de Hodgkin depende de tipo histológico del linfoma, y de la respuesta al tratamiento. Si no existen factores adversos, la probabilidad de superar la enfermedad es superior al 80%. De lo contrario, en algunos esta enfermedad puede ser mortal.

Complicaciones

La enfermedad de Hodgkin puede provocar diversas complicaciones a consecuencia tanto de la propia enfermedad como del tratamiento.

Las complicaciones provocadas por la enfermedad dependen, principalmente, de las regiones anatómicas afectadas y del modo en que se propaga el linfoma. Según la localización y el tamaño de los linfomas, existe la posibilidad de que constriñan y, por tanto limiten, el funcionamiento de estructuras adyacentes.

La radioterapia o la quimioterapia aplicadas para combatir la enfermedad pueden conllevar efectos secundarios y complicaciones debidos a que el tratamiento no solo destruye las células cancerosas, sino que también daña el tejido sano. Asimismo, la tolerancia del tratamiento desempeña un papel clave en lo que respecta a las reacciones adversas.

La radioterapia puede irritar la piel y provocar a largo plazo caída del pelo en las zonas irradiadas. Otras posibles reacciones incluyen inflamaciones de las mucosas, náuseas, vómitos y cansancio. Entre los efectos tardíos que pueden aparecer tras irradiar la región correspondiente se incluyen carditis, neumonía, hipotiroidismo e infertilidad. Esta última aparece cuando no se protegen lo suficiente los ovarios o los testículos durante la radioterapia o cuando la dosis de radiación es demasiado elevada.

Los efectos secundarios de la quimioterapia aplicada para tratar el linfoma de Hodgkin se deben a que la administración de los fármacos es sistémica (afecta a todo el organismo) y por tanto repercute sobre el cuerpo en su conjunto. Los tejidos en los que se lleva a cabo un recambio celular rápido son los más afectados. Entre estos se incluyen la médula ósea, el tejido linfático, las gónadas, las mucosas y la piel con faneras (pelo y uñas). Con frecuencia los medicamentos suministrados provocan náuseas y vómito. Si la médula ósea, que participa en la producción de sangre, está dañada, se produce un descenso de células sanguíneas acompañado de una disminución de las defensas inmunitarias (y por tanto mayor riesgo de contraer infecciones), palidez, debilidad y fatiga de aparición rápida. La afectación de las gónadas puede provocar infertilidad transitoria o permanente. Los daños de las mucosas, por su parte, conllevan en ocasiones molestias gastrointestinales, así como lesiones en la región bucofaríngea. Entre los efectos adversos se incluyen también caída del cabello y trastornos de cicatrización de la piel.

Uno de los riesgos de la radioterapia y la quimioterapia empleadas para el tratamiento del linfoma de Hodgkin consiste en la aparición de un cáncer secundario, que puede ser leucemia, así como cáncer de pulmón, cáncer de mama o cáncer tiroideo.

Seguimiento

Una vez concluido el tratamiento de la enfermedad de Hodgkin (linfoma de Hodgkin), el seguimiento es fundamental para su evolución a largo plazo. Este consta de revisiones de control durante varios años, que incluyen análisis de sangre (hemograma), exámenes radiológicos del tórax, ecografías, TAC y RMN. El objetivo principal es detectar y tratar cuanto antes una posible reaparición de la enfermedad (recidiva) y daños posteriores.