Enfermedad de Hodgkin (linfoma de Hodgkin): Diagnóstico

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (28 de Septiembre de 2016)

A la hora de diagnosticar la enfermedad de Hodgkin, existen tres factores que desempeñan un papel importante:

  1. Confirmación del diagnóstico mediante una exploración histológica (análisis de tejidos). Es importante diferenciar un linfoma de Hodgkin de un linfoma no Hodgkin.
  2. Estadiaje en base al grado de diseminación del tumor.
  3. Evaluación de las funciones orgánicas para medir el riesgo terapéutico.

Confirmación del diagnóstico

Si existe la sospecha de enfermedad de Hodgkin (linfoma de Hodgkin), se realiza una biopsia de un ganglio inflamado y se analiza histológicamente con el objetivo de confirmar el diagnóstico.

Durante la confirmación del diagnóstico la enfermedad de Hodgkin puede clasificarse en cuatro tipos en función de las células tumorales detectadas, la cantidad de linfocitos y la presencia de tejido conectivo:

El linfoma de Hodgkin predominio linfocítico nodular. Es el más infrecuente, dado que se da en el 5% de los casos. Es una variante poco agresiva, con lo que el paciente puede vivir durante años con la enfermedad, y suele responder bien a los tratamientos.

El linfoma de Hodgkin clásico. Es el tipo más común, y está caracterizado por la presencia de células de gran tamaño con varios núcleos celulares en el ganglio linfático. Puede poner en peligro la vida del paciente. Sus cuatro variantes tienen un tratamiento y evolución similar.

  • Linfoma de Hodgkin esclerosis nodular
  • Linfoma de Hodgkin celularidad mixta.
  • Linfoma de Hodgkin rico en linfocitos.
  • Linfoma de Hodgkin depleción linfocítica.

Estadificación

La estadificación del linfoma de Hodgkin en base al grado de diseminación resulta clave para el diagnóstico. Según la clasificación de Ann Arbor se diferencian 4 estadios representados mediante números romanos. Además cada uno de los estadios se categoriza por medio de la letra A, B, E o S.

La A implica la ausencia de síntomas.La B significa presencia de síntomas como sudoración nocturna, fiebre por encima de los 38 grados Celsius de origen desconocido y pérdida de peso injustificada. La E hace referencia a la presencia del cáncer en un órgano o tejido que no forma parte del sistema linfático. Y, por úlitmo, la S hace referencia al cáncer situado en el bazo (spleen en inglés).

Estadio I:

  • I: el linfoma afecta a una sola región ganglionar
  • IE: hay afectación de una única localización extralinfática

Estadio II:

  • II: el cáncer se encuentra en dos o más regiones ganglionares situadas en un mismo lado del diafragma
  • IIE: hay afectación de una única localización extralinfática junto a una o varias regiones ganglionares situadas en un mismo lado del diafragma; también el bazo puede estar comprometido si hay afectación por debajo del diafragma

Estadio III:

  • III: afectación de regiones ganglionares a ambos lados del diafragma
  • IIIS: compromiso del bazo
  • IIIE: diseminación a una región no linfática
  • IIISE: afectación del bazo y de una región no linfática

Estadio IV:

  • IV: afectación diseminada o localizada de uno o varios tejidos no linfáticos (por ejemplo, pulmones, hígado, y médula ósea) con o sin compromiso ganglionar

De esta forma un paciente con ganglios afectados en el cuello y la ingle, sudoración excesiva, afectación del bazo y un ganglio mediastínico de 12 cm se catalogaría como estadio IIISE

Durante el diagnóstico es necesaria una exploración que incluye la palpación de los ganglios linfáticos, el hígado y el bazo para evaluar su tamaño. Dado que en la faringe también hay tejido linfático, es importante incluir esta zona en el reconocimiento.

Entre las pruebas de diagnóstico por imagen realizadas, se efectúa en primer lugar una ecografía de todas las regiones ganglionares del cuello, tórax y pelvis. Además puede llevarse a cabo un examen radiológico del tórax y una tomografía axial computarizada (TAC). A la hora de analizar el cuello, abdomen, pelvis y pecho, es posible optar por una tomografía por resonancia magnética (TRM) en lugar de una TAC. Asimismo se pueden realizar una analítica estándar en sangre, así como una analítica hepática y renal. También cabe la posibilidad de hacer un análisis en busca de virus u otros agentes patógenos. A partir del estadio II B es recomendable explorar la médula ósea (por medio de una biopsia con sacabocados).

Medición del riesgo terapéutico

En la enfermedad de Hodgkin (linfoma de Hodgkin) es aconsejable evaluar las funciones orgánicas durante el diagnóstico con el fin de determinar el riesgo terapéutico: para tratar el linfoma de Hodgkin se suele recurrir a la radioterapia y a la quimioterapia. La medición previa del riesgo terapéutico resulta importante debido a que ambas terapias conllevan riesgos para determinados órganos como el corazón, los pulmones, la médula ósea, los testículos y los ovarios. Por tanto, con el objetivo de valorar la probabilidad de complicaciones posteriores, es conveniente analizar y documentar las funciones orgánicas antes de comenzar el tratamiento.