Lepra: Lepra lepromatosa

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. Leticia del Olmo (19 de Marzo de 2012)

La forma más grave de la lepra es la lepra lepromatosa. Se produce por una escasa o nula respuesta del sistema inmunológico que hace que las bacterias pueden multiplicarse en el tejido prácticamente sin obstáculos: en la lepra lepromatosa, pueden aparecer hasta mil millones de bacterias por gramo de tejido. Clínicamente, al principio aparecen lesiones cutáneas enrojecidas, sobre todo en la cara, que posteriormente evolucionan a lepromas (nódulos). Además, a menudo las células nerviosas mueren, lo que supone también un considerable riesgo de lesiones para el afectado por falta de sensibilidad: las consecuencias son cicatrices y también mutilaciones. Por otro lado, la lepra lepromatosa puede provocar la pérdida de las cejas.

En el estadio tardío también ataca a órganos internos y huesos. Otros síntomas de la lepra lepromatosa son la atrofia muscular y las parálisis asociadas a la misma. Esta forma grave de lepra provoca en cualquier caso una deformación progresiva, es decir, una mutilación que solo puede curarse con antibióticos. La lepra lepromatosa es muy contagiosa y puede ser mortal.

Lepra tuberculoide

La otra forma extrema de lepra es la lepra tuberculoide (también llamada lepra tuberculosa) que se manifiesta por síntomas limitados a la piel: se producen decoloraciones de la piel en forma de manchas. Además, se produce parálisis debido a un ataque precoz de los nervios. En este caso, el sistema inmunitario del organismo responde impidiendo la reproducción de las bacterias. La lepra tuberculoide normalmente es autolimitada, es decir cura por sí sola. El riesgo de contagio es mucho menor que en la lepra lepromatosa.