Lepra: Historia

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. Leticia del Olmo (19 de Marzo de 2012)

Hay diferentes fuentes históricas que hablan de la lepra. Así, desde hace ya miles de años hay informes de China e India en los que se describe tanto la enfermedad como las normas para tratar a los leprosos. También en la Biblia hay alusiones sobre la lepra, pero los síntomas descritos en la Biblia no coinciden exactamente con los síntomas reales y pueden referirse también a un grupo general de enfermedades cutáneas.

La primera prueba de lepra en el Mediterráneo se halló en esqueletos egipcios del segundo siglo antes de Cristo. Probablemente los soldados de Alejandro Magno trajeron la lepra a la zona del Mediterráneo cuando volvieron de la India entre 327 y 326 a.C. La enfermedad se extendió muy lentamente por todo Occidente, y alcanzó entre el siglo XII y XIII dimensiones epidémicas para ir retrocediendo poco a poco. En Noruega, la lepra alcanzó su pico máximo en el siglo XIX, donde también se descubrió en 1873 el germen patógeno en el tejido cutáneo de personas enfermas. La bacteria responsable de la lepra, la Mycobacterium leprae, se encuentra así entre los agentes patógenos más tempranamente descubiertos y descritos en Medicina.

La llegada de la lepra a España, según la mayoría de los historiadores, se debió a la llegada del pueblo fenicio que provenía geográficamente de lo que hoy son Siria y el Líbano. Debido a la expansión comercial, estos alcanzaon las costas de Andalucí y pudieron extender la lepra por toda la Península Ibérica. El concepto de leproso forma parte del patrimonio de la pobreza y describe el habitual tratamiento social de los afectados: la sociedad aislaba a las personas que padecían lepra. Así, la Iglesia estableció en la Edad Media estrictas reglas de conducta para el tratamiento de los enfermos de lepra: recibían una vestimenta especial con capucha, guantes y un “palmoteador” de madera para llamar la atención sobre sí mismos, porque les estaba también prohibido hablar con las personas sanas. A menudo llevaban consigo un bastón para poder tocar y coger los objetos que querían.

Posteriormente, se alojaba a los enfermos de lepra en las llamadas leproserías situadas fuera de las ciudades, pero a veces también se hallaban en calles bulliciosas para que los enfermos pudieran mendigar. Lo característico de la lepra era que los afectados rara vez morían, sino que eran cada vez más deformes. Aunque estaban aislados en gran medida, la Iglesia comenzó a ocuparse de los leprosos (al contrario de lo que sucedía con la peste),porque en la Biblia se describía la curación de los leprosos en numerosos pasajes.