Intolerancia a la lactosa

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. Belén Giménez (19 de Marzo de 2012)

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La intolerancia a la lactosa se manifiesta cuando el organismo reacciona de forma patológica ante el azúcar de la leche. En estos casos, el cuerpo no puede digerir la glucosa de la leche (lactosa). La intolerancia a la lactosa se conoce también como intolerancia a productos lácteos.

La lactosa es un azúcar doble (disacárido) formado por la unión de dos moléculas, una de galactosa y otra de glucosa. Durante la digestión, el intestino divide la lactosa en sus dos componentes. Las unidades más pequeñas de azúcares, es decir, la galactosa y la glucosa, pasan por el vello intestinal y terminan en la sangre. El cuerpo emplea las moléculas principalmente para la generación de energía.

Para poder dividir la lactosa, el intestino necesita una enzima especial, como si fuera una “herramienta de corte”, denominada lactasa. Cuando existe una deficiencia de la enzima lactasa se padece intolerancia a la lactosa. El tracto gastrointestinal no puede digerir la lactosa. En lugar de a la sangre, la lactosa sin digerir va a parar al intestino grueso. Las bacterias intestinales transforman la lactosa en ácido láctico y gases, y en otros productos metabólicos que pueden irritar la mucosa intestinal.

Las molestias como pesadez, flatulencias, dolor estomacal espasmódico y diarrea después de consumir leche u otros productos lácteos son un indicio de intolerancia a la lactosa. Se estima que casi la mitad de la población mundial padece intolerancia a la lactosa, en un grado más o menos grave. En España la tasa se estima entre el 10% y el 15%. Si padece molestias gastrointestinales no específicas debe considerar que podría ser intolerancia a la lactosa.

Las causas de la intolerancia a la lactosa pueden ser varias: en la mayoría de los casos no es curable. Los afectados deben descubrir mediante pruebas la cantidad de lactosa que pueden tolerar y adaptar su alimentación a ese dato. Por otra parte, la lactasa se produce artificialmente en las comidas. Es aconsejable llevar una dieta sin lactosa o pobre en lactosa para evitar las molestias. Si deja de tomar leche y productos lácteos, debe tener en cuenta que tiene que llevar una alimentación equilibrada. De este modo podrá prevenir la aparición de carencias, tales como la falta de calcio.

Hay que diferenciar entre la intolerancia a la lactosa y la alergia a la lactalbúmina, ya que las molestias que produce pueden ser similares, aunque casi siempre son muy diferentes. La alergia a la lactalbúmina, al contrario que la intolerancia a la lactosa, se debe a una reacción inmunológica del cuerpo.