Insuficiencia renal crónica (enfermedad renal crónica)

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Palestino Abdeljabbar (19 de Marzo de 2012)

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La insuficiencia renal crónica (enfermedad renal crónica) se caracteriza por la pérdida progresiva de la función renal durante un largo periodo de tiempo, que culmina con la incapacidad de los riñones para cumplir su cometido. La adopción temprana de determinadas medidas permite, en la mayoría de los casos, enlentecer este proceso.

Un riñón sano se encarga de depurar el organismo (eliminando los desechos y las partículas extrañas a través de la orina) y de regular el balance hídrico. Así, el riñón limpia y filtra la sangre, que vuelve limpia al torrente sanguíneo después de ser filtradas por las nefronas. A través de la orina, los riñones eliminan los restos no necesarios que llegan al organismo a través de la alimentación. Así, a través de la orina, se eliminan urea, creatinina, calcio, fósforo, ácido úrico... Así, los riñones van a mantener la proporción y el equilibrio exacto de las distintas sustancias que se encuentran en el torrente sanguíneo y que se precisan para hacer las distintas funciones básicas. Por ejemplo, mediante la eliminación de sodio, los riñones consiguen regular la presión arterial. El sistema renal también es clave a la hora de evitar la anemia, ya que los riñones contribuyen decisivamente a la formación de glóbulos rojos, que son necesarios para evitar la anemia. Igualmente, el sistema renal, a través de la regulación hormonal, regula la actividad sexual.
El fallo renal puede estar causado por multitud de desencadenantes. En muchas ocasiones, la insuficiencia renal crónica es consecuencia de una diabetes mellitus o una hipertensión arterial padecidas durante años, la toma excesiva de determinados analgésicos o enfermedades inflamatorias de los riñones. Cuando el riñón no funciona correctamente, pueden aparecer molestias muy diversas: la insuficiencia renal crónica muestra síntomas derivados de la hiperhidratación tales como edema e hipertensión arterial, además de náuseas, vómitos, anemia o disfunción eréctil, entre otros.

La aparición de dichos síntomas, junto con la existencia de una patología de base que pueda propiciar una enfermedad renal, apuntan a una posible insuficiencia renal crónica. Un nivel de creatinina en sangre elevado corrobora la sospecha de una insuficiencia renal crónica. Con el fin de establecer un diagnóstico, se efectúan análisis de orina y sangre para determinar otros valores renales, así como pruebas de imagen (por ejemplo, ecografía o tomografía axial computarizada).

El tratamiento de la insuficiencia renal crónica depende de la enfermedad subyacente y del estadio que haya alcanzado aquella: sin terapia esta patología pasa por cinco estadios con diverso nivel de gravedad. Mientras no se haya perdido por completo la función renal (es decir, hasta que la insuficiencia renal crónica haya alcanzado su estadio final = insuficiencia renal terminal), en la mayoría de los casos es posible enlentecer la pérdida progresiva de la función renal por medio de un tratamiento adecuado y un cambio en los hábitos de vida (entre otros, una alimentación adecuada). Cuando la insuficiencia renal crónica es leve, suele ser suficiente una terapia farmacológica y conservadora. En el último estadio de la enfermedad, por el contrario, se hace necesaria la depuración artificial de la sangre (diálisis) o una trasplante de riñón.