Incontinencia urinaria

Autor: Verónica López Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (29 de Agosto de 2016)

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La incontinencia urinaria (IU) hace referencia a cualquier pérdida involuntaria de orina que pueda afectar de forma considerable a la autoestima del paciente. Su prevalencia es muy alta, afecta a cualquier persona pero se incrementa con la edad y son más propensas a sufrirla las mujeres, de dos a cuatro veces más que los hombres. Se asocia con el envejecimiento, la obesidad, la diabetes, enfermedades neurovasculares o con el embarazo, entre otras causas.

Una vejiga sana puede retener la orina de forma natural. Esta capacidad se denomina continencia. Sin embargo, la continencia no es innata, y se desarrolla en la infancia. Cuando la orina de la vejiga no se puede retener, hay una micción involuntaria. Las posibles razones pueden ser alteraciones orgánicas, infecciones, movilidad restringida, problemas psicológicos importantes como depresiones o algunos fármacos, entre otras. La incontinencia urinaria puede ocurrir tanto en niños como en adultos.

Los dos factores más habituales para la aparición de incontinencia urinaria en la mujer se relacionan con el embarazo y el parto vaginal. Si existe IU durante el embarazo suele predecir el mismo problema durante el posparto y la aparición de incontinencia a los 5 años del parto. La razón por la que el embarazo puede ser un factor de riesgo para la incontinencia urinaria en el posparto se puede explicar por la sobrecarga que supone el útero gestante sobre las estructuras del suelo pélvico y por la disminución del colágeno en el tejido conjuntivo. También es un factor de riesgo el tamaño del bebé al nacer (mayor incidencia cuando el bebé pesa más de 4 kilos).


Aunque la  menopausia se ha asociado en el pasado con la incontinencia urinaria, en la actualidad se cree que no es un factor de riesgo en sí mismo. La diabetes mellitus es otro factor a tener en cuenta para su aparición en la mayoría de las investigaciones, al igual que la restitución estrogénica por vía oral y el índice de masa corporal, es decir, tener sobrepeso u obesidad. También lo puede ser en algunos tipos de incontinencia urinaria la edad avanzada, los antecedentes familiares, el consumo de tabaco y café.

En el hombre, los factores de riesgo que pueden llevar a sufrir incontinencia urinaria se relacionan con la edad avanzada, síntomas de las vías urinarias inferiores, las infecciones, el deterioro funcional y cognitivo, los trastornos neurológicos y la prostatectomía radical.

El tratamiento conservador de primera instancia está orientado a técnicas de modificación conductual sobre hábitos miccionales, la rehabilitación muscular del suelo pélvico o a la modificación de hábitos de vida, como reducir el peso, dejar de fumar, disminuir el consumo de líquidos y cafeína, realizar más ejercicio físico o cambios en la dieta. El tratamiento de la incontinencia urinaria también puede requerir fármacos o un tratamiento quirúrgico, dependiendo del grado de IU y de cada caso.

La incontinencia urinaria no es un síntoma que ponga en peligro la vida del paciente, pero deteriora la calidad de vida de quien la padece, ya que reduce su autoestima, merma su autonomía, puede ocasionar problemas de sueño, depresión o disfunción sexual. Además, los afectados por IU, a menudo se sienten socialmente excluidos. Por lo tanto, la debilidad de la vejiga no es sólo un problema físico molesto, también puede estar asociado con una carga psicológica significativa. 

En este sentido, el uso de productos absorbentes se recomienda para ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas que padecen pérdidas involutarias de orina. Los pañales, las compresas o la ropa interior absorbente, son medidas complementarias al tratamiento que favorecen la autonomía del afectado y pueden tener un efecto positivo sobre su autoestima. Así, el paciente puede sentirse más seguro o tranquilo con el uso de estos productos, cada vez más desarrollados, cómodos y discretos, adaptados a las necesidades de los diferentes tipos de usuarios.