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Ictericia del recién nacido

Autor: Sonia Marques Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (19 de Julio de 2016)

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Seis de cada diez recién nacidos sufren ictericia neonatal. En la mayoría de los casos se trata de una ictericia fisiológica, es decir, normal, y que no conlleva otros riesgos, pero en algunos deriva en ictericia patológica, que sí que puede comportar riesgos graves para el bebé.

La ictericia se produce cuando hay un aumento de los niveles de bilirrubina en sangre que resultan excesivos pues los órganos inmaduros del bebé no son capaces de eliminarla. La bilirrubina se genera cuando los glóbulos rojos se descomponen. Es una sustancia necesaria para el buen funcionamiento del organismo, pero cuya acumulación excesiva en el periodo neonatal puede conlleva algunos problemas al niño.

Hay distintos tipos de ictericia, además de la fisiológica y la patológica. Así, hay una ictericia asociada al prematuro, a la leche materna, otra a la insuficiente ingesta de leche en los primeros días de vida y otra a la incompatibilidad de Rh entre el niño y su madre.

La ictericia comienza por el rostro, que se va poniendo amarillo (incluyendo la esclerótica del ojo), para avanzar luego hacia el tronco y, por último, a las extremidades. Cuando la ictericia va despareciendo, el color amarillento va desapareciendo en sentido inverso a cómo apareció. Habitualmente es suficente con un examen físico para detectar la ictericia neontal, pero en ocasiones para confirmar los niveles, se piden analíticas de sangre y se utiliza otro instrumental.

Dependiendo del tipo de ictericia del que se trate, el niño debe recibir uno u otro tratamiento, aunque el seguimiento ha de ser muy estrecho para vigilar que no haya subidas destacadas de bilirrubina que puedan resultar peligrosas. Habitualmente, la ictericia fisiológica remite por sí sola en una o dos semanas. Cuando los niveles son muy importantes, los niños son sometidos a fototerapia.