Hipertensión arterial: Tratamiento farmacológico

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dr. Tomás Rodelgo (24 de Noviembre de 2014)

Si la hipertensión arterial (tensión alta, presión arterial alta) no se subsana lo suficiente y de manera duradera mediante la adopción de medidas generales como el cambio de alimentación, la pérdida de peso, la reducción del estrés o el ejercicio físico, la terapia farmacológica puede servir de ayuda. Mientras se sigue este tratamiento es necesario medir la presión arterial cada tres o seis meses.

Hay disponibles medicamentos con diversos tipos de sustancias activas para tratar la hipertensión arterial. Cada paciente recibe un tratamiento adaptado a sus requisitos individuales. El reto consiste en emplear los fármacos que sean más efectivos, pero que a la vez tengan buena tolerancia, y que en cada caso sean adecuados para un tratamiento de por vida.

Entre los medicamentos estándar para combatir la hipertensión arterial se encuentran:

  • Fármacos diuréticos: los diuréticos, como por ejemplo, la hidroclorotiazida, hacen que se elimine una mayor cantidad de agua y sales a través de los riñones. Los vasos sanguíneos contienen, por tanto, un menor volumen de líquido y la presión disminuye. Entre los diuréticos se incluyen las tiazidas, los diuréticos de asa, los diuréticos ahorradores de potasio y antagonistas de la aldosterona como la espironolactona.
  • Medicamentos que ralentizan el ritmo cardiaco (betabloqueantes): los betabloqueantes, como el atenolol o el metoprolol, bajan la frecuencia cardiaca, de modo que disminuye la presión arterial. Además, protegen al corazón frente a las hormonas del estrés. En caso de asma o pulso muy lento, debe consultar con su médico y hacer una valoración de los riesgos antes de tomar betabloqueantes.
  • Fármacos que inhiben el efecto de la proteína ECA (inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina, IECA): la ECA participa en la producción de la hormona angiotensina II, que eleva la presión arterial. Si se bloquea su acción, disminuye la presión arterial. En esta categoría se incluyen, entre otros, el ramipril, el enalapril y el captopril.
  • Medicamentos que reducen el efecto del calcio (antagonistas del calcio, bloqueadores de canales de calcio): el calcio provoca un incremento de la tensión de los vasos sanguíneos. Si se bloquean los canales de calcio de los vasos sanguíneos, se produce una vasodilatación. Algunos ejemplos son el verapamilo, el nifedipino y el amlodipino.
  • Fármacos que bloquean los receptores de la hormona vasoconstrictora angiotensina II (ARA II, Antagonistas de los Receptores de la Angiotensina II, antagonistas de los receptores AT1 o “sartanes”), como el valsartán, el candesartán o el losartán.

Además, existen diferentes estrategias terapéuticas para el tratamiento farmacológico de la hipertensión arterial:

  • Tratamiento escalonado: el paciente recibe, en primer lugar, un fármaco antihipertensivo; si el efecto es insuficiente, el médico puede recetar otro medicamento.
  • Tratamiento combinado: desde el inicio de la terapia, se administran determinados preparados combinados en dosis bajas.
  • Monoterapia secuencial: si un medicamento no obtiene el resultado buscado, el médico lo sustituye por otro hasta que se logre una reducción notable de la presión arterial.

Si la presión arterial es muy elevada, hay otras enfermedades concomitantes o existen daños orgánicos, lo cual ocurre en la mayoría de los casos, habitualmente se requiere un tratamiento combinado. Este consiste en la administración simultánea de dos medicamentos antihipertensivos en forma de un determinado preparado y en la menor dosis posible. Si el resultado obtenido es insuficiente a largo plazo, se puede aumentar la dosis o emplear una combinación de tres fármacos (por ejemplo, diuréticos con inhibidores ECA y antagonistas del calcio). Los medicamentos alcanzan su plena efectividad en un plazo de entre dos y seis semanas.